(30 de enero, 2014).- Se han cumplido ya 20 años del surgimiento del EZLN como un movimiento que transformó radicalmente la forma de hacer política en nuestro país. En momentos encantador e irreverente, en ocasiones espectacular, mediático y delirante; el movimiento zapatista encontró la fórmula secreta para llenar de sentido el vacío detestable de la formalidad en la política mexicana. Frente al formalismo “sagrado” y “lúgubre” de la clase política, el EZLN inyectó de metáforas e imágenes fantásticas el terreno de la opinión pública. Son 20 años de eficacia simbólica, de ciber-política y de vigencia en las formas de comunicación.
I.
Esta capacidad del zapatismo para conmover a través de la palabra y la imagen no se debe exclusivamente a su vocero, quien desde el principio erotizó a la sociedad civil al inventar un nuevo lenguaje para convencerla sobre la importancia de la causa indígena, sino sobre todo a la manera tan anacrónica de resistencia que tienen los pueblos indígenas al organizarse comunitariamente en un mundo globalizado como el actual. Por muchos años hemos visto circular en imágenes, discursos, audios o videos, las prácticas cotidianas de organización comunal que los indígenas, de tradición cultural Maya, han promovido como un proyecto alternativo de vida. Se trata de uno de los ejemplos más acabados de cómo un movimiento social puede convertir sus expectativas en una estructura organizativa funcional, útil y eficaz para sus miembros; otorgando en los hechos un nivel de relativa autonomía para ordenar la vida colectiva y gestionar las necesidades básicas de las comunidades pertenecientes, adherentes o simpatizantes al EZLN. Autonomía de facto.
Pero ¿a qué se debe este retorno de dignidad en los pueblos indígenas, que ha hecho del movimiento zapatista un ejemplo de organización social alternativa? ¿Por qué podemos ver en el neozapatismo un proyecto de resistencia cultural y un cambio de orden simbólico? ¿Hasta dónde es posible afirmar que el zapatismo contemporáneo representa en los hechos una transformación en la estética y la comunicación política de la vieja izquierda? Durante estos 20 años se ha escrito mucho para tratar de responder a estas preguntas. Sin embargo, después de 20 años las interrogantes continúa siendo pertinentes si se acepta, sin temor a equivocaciones, que la irrupción del EZLN significó, entre otras cosas, la construcción de un cambio cultural sin precedentes en nuestro país. Se trata del poder de la eficacia simbólica.
II.
En su texto “Vida y muerte de la imagen”, Régis Debray propone la noción de eficacia simbólica para dar cuenta de la historia de la imagen en Occidente bajo la tesis de una especie de crisis de lo que él considera la sociedad del espectáculo. El autor se sirve de la imagen para tratarla como ente mediador, como cuerpo vinculante entre lo sagrado e invisible, entre el mundo sensible y material. Se trata de cierto nivel intermedio que relaciona, que posibilita, que instaura siempre una nueva posibilidad gracia a su poder, a su eficacia mediológica: la de producir sentido. Entre muchas otras cosas, el movimiento zapatista logró mantener el poder de la eficacia simbólica desde el momento en que asumió el anonimato en el rostro con el uso del pasamontañas; cuando instauró un discurso novedoso y fresco de inclusión; cuando colocó en el corazón de su mensaje la voz étnica, la riqueza de la lengua indígena.
Además de haber puesto en el escenario público el problema estructural de las condiciones de marginación en la que se encuentran los pueblos indígenas de México, el zapatismo puso en el centro de la discusión política el tema del racismo y la discriminación como un fenómeno invisibilizado por cientos de años. Como sostuvo Carlos Montemayor durante mucho tiempo de su producción inteleactual, nuestro país se ha caracterizado por propagar una práctica cultural de discriminación etnolingüística: “México es profundamente racista” comentaba en cada foro público. El EZLN, gracias a una suerte de eficacia discursiva, retrató sin elegancia las formas de exclusión y segregación a la que ha sido sometido el mundo rural y campesino, develando el folklore comercial y la política de museo como espacios de acción gubernamental al que los indígenas habían estado expuestos.
III.
Calificado en su momento como un “movimiento posmoderno” o como espectáculo mediático, el ejército zapatista ha sido la primera guerrilla cibernética: usan internet, tienen proyectos de radio comunitaria, producen documentales que reflejan la memoria colectiva y hacen fotografía. Asimismo, es el primer movimiento indígena con una estrategia de comunicación política eficiente que, además de hacer uso de los medios de comunicación masiva, supo comprender las tecnologías de la información como herramientas de acción política.
El punto clave para interpretar este hecho es la generación de un sistema de comunicación efectiva en tres niveles distintos: a) los comunicados político-literarios del Sub-comandante Marcos que han mantenido un vínculo sensible con la sociedad civil; b) el manejo de imágenes y símbolos poderosos en las acciones de resistencia civil organizada: lo mismo han aparecido encapuchados y con rifles de madera al hombro que aventaban aviones de papel al ejército que los hostigaba; lo mismo marchaban hasta adelante las mujeres que se organizaban jerárquicamente para dar paso a la presencia de comandantas dentro de sus filas; y c) el uso de internet como medio para vincularse en red y para el rastreo efectivo de información.
Si pudiéramos decirlo en términos de manejo publicitario de la imagen, podríamos indicar que la estrategia mediática del EZLN ha sido innovadora. Su eficacia simbólica ha consistido en la generación de imágenes que perturban, incomodan o encantan. Símbolos que, debido a su contundencia, afectan de alguna u otra manera la vida pública, sobre todo cuando irritan a la clase política, al gobierno o al poder en turno.
Discursos, imágenes, metáforas visuales, representaciones o palabras, son parte de una estrategia de comunicación política novedosa y simbólicamente eficaz, que le ha dado al movimiento zapatista la oportunidad (intencionalmente planeada o no) de proponer una estética en la izquierda. Así, el EZLN se ha convertido en una expresión social atractiva dentro de los nuevos movimientos globales. Su vigencia se mide en el poder que tienen las comunidades para conmover a una sociedad civil aún aturdida por el exceso del marketin político electoral. O para decirlo de forma simple: la eficacia simbólica del zapatismo es inversamente proporcional a la vieja cultura política que se auto-reproduce con una opción cada vez más débil en nuestro país.


