(San José de Costa Rica, 04 de febrero, 2014).- Con mármol, acabados en oro y lienzos impresionantes, el Teatro de Costa Rica resulta una parada necesaria en la capital de la nación centroamericana. Ubicada en la Plaza de la Cultura, el Teatro ofrece a sus visitantes una sensación de visita al siglo XVIII.
Mientras en la época independentista de Costa Rica, la cultura fue relegada a representaciones al aire libre o en casas privadas en donde los actores fundamentalmente eran la servidumbre, para 1837, el primer lugar destinado para teatro fue abierto en San José, donde con bancas propias los asistentes acudían a las funciones fundamentalmente de carácter religioso.
Para 1846, un edificio de madera con techo de tejas dio alojo a un teatro privado donde el cupo permitía 200 asistentes, sin embargo, fue hasta un año más tarde bajo la presidencia de José María Castro que se pensó en la construcción de un teatro de carácter nacional, idea que fue olvidada al no conseguir el capital necesario y al presentarse la caída del gobierno de Castro Madriz, la idea de un teatro nacional, desapareció por el momento.
En 1850 nacería el Teatro Mora, un edificio con decoraciones parisinas, una sala de la época de Luis XIV y un telón enorme que buscaba representar a Minerva y sus diosas hermanas; es decir, un teatro en forma, el primero en Costa Rica, que cada que daba comienzo una función, los cohetes en el cielo llamaban a los asistentes a acudir a la obra.
Con la caída del presidente Mora Porras, el deterioro de este teatro, llamado después Teatro Municipal, fue evidente, pero no fue hasta la serie de terremotos que acontecieron en Costa Rica en 1888 que el Teatro desapareció.
El crecimiento del interés de los ciudadanos costarricenses, así como la participación de actores internacionales, generaron una presión para la construcción de un Teatro Nacional, que finalmente hasta agosto de 1890, con la creación de la Junta para asistir a la Secretaría de Fomento en la construcción del teatro, se selecciona el lugar para su ubicación y en enero de 1891 se comienza con ella.
Los planos quedaron en manos de la Dirección General de Obras Públicas de la Secretaría de Fomento y en 1895 se contrató a Lorenzo Durini, marmolero italiano para la elaboración de dos escaleras con sus pedestales y balaustradas correspondientes así como basas y capiteles.
El Teatro Nacional es una suma arquitectónica y estética de detalles franceses, italianos y provenientes de Bruselas, sin embargo, cabe destacar que los detalles en madera, fueron no sólo realizados por costarricenses, sino con materiales nacionales que sin contrastar con la estética europea, el recinto se vuelve único.
Un detalle particular, es que el lugar que es ocupado por las butacas, puede ser elevado a nivel del escenario de un momento a otro, es decir, si bien los asientos se encuentran cerca de 80 centímetros por debajo del nivel del escenario, éste puede ser elevado por un sistema mecánico que permite utilizar el espacio para diferentes actividades. Una ingeniería arquitectónica muy peculiar y avanzada para la época de su construcción.
Actualmente el Teatros se encuentra en remodelación, será remodelado en abril próximo al público, quienes en varias ocasiones, pueden encontrarse al presidente o presidenta salir de su palco del que sólo los divide escasos 10 centímetros de los demás asientos.
El Teatro fue inaugurado oficialmente entre acordonamiento de policías debido a la magnitud de presentes, el 21 de octubre de 1897, aquella noche, la Ópera Fausto en 5 actos con letra de Jules Barbier y Michel Carré, y música de Charles Gounod, dio fin a una serie de trabas para lograr su puesta en marcha, del mismo modo, y exitosamente, dio comienzo a la larga lista de obras que hasta la fecha se han presentado en el recinto.








