Fotografía: Purepecha.mx
(06 de febrero, 2014).- La reciente crisis de inseguridad que padece Michoacán ante la ola de asesinatos, secuestros, extorsiones, cobro de piso y desapariciones, ha producido que la población civil haya tomando las armas para defenderse de los embates del crimen organizado.
En suma, por lo menos una treintena de municipios de aquel estado han decidido tomar en sus manos las funciones de la policía para asegurar su integridad y patrimonio, especialmente, cuando arreciaron los embates de El Cártel de los Caballeros Templarios.
No obstante, para los comuneros e indígenas de Cherán, la asunción de la seguridad pública por parte de civiles armados, no puede asimilarse como un fenómeno homogéneo en toda la totalidad del estado hoy convertido en campo de guerra.
La excepción en que confirma la regla, la han marcado las comunidades indígenas de la Meseta Purépecha.
“Somos muchos los que hemos optado por ese camino, o sea, por tomar la seguridad de nuestras propias manos. Pero nosotros como pueblos indígenas, tenemos una tradición ya de muy atrás, de nuestros abuelos, que quizá nosotros ya habíamos dejado y olvidado: la ronda comunitaria”, afirmó en entrevista para Revolución Trespuntocero, Trinidad Ramírez, miembro del Consejo Mayor de dicha comunidad.
¿Dónde radican estas diferencias?
Apacible, cuidadoso en las palabras y notablemente preocupado por lo que sucede en la zona de Tierra Caliente, sin embargo, don Trinidad, también ha recalcado existir una separación entre su movimiento y el que llevan a cabo sus vecinos:
“Nosotros no inventamos este sistema. Nosotros no necesitamos una contingencia para actuar. Nosotros lo único que hicimos fue retomar una tradición que años atrás ya habían puesto en práctica nuestros ancestros. Yo creo que lo que hacen ellos es muy legítimo, pero ellos también tomaron las armas para defender intereses muy particulares.”
En el 2011, cansados de que talamontes –primero al servicio de La Familia Michoacana y después, de los Templarios–, barrieran con el monte que los ha alimentado, calentado y protegido a lo largo de cientos de años, decidieron ponerle un alto a esas organizaciones mediante la asunción de la seguridad municipal.
Antes, también se percataron de que las autoridades no actuaban frente a las amenazas e incluso estaban coludidos con ellos.
Por ese motivo, no desplegaron una lucha extensiva y por ese motivo tampoco aceptaron más la presencia de los partidos políticos; en cambio, abrazaron un sistema político organizado en círculos en cuyo epicentro está la población y la organización colectiva.
“Nuestra lucha es por primordialmente una lucha por el territorio”, afirmó ante el cuestionamiento de si veían viable una alianza entre los dos movimientos. “No sé, nosotros, primero responderemos a nuestro pueblo, que es a quien obedecemos y por eso nos designaron kheris”.
Dicha forma de hacer política, recalcó, también es muy distinta al de la Aguililla, Aquila, Coalcomán, Buena Vista Tomatlán, parte de Apatzingán, Tepalcatepec, Tancítaro, La Huacana, Nuevo Parangaricutíro, Zicuirán, El Chauz, Ixtapita, La Huacana, Nueva Italia y recientemente Gabriel Zamora, por poner algunos ejemplos, donde al contrario, se pide más la presencia del Estado.
Esta separación a su vez, es latente en la reducción de los índices delictivos, pues se ha logrado la reducción de los males que los han aquejado hasta en un 70 por ciento.
De hecho, hizo saber que algunas de sus autoridades, comparten estas experiencias Nurío, Taricuaro, Cherato, Acachuen, Urapicho, Cheranástico, Chilchota y Zracuaretío, donde la influencia de movimientos como el zapatismo y las formas de autogobierno han calado más hondo que en otras regiones.


