Por Ricardo Bernal, Julio Mena, Misael Rojas / @RHashtag
(10 de febrero, 2014).- Durante los últimos dos siglos los apologistas del capitalismo auguraron que, una vez que se generalizara este sistema de producción en todo el orbe, la sociedad llegaría a un nivel de desarrollo capaz de solucionar paulatinamente los enromes problemas que históricamente la han aquejado. Sin embargo, la realidad no se ha cansado de desmentir estas promesas; desde la crisis de 1929 hasta el colapso financiero de 2008, las contradicciones internas del capitalismo han derivado en pobreza, marginalidad, desempleo, hambre y miseria.
Para sobrevivir a estos constantes embates múltiples sectores de la sociedad han creado formas paralelas de organización con el fin de mantener su subsistencia. Al hacerlo han creado una cultura propia -compleja y variopinta como todas las culturas- y un sistema de producción que, si bien no se encuentra en las antípodas del capital, sí lo reencauza para adaptarlo a las necesidades de estos grupos.
Comerciantes informales, vendedores de productos pirata y vagoneros del metro, son sólo algunos ejemplos de este fenómeno. El cual, lejos de ser estigmatizado o criminalizado de inmediato debe ser analizado a profundidad. Así lo manifiesta Jota Izquierdo, artista y parte del proyecto Capitalismo Amarillo, en una entrevista donde habla sobre la criminalización de la informalidad, la función de la piratería y el concepto de Capitalismo Amarillo.


