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Ocupar es recuperar: las victorias del movimiento Occupy

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Erick Ampersand / @AmpersandLitera

(12 de febrero, 2014).- A inicios del 2011, el término “okupa” todavía no era del uso común en el debate público. Lo conocían —y sabían aplicar— diversos grupos en resistencia repartidos por el mundo, destacando esencialmente el de los anarquistas. En diversas regiones, los okupas se distinguían por tomar en propiedad colectiva las construcciones inhabitadas, en desuso, o mal administradas por sus dueños legales. En ellas se lograba gestionar una vida comunitaria, altercapitalista y promover también actividades culturales.

El cambio de la “C” por la “K” en su denominación no responde al error o a la improvisación, sino a un intento deliberado de trastocar los fundamentos semiológicos del idioma, tal como lo analiza Christian Marazzi en su libro: “Capital y lenguaje” (2002).

El movimiento y su denominación atrajeron a los medios masivos a partir de una serie de protestas a nivel global. La primera de ellas ocurrió en España, durante el 15 de mayo, cuando un grupo de manifestantes marchó sobre diversas ciudades del país. En Madrid, alrededor de 150 decidieron, de manera un tanto espontánea, quedarse a acampar por la noche frente a la Puerta del Sol. Se trataba de una clara muestra de indignación ante la dupla político-empresarial y sus medidas antisociales.

Horas después, vendría la represión policial. Pero también el aumento de los inconformes, haciendo que más personas tomaran la plaza pública sin una fecha fija para abandonarla ¿Por qué tendrían que abandonar lo que en sentido estricto les pertenece? ¿Por qué desalojar la calle y no el palacio de gobierno o sacar a los empresarios irresponsables? ¿Por qué no echar al rey?

La acción cobró seguidores en países como Malasia, en donde el movimiento Ocupa Dataran replicó su intención buscando no sólo hacerse escuchar, sino hacerse visibles, hacerse presentes en su desacuerdo con el gobierno y grupos de poder.

Es importante comprender que cuando la gente tomaba las calles estaba recuperando algo más que el espacio. En un sentido más amplio estaba tomando conciencia de su poder público, estaba recuperando la seguridad que los partidos tanto tiempo le había negado. Nada discapacita más a la ciudadanía que los partidos políticos y su mecanismo piramidal de decisiones.

Visto en términos generales, el poder de la concentración pública como “Occupy” es destacable por tres elementos:

—Se reafirma la propiedad pública frente a la propiedad privada, misma que es esencial para el sistema capitalista.

—Se rompe con el estado de individualismo excesivo que promueve la cultura del capital.

—Se gesta un nuevo ente que está más allá de la suma de sus individuos; un estado de conciencia que sólo puede nacer de la coexistencia grupal.

El sentir popular llegó a otras latitudes. El 17 de septiembre de 2011, menos de una semana después de organizarse el ceremonial sobre el simulacro de los diez años desde el 11 de septiembre, cientos de personas ocuparon el parque Zuccotti y organizaron en él servicios gratuitos de biblioteca, cocina, comité de bienvenida, servicios médicos, apoyo legal y psicológico, crearon grupos de discusión, de mediación ante conflictos, un diario -The Occupied Wall Street Journal-, mesas de información y traductores encargados de compartir la información más reciente.

Entre los participantes estaba Greg Ruggiero, quien años atrás había participado en diversos movimientos antisistémicos desde Sudáfrica hasta Chicago, pasando por Chiapas y Seattle. Ruggiero solía repartir panfletos en contra de la primera guerra del Golfo durante los años 90. En compañía de Stuart Sahulka formó la Open Magazine Pamphlet Series por aquella época y sintiéndose alentado por una sensación similar, decidió lanzar en 2012 el texto: “Ocuppy” de Noam Chomsky como título número 1 de la Zuccotty Park Press, organización que trabaja en conjunto con Adelante Alliance.

El texto ahora está disponible en una decena de idiomas. Javier Fernández de Castro lo tradujo al castellano para la editorial Tendencias -distribuida en México por el grupo Urano- y se imprimió ahora en formato libro bajo el título de Ocupar Wall Street. Indignados en el epicentro del capitalismo mundial. Se trata, como ya dije, de aquél panfleto original más tres conferencias y una entrevista con el autor. Complementan al volumen una presentación editorial escrita por el propio Ruggiero y una importante lista con recomendaciones legales para los manifestantes y ocupantes, escrita en conjunto por los miembros del Gremio Nacional de Abogados. Algo similar, aunque con otro formato, a lo que hizo en México el equipo de Artículo 19: http://www.article19.org/resources.php/resource/37406/es/consejos-rpidos-de-proteccin-para-marchas-y-protestas No puedo dejar de resaltar el trabajo visual de Stanley Rogouski.

Uno de los hilos conductores del libro es la represión que han padecido los miembros de Occupy Wall Street. Ésta ha sido brutal en todos los sentidos aplicables. Sin embargo, Chomsky ve en esto un signo inequívoco de que el movimiento no sólo está desestabilizando el sentir de la clase opulenta —lo cual ya es en sí mismo un gran logro— sino que ha logrado dos victorias más: colocar en el centro de la discusión temas como el de la disparidad (#WeAreThe99%) y crear nuevas dinámicas de organización comunitaria. Para él, este movimiento es la respuesta a los más de 30 años de explotación económica que el capital financiero lleva desarrollando. No es menos llamativo que se dé justo en el corazón del sistema.

Para cuando el libro fue impreso —es decir, a finales de 2012— 6705 personas habían sido arrestadas por apoyar al movimiento. A esas 6705 personas que optaron por recuperar lo que es suyo, lo que ningún político tiene derecho a quitarles, a todos ellos es quienes está dedicado el libro.

Ningún gobierno, por democrático que finja ser, tiene el derecho de expulsar a las personas de los espacios públicos. La plaza pública es el lugar de organización social por excelencia, es ahí en donde ahora se conjugan las voces decisivas, no en los palacios ni la oficinas empresariales. Alzar la voz en contra de las medidas antisociales no es ningún delito y es necesario que más personas lo tengan claro.

Lo que sí es un delito es criminalizar la protesta social; enjuiciar a 7730 personas de septiembre de 2011 a abril de 2013 simplemente por  exigir mejores condiciones de vida; trazar una trampa para más de 700 personas en el Puente de Brooklyn o detener a Torey Van Oot simplemente porque dejaba caer pétalos de rosas en el piso del Capitolio.

Nunca es más evidente la debilidad del Estado que cuando reprime. Al golpear a los ciudadanos que le dan sustento, en realidad se está jugando su última carta. Basta que la gente recupere su fuerza para que la partida termine.

 

erick.ampersand@gmail.com

 

Ocupar Wall Street. Indignados en el epicentro del capitalismo mundial

Noam Chomsky Tr. Javier Fernández de Castro

Editorial Tendencias

España, 2012

140 páginas

 

*Agradezco a Diana Barreiro y al grupo Urano por las facilidades otorgadas para la realización de este artículo.

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