Erick Ampersand / @AmpersandLitera
Fotografía: Thierry Ehrmann
(19 de febrero, 2014).- París es la ciudad del mundo en donde la sexualidad y la sabiduría mejor se entrelazan. Así es cómo lo dicta el cliché y así es también cómo lo desmiente la realidad: la mayoría de los consumidores de artículos y actividades sexuales en la región ni siquiera son parisinos: se trata de inmigrantes del norte de África que cuentan con bajos niveles de estudios e igual calidad de vida.
Puede que los bebés vengan de París pero los amantes vienen de Argelia.
Esto nos recuerda que una característica de los imaginarios es la de poner su objetividad más allá de toda prueba o evidencia. De entre todos, quizá los de tipo sexual sean los más difíciles de explicar. Ya no digamos de entender.
Más allá de lo anecdótico y por encima de la imaginaria erotización parisina, este asunto nos propone una serie de preguntas esenciales: ¿qué hay a mitad del camino entre estas dos visiones, la de la estadística y la del idílico deseo? ¿Cómo se va del hecho en sí mismo a la fantasía sexual y, a su vez, de ésta a la identidad global? ¿Qué papel juega el sexo a la hora de conceptualizar a los grupos humanos?
Sigamos en París, sigamos hablando del sexo: es el 2 de junio de 1984 y estamos en la calle de Vaugirard, en el número 295. En este lugar se construyó hace algunos años un conjunto de apartamentos lujosos. El del octavo piso es especial: en su terraza vemos al viento sacudir una planta de mariguana y algunas petunias. Adentro, en la cocina, su dueño yace inconsciente sobre el piso: se trata del filósofo francés Michel Foucault.
Su compañero sentimental, el activista político y sociólogo Daniel Defert se comunicará tiempo después con el hermano del pensador, el eminente cirujano Denys Foucault. Éste último intentará hacerse cargo de la situación. Lleva años sin conversar con Michel y sabe muy poco de su vida, más allá de lo que lee en las noticias o en revistas especializadas, como aquella edición de Lire en donde lo colocaban como el tercer pensador francés más influyente del año (1981), luego de Claude Lévi-Strauss y Raymond Aron.
En realidad, casi nadie conoce el mundo interior del filósofo. El autor de Vigilar y castigar es particularmente precavido con lo que comparte de su intimidad, con lo que ofrece a la mirada pública. Son apenas unos pocos los que están enterados de un posible cáncer en su cráneo y, aún menos, los que conciben al virus del SIDA creciendo silencioso.
En el contexto en el que estamos, la simple mención del virus evoca toda clase de especulaciones y temores. Aún no posible saber si el propio Foucault fue consciente de su enfermedad antes de morir. Versiones como la de su amigo Hervé Guibert apuntarían a que sí. Por lo menos de un modo aproximado.
Actuando bajo la hipótesis de que se trata de una afectación en la zona cerebral, Denys Foucault hace lo necesario para trasladar a su hermano al Hospital de la Pitié-Salpêtrière, especializado en problemas mentales.
Por paradójico que sea, es justo ahí donde Michel Foucault realizó sus primeras exploraciones directas sobre la psiquiatría, la clínica, la reclusión y la locura. Todos estos, temas de primordial importancia en sus obras. En Historia de la locura (1961) mencionará a dicha institución en 44 ocasiones, y en El nacimiento de la clínica (1963) cuatro más.
Los medios no se enterarán de la hospitalización de Foucault sino hasta el 21 de junio. Confiando en que el cáncer es el enemigo a vencer, y viendo que los resultados son positivos, el doctor Sauron, jefe de cuidados intensivos, comunicará a los periodistas y familiares que la situación es favorable.
Esto sembrará esperanzas entre los jóvenes que desde aquel mítico mayo del 68 han seguido las discusiones de Foucault con especial atención, ya sea en las aulas del Colegio de Francia o en la movilización ciudadana. Sin embargo, los amigos y colegas más cercanos no serán tan optimistas. No entenderán porqué nadie les permite ver siquiera unos segundos al historiador.
Tres días después, el 25 de junio de 1984, fallece. La familia hace todo lo posible para que su madre y la hermana del pensador no escuchen una sola palabra del SIDA. Los medios de la época no saben cómo tratar el asunto, hablan de muerte por “cáncer del siglo”, “mal de los homosexuales” o de “epidemia africana”. Es difícil para ellos establecer una linea que conecte a uno de los hombres más sabios de París con una enfermedad tenida hasta entonces como propia de las sexualidades más oscuras.
Antes de morir, Foucault pide que todo lo que ha dejado como borrador o prolegómenos a una obra que ya no podrá terminar sea destruido. Para él, estos textos son “un hueso total” y aún faltaría tallarlos lo suficiente para “convertirlos en agujas”. Durante una primera etapa, Daniel Defert cumple con esa enmienda. Sin embargo, conversaciones con amigos y otros investigadores lo harán cambiar de opinión de manera gradual. La decisión definitiva llegaría tiempo después, al enterarse de que muchos amigos del fallecido también tienen llaves del apartamento y que, a sus espaldas, ha crecido un “mercado negro foucaltiano”.
En octubre de 2013, Defert opta por vender el archivo a la Biblioteca Nacional de Francia. Se trata de más de 37,000 páginas repartidas en 90 cajas entre las que se encuentra el tomo número cuatro de Historia de la sexualidad. Por todo ello, no consideraría exagerado aventurar un nuevo gran acercamiento a la obra de Michel Foucault en los años que están por venir.
A contracorriente de quienes dan por finalizada la exploración sobre éste filósofo, creo que aún resta mucho por descubrir. Ningún knock-out es pertinente todavía. Recordemos que diez años después de su muerte, cuando se daba por finada la exégesis de su obra, vino la publicación de los tomos Dits et écrit que lo reubicó entre los autores más discutidos, haciendo de su bibliografía la más citada en investigaciones sociales a nivel mundial durante 2007.
Dos editoriales han trazado la vanguardia en este sentido: Siglo XXI y Sexto Piso.
Siglo XXI editores comenzó a publicar desde la década de los 60 los primeros títulos de Foucault en América Latina y, a partir de 2009, también una selección de escritos hasta ahora inconseguibles en nuestra lengua. Gracias a la traducción de Horacio Pons sobre fragmentos de Dits et écrit y otros materiales, hoy es posible acceder a “Una lectura de Kant”, tesis complementaria con la que Foucault obtuvo su doctorado. A ella le sigue el volumen “El poder, una bestia magnífica. Sobre el poder, la prisión y la vida” que reúne una serie de entrevistas con el autor —realza su valor saber que el filósofo era particularmente reacio a dar entrevistas— sobre temas como el encarcelamiento, la microfísica del poder y el poder punitivo.
Los títulos tercero y cuarto están destinados, respectivamente, a analizar el sentido ético —”La inquietud por la verdad. Escritos sobre la sexualidad y el sujeto”— y a desglosar el método de trabajo foucaultiano —”¿Qué es usted, profesor Foucault? Sobre la arqueología y su método”—. A su vez, durante la primera mitad de este 2014, la editorial Sexto Piso presentará dos libros de Miguel Morey (Barcelona, 1950): Lectura de Foucault y Escritos sobre Foucault. En estos trabajos se abordan los conceptos elementales que a lo largo de diversas investigaciones definieron el corpus foucaultiano.
En este mismo espacio abordaré de manera no lineal cada uno de los libros mencionados —algunos aún en imprenta— empezando por El poder, una bestia magnífica.
Agradezco para éste y los subsecuentes artículos el importante apoyo de Lluïsa Matarrodona (editorial Sexto Piso) y de Luis Galeana (Siglo XXI editores).


