spot_img

Venezuela: ¿golpe de Estado o guerra civil?

- Anuncio -

(07 de febrero del 2014).- El 11 de septiembre de 1973, el ahora reconocido sociólogo Marcos Roitman Rosseman, no asomaba su vocación en la explicación de las sociedades contemporáneas. A decir verdad, estaba alejado de ese horizonte científico. Suya era una afirmación militante y cívica, volcada prioritariamente al proceso social impulsado por el presidente Salvador Allende: apoyar a la revolución en el Cono Sur como un soldado más.

Entonces estudiaba ingeniería metalúrgica. Era una deber que se reflejaba, dice hoy, con el “orgullo de quien ve la historia” pasar frente a sus ojos. Pero además una afirmación a las necesidades de desarrollo que encaraba la construcción del socialismo por la vía democrática. (La economía chilena depende, en gran parte, de la extracción de metales).

“El 11 de septiembre, en el golpe de Estado, no sólo se derrocó a un gobierno. Se derrocó toda una tradición republicana en donde toda la sociedad chilena participaba abiertamente en la política. Ese proceso tardó mucho tiempo en madurar. Yo estaba en la universidad cuando comenzó el golpe, los militares ya habían atacado el Palacio de la Moneda, pero eso nadie lo sabía. La ruptura fue tan fuerte”, rememora, a más de cuatro décadas de distancia.

El recuerdo refulge, ansiosamente, y con la agudización de su voz, revive una emotiva reflexión alejada del “buen” académico, “nace del estómago y del corazón”. La instrumentación del golpe dirigido por una parte de la milicia que antes le había jurado lealtad a Allende, estuvo encabezado por el hoy tristemente célebre Augusto Pinochet.

IMG_0168

“¿Cómo un día pasas de ser un elemento transformador de la sociedad en un proscrito?”, se pregunta.

“Muy fácil: el golpe es una ruptura con el orden constitucional. Pero también una forma de hacer la guerra por las vías civiles, dirigir su fuerza y agresividad hacia el interior de la sociedad. Esa fue la lección de la Guerra Fría.

“Pero vamos a ser sinceros, esa tentación no se ha alejado desde entonces. Los golpes de Estado se han instalado en nuestro tiempo, en la sociedades latinoamericanas contemporáneas”, responde.

Y para muestra un botón: hoy las condiciones políticas de Venezuela reafirman su hipótesis.

***

Nacido en Santiago de Chile en 1955, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, de la que es profesor de Sociología, columnista del periódico La Jornada, colaborador de Le Monde Diplomatique y de Clarín digital, Marcos Roitman se ha convertido en una de las voces más lúcidas y reconocidas a nivel internacional de los problemas de América Latina.

De acuerdo a su nuevo oficio, aquel donde se dedicó a depurar y analizar las emociones y convertirlas en un análisis de la sociedad, dice que le costó muchos años comprender el dolor que le produjo el ascenso de Pinochet. En buen grado, para ello le sirvió el exilio en España, lugar donde desde hace décadas huyó para salvar la vida.

Y fue ahí donde finalmente pudo hacer el análisis de lo que le pasó en carne propia: entendió que los golpes se gestan lentamente, no todos los golpes son iguales; articulan el concepto “democracia sólo cuando a la reacción le beneficia”, se inoculan en situaciones de caos producidas por la misma, deslegitiman a los gobiernos constitucionales y suelen impulsar a la xenofobia en su interior.

“Esta situación tienen que ver mucho con Venezuela; pero el problema de ahí, radica en que el chavismo aún tiene gran peso dentro de la sociedad. La sociedad misma es quien sostiene en el poder a Maduro; a su vez, gran parte del ejército ha sido leal a los principios que rigen ese Estado. Lo que sí se está imponiendo es una situación de caos: el desabasto, la afirmación de que se trata de una tiranía, la supuesta injerencia de Cuba, la ficción de que hay un peligro para la democracia”.

Y para muestra un botón: con el desabasto de cosas tan básicas, como el jabón, el papel de baño, la pasta de dientes y el azúcar, se cultiva el caldo ideológico donde se afirma que el país está en una situación de caos. Las protestas en torno a la demanda de estos servicios, es legítima; sin embargo, los objetivos no, pues, al contrario tienen un efecto deslegitimador. “No es prohibir la protesta, es el fin que busca conseguir la protesta y para quién; eso lo vivimos también en Chile en el 73 y miren las consecuencias.”

Para reflexionarlo, escribió un “libro imprescindible” para comprender estos fenómenos, como dice José Gandarilla, Tiempos de obscuridad. Historia de los golpes de Estado en América Latina, editado por Akal, Madrid. El cual estará próximamente disponible en México.

IMG_0169

***

 Durante su adolescencia, fue parte del proceso social que convocó el gobierno de Unidad Nacional. El día en que aconteció todo el golpe, recuerda, nunca sintió vergüenza por pertenecer y militar en el Partido Comunista Chileno; de hecho ese fue su orgullo que cargó, hasta que los militares se soltaron, y llevaron a una gran cantidad de jóvenes al encierro.

Lo recuerda bien porque además ese día estaba junto a Víctor Jara.

“No sabes lo complejo que es un golpe. Porque son un proceso de lenta infiltración, procesos que se van madurando en años. Recuerdo muy bien porque la comuna del terror, lo que se dedicó a hacer, es a enfrentar en un duelo a personas que quizá unos días antes habías sido amigos. Que un día se sabe, eran compañeros de partido, y al otro, con ese que hablabas en las juntas, sabes que fue torturador, que asesinó gente”.

Pese a todo, reconoce que los golpes  no siempre se inoculan en el mismo formato.

De hecho, en relación con Venezuela, dice, la resistencia que varios sectores de la sociedad agrupada en torno al chavismo, impedirán que pase exactamente lo mismo que en Chile. Aunque el desenlace podría ser más trágico. “Quiero pensar que me equivocaré. La verdad, quiero equivocarme. Pero lo que pasará ahí, estará más relacionado a una guerra civil que a un golpe”, sostiene, casi lamentando.

Dicha tesis la sostiene en función de la resistencia que representa el chavismo, pero también en la búsqueda del camino, por todas las vías, para reiniciar la “acumulación del capital”. “De verdad, créeme, si la derecha no puede acabar con el gobierno de Maduro, sino pueden encontrar las vías de derrocarlo con la movilizaciones y cierto grado de miedo, le apostarán a la guerra civil. Ahí está Egipto, Ucrania, Libia…”

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER