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Rezos y danzas

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Samantha López Sorzano

(14 de marzo, 2014).- Traslademos nuestra memoria al pasado, aquél donde las tradiciones como el rito, el  canto y la danza se utilizaban como proceso para honrar a los dioses. En la actualidad los ‘concheros’ mantienen viva esta práctica que envuelve en simbolismo y movimiento la cosmovisión del México Prehispánico.

Los lugares para apreciar estos rituales son  variados. Junto al huéhuetl, la indumentaria y la concha, los danzantes realizan estas  ceremonias de alto sentido místico, una tradición de entendimiento y veneración.

Originalmente, en los grupos de concheros, en cuanto un niño comenzaba a caminar se le  ponía a danzar y cuando el cuerpo ya no lo permitía los ancianos dejaban de hacerlo. Por  lo tanto, la danza es una parte sustancial para el conchero; ésta, en sí misma, ha sido a lo  largo de la humanidad una forma de llegar a estados espirituales en los cuales es posible experimentar la sanación o el autoconocimiento. Para los concheros la danza es una  forma de recrear, de abordar la vida; bailando durante horas sin importar el clima y sin dar señales de agotamiento, entregándose fielmente a la interpretación de cada movimiento.

Quien busca unirse a estas ceremonias es bienvenido, la sociedad ha cambiado y el  conocimiento ya no se hereda únicamente entre la familia. Si las personas buscan un  entendimiento de sí a través de la danza ancestral, los concheros están dispuestos a  compartir, sólo así el movimiento y las raíces del México antiguo seguirán fortaleciéndose  y manifestándose.

Estos rezos prehispánicos son actualmente, una forma de demostrar que la conquista  española no logró suprimir toda una identidad religiosa-espiritual, que las deidades no  han desaparecido y que la danza convence a quien la practica de que su voluntad no fue sometida.

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