(14 de marzo, 2014).- El alcohol es la droga social por excelencia. Fiesta y alcohol son prácticamente sinónimos en nuestra cultura, y la mayoría de la gente consume alcohol sin meterse en problemas por ello. Todos tenemos un amigo que se cree más galán de lo que es o un tío a quien se le va la lengua cuando se le pasan las cucharas.
Sin embargo, pensamos en un alcohólico como alguien que no puede parar de beber: el teporocho que bebe alcohol del 96 rebajado con un poquito de refresco, el que se queda tirado en la calle o roba del monedero de su esposa para comprar alcohol. Los demás somos “bebedores sociales”.
Desde 1979, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desechó el uso del término “alcoholismo” para referirse a la forma crónica de abuso de bebidas alcohólicas, prefiriendo usar un concepto más preciso: síndrome de dependencia del alcohol.
“Bueno, sí he faltado a la escuela por irme a tomar, pero cuando me lo propongo sólo tomo dos o tres chelas”. “Después de que choqué estuve un mes sin beber. Ahorita sólo los viernes y me regreso en taxi”. Ésas son frases que comúnmente oímos de personas que beben grandes cantidades de alcohol pero aseguran no ser alcohólicas.
¿Se están engañando a sí mismas? Es cierto que los alcohólicos suelen negar que tengan una dependencia a la bebida, pero también lo es que la gran mayoría de los bebedores no son dependientes. Eso no significa que no tengan problemas con la bebida, pues el síndrome de dependencia del alcohol es sólo uno de los muchos problemas relacionados con el alcohol.
No se necesita tener una adicción física para beber de manera abusiva e irresponsable. La OMS ha clasificado el consumo excesivo de alcohol en tres tipos: consumo de riesgo, consumo perjudicial y la dependencia.
El consumo de riesgo “es un patrón de consumo de alcohol que aumenta el riesgo de consecuencias adversas para el bebedor o para los demás”, mientras elconsumo perjudicial es “aquel que conlleva consecuencias para la salud física y mental”.
El consumo de riesgo significa que estamos bebiendo más alcohol de lo recomendable. Aunque todavía no nos hayamos metido en problemas por ello, beber en cantidades excesivas puede llevar al consumo perjudicial o a la dependencia. No todos los bebedores de riesgo llegan a convertirse en dependientes, pero todos los que tienen dependencia al alcohol iniciaron como consumidores de riesgo.
El consumo perjudicial o abuso del alcohol significa que nuestra manera de beber nos está metiendo en problemas, pero todavía no experimentamos una adicción física. Alguien que bebe muy pocas veces al año pero cuando lo hace no puede detenerse, o alguien que cada vez que consume alcohol se pone violento, tienen un consumo perjudicial.
¿Sabes cuánto es “un trago” de alcohol o “una bebida alcohólica”?
Un trago = 1 cerveza (340 ml) = 1 copa de vino (140 ml) = 40 ml de licor (whisky, tequila, vodka, ron, brandy, ginebra).
Por supuesto, sabemos que un consumo moderado de bebidas alcohólicas no resulta perjudicial e incluso hay estudios que sostienen que es benéfico. Pero ¿qué es un consumo moderado? Los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos calculan que si los hombres beben hasta 4 tragos y las mujeres hasta 3 tragos durante el día están en un nivel de bajo riesgo, siempre y cuando durante una semana consuman en total menos de 14 tragos los hombres y menos de 7 las mujeres.
¿Por qué las mujeres deben consumir menos alcohol que los hombres? Una razón es que, en promedio, las mujeres pesan menos que los hombres, por lo que la misma cantidad de alcohol significa mayor proporción en el cuerpo de una mujer. Además, al entrar en el cuerpo el alcohol se distribuye a través del agua que éste contiene, y el organismo de las mujeres retiene menos agua que el de los hombres: con la misma cantidad de alcohol, hay un mayor nivel de concentración en la sangre de las mujeres.
La persona con síndrome de dependencia del alcohol es aquella que siente un deseo intenso de consumir alcohol, no puede dejar de beber una vez que ha comenzado, sigue bebiendo aunque haya consecuencias perjudiciales, abandona otras actividades para dedicarse a beber, necesita cada vez mayores cantidades de alcohol para embriagarse y siente un malestar físico cuando no ha consumido bebidas alcohólicas.


