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El espejismo de la legalización

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Por: Fabián Cuellar

@FCuellar3_0

A las 4:20pm, una docena de personas comenzó la celebración del Año Nuevo en el Club 64 de Denver, Colorado. Su entusiasmo, más que por el año venidero, se entendía en el contexto que ha colocado a dos estados de EE.UU. en la atención de la comunidad internacional.

Tras la aprobación de las Enmiendas A64, en Colorado, e I-502 en Washington, la idea de una industria de la marihuana recreacional (término usado para hacer una distinción clara de la marihuana para fines medicinales) va cobrando forma para algunos ciudadanos norteamericanos.

Fue así como nació el Club 64, que recibe su nombre en honor a la Enmienda que permite el consumo legal de marihuana, además de la posesión de hasta 28 gramos de hierba, 450 gramos de producto sólido o 2 litros de producto líquido mezclados con marihuana. Los consumidores deben ser mayores de 21 años y el consumo se debe limitar a una residencia privada. La palabra club, en este caso, nos remite a un grupo de personas que se reúne con fines en común, más que a un establecimiento en el que se vende la droga de manera legal, como los famosos cafés de Amsterdam.

Pero la realidad de Colorado y Washington dista de alcanzar a la ciudad holandesa. Para empezar, ambos estados aplicarán un impuesto a la droga: Colorado, 15% durante los primeros 5 años, con posibilidad de un aumento pasado ese tiempo; Washington, 25% que aplica a todas las etapas de la marihuana: venta, producción y procesamiento. A pesar del ánimo con el que se recibió la legalización por un gran sector de la población y de la comunidad global, la prohibición federal impide que exista una industria legítima de la marihuana.

El mismo Club 64 enfrenta numerosas restricciones: no funciona como un lugar de venta de cannabis, sino como un sitio de reunión. A las reuniones sólo se accede con una membresía y una cuota de 29 dólares por reunión, además de que se espera que no siempre ocurran en el mismo sitio, y sólo a quienes pagaron la cuota se les confiará la localización del próximo evento. De igual forma, los propietarios del club se mantienen en contacto permanente con su abogado para poder resolver cualquier problema jurídico que aparezca en el camino.

La posición del gobierno de Barack Obama aún no es clara frente al tema. Hace unos días, el presidente norteamericano declaró que los consumidores de marihuana no son su prioridad en la guerra contra el narcotráfico: “Tenemos peces más grandes que freír”, aseguró. Sin embargo, que el consumo y la posesión de esta droga sea un crimen federal impide que más empresarios se animen a incursionar en el negocio de la marihuana.

El optimismo de los que promovieron la legalización concuerda con el de los dueños de cafés con venta de cannabis en Amsterdam, quienes han subsistido a pesar de la ley decretada en 2012 que pretendía prohibir a los turistas el acceso a dichos establecimientos. Al igual que en Washington y Colorado, los propietarios de dichos locales confían en que las policías local y federal “miren hacia otro lado”, declaración que concuerda con los años de permisibilidad y la tradición canábica de esta ciudad europea.

Incluso, Eberhard van der Laan, alcalde de Amsterdam, se pronunció en contra del veto pues, aseguró, cerrar los locales establecidos permitiría el resurgimiento del mercado negro, y permitiría la venta de marihuana y otras drogas suaves a menores de edad, mientras que los extranjeros seguirían consumiéndola, aunque de manera no controlada e ilegal.

Parece que reuniones como las del Club 64 existen de manera fortuita, por una serie de vacíos legales que, a veces, parecen abrir ventanas para el futuro. Las celebraciones son prematuras: aunque parezca una victoria para los fumadores de marihuana en el mundo, Colorado tiene hasta enero de 2014 (Washington, hasta junio de este año) para legislar lo relacionado a la venta legal de cannabis, mientras se mantiene a la expectativa de las posibles sanciones por parte del gobierno federal.

 

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