Bordados por la paz

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Por Donovan Hernández

Foto: Graciela Martínez

Ya no hay más que decir

el mundo ya no es digno de la Palabra

nos la ahogaron adentro

 como te asfixiaron

 como te desgarraron a ti los pulmones

 y el dolor no se me aparta

  sólo pervive el mundo por un puñado de justos

 por tu silencio y el mío

 Juanelo.

Javier Sicilia, Vestigios.

 

I. El silencio del poeta

(22 de abril, 2014).-  Hay afuera del Metro Chapultepec un monumento al que le dicen la Estela de Luz, quien sabe por qué. Brota del suelo. Quiere fundirse con la tierra. Parte de un hachazo un tramo del cielo gris semiazulado do estuviera la otrora región más transparente del aire. Obelisco con pretensiones de museo, error de la arquitectura cívica monumental; el adefesio posmoderno sepulta una mampara llena de pequeños paños que impactan fuerte en la mirada. El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) invita a la sociedad para acompañar la demanda de justicia de víctimas y familiares de los difuntos que se multiplican por doquier en el lacerado cuerpo de la República Mexicana. Llevan tres años haciendo sonar la señal de alarma para detener tanta Muerte sin fin. Dialogaron con el Calderonato: muestran a manos llenas las abrumadoras secuelas de una estrategia de seguridad fallida que desprotege a los ciudadanos y se ensaña con las víctimas, que deja intocada la impunidad y se niega a reconocer la desgarradora cifra de más de 80,000 muertos que reportan asociaciones civiles en defensa de los derechos humanos.

Desde que Javier Sicilia se convirtiera en referente moral del Movimiento, las Caravanas han unido los extremos Norte y Sur de la Federación y han reconocido a las víctimas Centroamericanas como parte de este daño humano. Realizan actos simbólicos de dignificación de las memorias sometidas. La palabra del poeta pesa, porque –como escribiera Ermilo Abreu en su bello Canek– los profetas guían a los hombres que vendrán, mientras los poetas encausan a los que hombres que son. “Unos y otros, cuando tienen consciencia del dolor, hacen el bien.”[i]

 

En 2011, Sicilia inició su silencio poético para dar asilo a la palabra que dignifica y reivindica a los caídos, a la tristeza del fuego cruzado que saetea calles y pueblos y vidas de civiles. En plena ceremonia ecuménica, encuentro a un puñado de mujeres sentadas, que zurcen pacientemente. Hacen tejidos. Aguardo. Me acerco al término del ceremonial en solidaridad con las familias y deudos de toda índole. Pregunto si puedo entrevistarlas y señalan al unísono a Elia Andrade, con quien converso. Ella forma parte de la iniciativa Paremos las balas, pintemos las fuentes, de activismo y arte-intervención. Su mirada es abierta y su charla fluida. En 2011 trabajan en Bellas Artes durante el evento espejo en el Zócalo capitalino, en apoyo al llamado del poeta desde Cuernavaca. En septiembre aparecen en Coyoacán; en 2012 emplazan el andador peatonal Madero del Centro Histórico del D.F. Su actividad: bordan en el espacio público. El Colectivo Fuentes Rojas –donde Elia participaba- había iniciado esta propuesta en sus juntas y reuniones.

Su objetivo desde el inicio fue trabajar en el espacio público. Para Elia lo más importante del llamado de Sicilia es que se convocaba a la sociedad civil: era un llamado al ciudadano de a pie. Era, en todo caso, el momento ideal para encontrarse en la calle, tener una comunidad hilvanada: construir un Colectivo Social.

 

II. Bordar por la paz, una iniciativa solidaria

Paremos las balas lanzó su iniciativa de intervención en el espacio público, la cual se replicó en otros lados gracias a las redes sociales. Al parecer la idea de hacer Bordados por la Paz ha tenido repercusión en otras entidades de la Federación como Puebla, Guadalajara, Morelos y Monterrey. Incluso su éxito la ha llevado a implementarse en países como Francia y la provincia de Córdoba, Argentina. Lo vital era ocupar las plazas públicas. La primera unidad de pañuelos reunidos por el colectivo de Elia se exhibiría sobre Avenida Juárez, frente a la Alameda. Justo el mismo día de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto. Como si las historias de la abominación se zurcieran hasta yuxtaponerse, aquél 1º de diciembre, junto a los cercos policiacos y la vulneración del derecho a la protesta, muchos pañuelos tampoco podrían ocupar un espacio que disputan a la regresión autoritaria por la que atraviesa el país. Con todo, lograron reunir los más pañuelos posibles. Venían de todos lados: de Estados Unidos, Centroamérica, del duelo de tod@s.

En la primera iniciativa de los bordados se articulan autonomía y autogestión. Los tejidos muestran una relación tensional con los memoriales, cuyo efecto usual es el de recubrir de olvido a la memoria viva de la comunidad. Los bordados hechos para recordar a las víctimas de la violencia política, de cualquier forma, no son nuevos: se han hecho en Guatemala y Chile por ejemplo. Como dice Elia, “no es nuevo, pero suma.”

 

 

Al comienzo de la iniciativa las tejedoras se basaban en una base de datos espontánea, elaborada de las notas que podían leer en los periódicos. “Las noticias no tienen nombre, identidad” –dice Elia. Los pañuelos sí. En Nuevo León, Monterrey, las madres de las víctimas bordan los pañuelos de sus hijos; en Guadalajara la afectividad inunda a quien se va, ligándolo al deseo de justicia que muchas mujeres refrendan bordando. “Son muy distintas las situaciones en el D.F.”, enfatiza certeramente Elia.

Pero la invitación a realizar esta actividad en otros sitios enriquece la experiencia. “En Guadalajara hay una escuela de bordados”, de ahí que sus tejidos tengan varios colores. Normalmente el Colectivo realizaba bordados monocromáticos. Un solo color: el rojo; “por la sangre”, dice Elia y se muerde los labios.

 

 

III. El tiempo de una vida: una protesta silenciosa

El pañuelo que bordan las esposas y madres lleva las iniciales de su familiar arrebatado. Tejerlo es un acto de amor póstumo, incondicional. “El bordado es atemporal, mientras que todo lo hacemos rápido; bordar te pone en un estado meditativo, de reflexión y silencio.” Se tejen pañuelos y se hace en la calle. A su manera, es una estrategia para “resarcir los huecos que ha dejado la violencia.” Dejar huecos en las historias de vida es vital para el sostenimiento de la impunidad estructural de las relaciones de poder. Recordar a las víctimas, contar su historia, devolverles el rostro que perdieron –que les cercenaron- reconstruyéndoselo con las narrativas mínimas de los bordados es una manera de refrendar y reconstruir la dignidad y humanidad de las personas. Y sin embargo, ningún memento mori puede suplir la justa rabia de la memoria insistente ante la pérdida de tantas vidas. “Por más que haya memoriales, ya no están.” Afirma Elia, y tiene razón. El tejido, en cambio, es más simbólico: hace una red. “Si hubiera tejido social aprenderíamos a contener los problemas sociales: narcotráfico, educación. No es sólo buenos y malos.” Afirma Andrade, complicando las insostenibles narrativas con las cuales el Estado encubre la multidimensionalidad de los problemas que abarcan a la nación.

Pregunto cómo hacen su trabajo. “Bordamos con hilo rojo”, me responden. “Cuando se invita a la acción en Monterrey, lo que más tienen son desaparecidos; por eso usan el verde, el verde es color de la esperanza”. El bordado trashumante permite establecer un diagnóstico de los problemas específicos con los que tiene que lidiar cada región.

Pregunto por la experiencia personal de Elia con su trabajo, con su llamado a la acción. “Mi experiencia es con los pañuelos, por eso te digo que el pañuelo son objetos (sic) que tienen distintos significados.” Fuentes Rojas no tiene víctimas directas, pero son solidarias. Ha habido madres que necesitan del bordado para brindar palabras de amor. “Es afectivo.”

“Cuando lo haces en espacios públicos hay gente que lee o se pone a bordar: los pañuelos sensibilizan. Es una protesta silenciosa.” Veo al grupo de mujeres con una disciplina férrea, inmersas en su trabajo de Ariadna, buscando la salida al laberinto y su minotauro de cien metrallas.

“Si vieras los pañuelos reunidos… es súper potente.” Y miro entonces hacia los tejidos que llenan el templete del orador: la imagen es portentosa. Son cientos de pañuelos, cada uno con una historia distinta, un nombre, las circunstancias de la muerte, el amor de los deudos. Es hermoso y triste a la vez. La sociedad, dice Elia, es éste tejido grande, es el sentido de la construcción de solidaridad y vida. Los tejidos son un memorial vivo, porque resarce de la velocidad de la pérdida. Su lenta actividad reestablece algo de vida y sentido en la tejedora, con calma, lentitud, con la parsimonia del tiempo de una vida. “Cuando alguien finiquita la vida es muy rápido. Una vida es lenta.”

 

 

***

Casi al terminar, bajo el sol plomizo que cae sobre la ciudad, le pregunto a Elia su opinión personal sobre la solicitud realizada por el MPJD de la Estela de Luz como memorial para los caídos del Calderonato. Ella contesta a nombre propio: “En lo personal, prefiero construir un memorial a partir de muchos sentires, no a renombrar un monumento hecho de un gobierno corrupto. Es mejor la gente sumándose en gesto de solidaridad.”

“México no es institución, tampoco Estados Unidos. La gente somos gente, haciendo cosas así. Es necesaria la memoria. No es posible que haya casos donde ni ha llegado ni va a llegar la justicia.” Para Elia, la justicia como acto se contrapone al archivo de los procesos judiciales que permanece estancado, enquistado en un aparato burocrático inútil para la expedición de justicia social. “No hay institución que realmente esté buscando justicia. No hay nada que te proteja. Y si no nos unimos, no hay pa’ donde. Necesitamos hacer memoria, el gobierno no tiene memoria.”

*Puedes contactarlas en su perfil de Facebook: https://www.facebook.com/fuentes.rojas.5?fref=ts o bien en su e-mail: fuentesrojas07@yahoo.com.mx
[i] Ermilo Abreu Gómez, Canek, Editorial Literuni, México, 2004, p. 135.

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