Del “No nos representan” a Podemos. Entrevista con el Círculo Podemos México

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Dónovan Hernández / @donovan0007

(10 de junio, 2014).- En cuatro meses ganaron cinco escaños en el Parlamento Europeo; su vocero más reconocible, además de ser catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, es increpado por la derecha en España acusándolo de populismo; la izquierda tradicional se siente amenazada y está desestabilizada por su irrupción, que no por imprevista era menos esperada; aprende rápido de las experiencias latinoamericanas de organización política; le da un nuevo significado a la esclerotizada participación ciudadana dentro de la gobernanza global; es heredero, plural y diverso, de la ola de movilizaciones de indignación mundial que de Egipto a México han movilizado a la juventud; retoma las experiencias asamblearias y la democracia directa y participativa del 15-M ; y amaga con impulsar junto a Syriza un nuevo bloque del sur dentro de la Unión Europea. Hablo de Podemos, coalición que prefiere autoidentificarse como un método antes que como un partido dentro de la gramática de la Transición española y a día de hoy se consolida como tercera fuerza política, al menos en Madrid.

En fechas recientes se encuentran noticias de este experimento político-ciudadano en todos lados. Revista Hashtag realizó una entrevista con el Circulo Podemos México para acercar al público nacional a discusiones que importan a los constructores de movimientos sociales que buscan incidir verdaderamente sobre el rumbo político del país.

En la primera parte de este extenso reportaje el lector encontrará una crónica de los hechos que ayudan a contextualizar el fenómeno Podemos en marcos sociales, culturales y políticos recientes; en la segunda, el lector encontrará la cobertura dedicada al afanoso trabajo de participantes directos del nuevo método ciudadano que llama la atención mundial.

Crónica sucinta de una crisis anunciada

En 2008 la bancarrota norteamericana de Lehmann Brothers, industria inmobiliaria, fue el inicio fácilmente identificable de una crisis persistente, probable, vaticinable, y (¿lo diré?): prevenible. En el ordenamiento del principio empresa que actualmente hace las veces de gobernabilidad queda claro que lo único “preventivo” es la guerra y la siempre filantrópica OTAN, mientras que ningún Gobierno se ha mostrado eficaz para garantizar la salvaguarda de los ahorros de la gente. Junto con la caída financiera de varias empresas trasnacionales se difundió el nuevo malestar en la globalización: mientras los estados se ocupaban de rescatar a la industria automovilística del desplome bursátil (señaladamente en Estados Unidos), al mismo tiempo las burbujas de especulación estallaban en todos lados y le recordaban al siglo XXI lo que fuera el gran trauma del período de entreguerras durante el catastrófico siglo pasado. Ante propios y extraños el crack de 1929 dejaba de ser una mera referencia bibliográfica para tornarse en realidad prepotente. Crisis de sobreproducción, secuencia de los ciclos de acumulación capitalista, los efectos desenfrenados de los mercados, al fin emancipados de toda autoridad posible, le cobraban factura a los entusiastas del nuevo liberalismo –mientras que sus declarados enemigos eran declaradamente incapaces de proponer alternativas al orden del caos reinante-. Pero sobre todo le cobraban los saldos de la deuda creciente de los banqueros a los ciudadanos que, tomados por sorpresa por toda esta fragua, no atinaban a adivinar lo que les preparaba la nueva ingeniería de lo peor que los tecnócratas llaman simplemente “libre mercado”. A riesgo de decir lo obvio, la libertad del capital sólo puede lograrse a costa de la emancipación social.

La crisis fue todo lo trágica que cabe esperarse, fijó las coordenadas imaginadas -pero sobre todo las reales- de las preocupaciones ciudadanas hasta en sus menores detalles, así en el lenguaje como en el tiempo: a la fecha en Europa no se habla de otra cosa que del “paro” (nombre castizo para el llano desempleo); al que se suman:

  • Los fenómenos de la corrupción estratosférica de gobernantes y sindicatos (oficiales u oficiosos).
  • La inexplicable falta de control ciudadano sobre los gastos e inversiones del Estado y los negocios privados.
  • La cruenta rapidez con que la irresponsabilidad financiera de los banqueros se premió con el no tan resignado pago de la deuda multimillonaria por parte de los civiles.
  • Y por último pero no menos importante: la indignación, en suma, de solventar una deuda que no es otra cosa que una vil estafa.

La concentración de la riqueza socialmente producida en pocas manos (efecto necesario del capitalismo) dejó las cosas claras a todas y todos: el proyecto neoliberal -nueva revolución conservadora- ganó más terreno que las izquierdas anquilosadas en la retórica de los años ochenta. Si los mercados habían cambiado, entretanto las masas no permanecían idénticas. La proliferación de órganos de coordinación del capital rápidamente globalizado hizo entonces su papel: el de aval para la erosión significativa, progresiva y en modo alguno finiquitada de la soberanía nacional. Pero según pudimos testimoniar, 2011 mostraría las nuevas luchas que una generación aparentemente desmovilizada estaba a punto de dar.

 Si de recapitulaciones se trata, comencemos por notar que hay algunas diferencias específicas entre las Crisis Históricas de 1929 y la reciente de 2008: en 29 el capitalismo propuso una disyuntiva radical: ¿salvamos las libertades democráticas prescindiendo del capitalismo o prescindimos de las libertades para salvaguardar al capitalismo? El fascismo fue, así, un medio de supervivencia del capital a costa de las estructuras básicas del Estado y el derecho. 2008, en cambio, colocó el siguiente problema –cuyos términos son negociables-: ¿salvaremos las libertades democráticas prescindiendo del liberalismo o el neoliberalismo nos obligará a olvidarnos de la igualdad, que es –no se olvide- la batalla por la humanidad? El afán igualitario se tradujo en caída de los poderes militares de excepción en Túnez y Egipto. Llamado por la fulgurante apertura de estas revueltas históricas, el Sur de Europa entró en una etapa de manifestaciones multitudinarias: el Movimiento de las Plazas en Grecia quiso a Syntagma como locus demostrable de los indignados con las medidas de austeridad (recorte al gasto público) dictadas por la Unión Europea; en Portugal la juventud gritó: “precarios nos quieren, rebeldes seremos”; y en España el 15-M (verdadero acontecimiento inaugural) estrenaría las acampadas de la Puerta del Sol en Madrid, en las plazas de Cataluña y demás comunidades hispánicas que hicieron célebre el clamor de la indignación que buscaba Democracia Real Ya! Una nueva generación, capaz de afianzar las nuevas herramientas tecnológicas con la práctica relativa de la democracia directa y la participación ciudadana, estaba por hacer suya la escena.

Tan pronto como las olas digitales de la agitación difundían videos por las redes sociales, cadenas televisivas, prensa independiente y blogueros combativos, nuestra imaginación habilitó el heroísmo anónimo de barrios madrileños que se organizaban para desafiar la política de desalojos del estado español: así oímos, muchos por vez primera, del barrio intensamente multicultural, demográficamente migratorio, auténticamente solidario de Lavapiés, donde los habitantes ofrecieron resistencia a las cargadas policiacas del desahucio; y con su resistencia llegaron historias del barrio obrero de Carabanchel, de las míticas luchas protagonizadas por el sindicato anarquista que impedía la entrada de los refuerzos por la Plaza de Tirso de Molina, a espaldas de los teatros que conectan la calle de Atocha con Paseo del Prado. La desigualdad en Madrid no es menos evidente que en México. Y así, al gran circuito de la alta cultura lo rodea, sacude y cerca la tremenda vida de comunidades africanas en la diáspora, gitanos de Rumania que sobreviven debajo de puentes e iglesias, y españoles lanzados al desempleo. La precariedad como condición de vida niega las oportunidades que el 15-M, con un largo aprendizaje de lucha civil española, defiende. De pronto, lo evidente: la épica del barrio no puede reemplazar las retóricas hegemónicas de la transición de la dictadura a la democracia (bipartidista) que han sido el relato unívoco de una España todavía monárquica, donde los protagonistas del drama de la historia acentúan a la democracia como un logro de las élites –en concertación con el “generalísimo” Franco- y mandan al pozo del olvido a todos aquellos que combatieron a las falanges en medio de la tremenda Guerra Civil. Aún así, el grito en las calles es unánime: “No nos representan”, esa era una de las consignas que la auto-organización del pueblo español le lanzaba a los tradicionales Partido Socialista (PSOE), al derechoso Partido Popular (PP) y al grosso de la llamada clase política que muchos comienzan a llamar la “casta”, por obra e inflexión de las nuevas retóricas que la política ciudadana española lanza para rediseñar el espacio político, la toma de decisiones y la gestión del poder en una España contemporánea.

Al parecer, los movimientos sociales descubrieron su talón de Aquiles y al ser sinceros consigo mismos lograron una claridad mayúscula: la organización política barrial, social y en movilización permanente puede sumar muchas voces en la calle y coexistir, empero, con las profundas desigualdades, la impunidad hecha sistema de gobierno y la invisibilización de demandas ciudadanas elevada a método por las instituciones legítimas. La prueba de oro no es entonces cómo movilizarnos, sino cómo demonios incidir en la política y cambiar las condiciones de vida en un mundo global y sumamente inequitativo. A riesgo de exagerar, diría que este problema hermana a mexicanos y españoles como antaño nos hermanó y enriqueció como nación el hecho de recibir al exilio español. Aquí se establece el puente entre la nueva generación en España y las nuevas generaciones en México. Una de las expresiones más interesantes de esta conciencia la constituye la experiencia de Podemos, un método más que un partido que en fechas recientes, y heredando lo mejor de la tradición asamblearia del 15-M, ha comenzado a hacer ruido en la política española y aún en la europea. Con este motivo Revista Hashtag celebró una entrevista con el Círculo de Podemos México, que ha tenido una actividad sustancial en este proyecto de incidencia ciudadana dentro de la política española.

Contunúa leyendo la entrevista aquí: http://www.revistahashtag.net/entrevistas/item/691-del-no-nos-representan-a-podemos-entrevista-al-circulo-podemos-mexico-segunda-parte

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