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Obituario LGBTTI Mexicano: Por la memoria de los olvidados

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Por Valentina Pérez Botero

@vpbotero3_0

Un beso. Dos hombres. Arresto público por “faltas a la moral y a las buenas costumbres”. Alonso Hernández tenía poco más de 20 años cuando fue llevado a los separos por haberse besado públicamente con su compañero.

Al momento de su detención, Alonso ya tenía trayectoría en el activismo dentro de la comunidad LGBTTTI; su asistencia a la charla semanal de los martes en El Taller, la militancia en el grupo Palomilla Gay y Generación Gay le permitieron configurar un discurso guía en su lucha. “No se es gay de fin de semana, serlo implica una posición sexo-política”.

La publicación de artículos en las revistas correspondientes de ambos colectivos, y su trabajo para impulsar una sección dedicada a literatura gay, que se consolidó en las librerías Educal en el Espacio Arcoíris, fueron parte de un grupo de acciones de concientización sobre los derechos de la comunidad tanto en el ambiente homosexual mismo –para que rechazara la normalización de los actos discriminatorios– como en la sociedad en general, para que fuera reconocida y respetada.

El trabajo posterior con organismos a nivel mundial, como Amnistía Internacional, permitieron agregar una dimensión de solidaridad a la lucha que rebasaba las fronteras nacionales y a las siglas de diversidad. A la lucha se sumaba el reclamo de los grupos indígenas y de las mujeres, por ejemplo.

 Hoy activista de trayectoria, es el encargado, entre otras ocupaciones, del obituario de la comunidad LGBTTTI y director general de Archivos y memorias diversas.

Su formación como historiador y su tesis de grado lo llevaron a preocuparse por la memoria documental de la comunidad. ¿Qué pasa con las publicaciones de gays? ¿Las fotografías y testimonios de las personas que han labrado la historia de la escena en México?

La investigación  lo llevó a descubrir que la mayoría de esos documentos se perdían cuando la persona moría o incluso la familia, en un intento de borrar los recuerdos del familiar “raro, la tía solterona”, dice Alonso, se deshacía de toda lo que en vida había construido y resguardado esa persona, y con esa destrucción íntima se replicaba en vacíos de la historia de la comunidad.

Su eslogan resalta el objetivo “Por la memoria de los olvidados”. El obituario nació a raíz de una iniciativa personal de Alonso en un álbum de su Facebook en la que empezó a archivar fotos con historias de personas del ambiente que había conocido y ya estaban muertos.

La idea tuvo tanta acogida que poco tiempo después abrió un grupo en Facebook que a la fecha tiene casi 2mil miembros. La importancia de que sea una comunidad es que los propios integrantes pueden publicar y rescatar la historia de seres queridos en la red social y compartir lo que fue de su destino.

La mirada profunda dentro del acervo permite tener una idea amplia de la historia del ambiente gay en México: sus primeros miembros abarcan la época prehispánica y los últimos llegan hasta nuestros días.

El obituario se convirtió en una forma de que la comunidad se reconociera a sí misma, pudiera leer a través de sus activistas, de sus luchas históricas y de sus personajes. “Es un muestrario social, en el que se puede ver guiones de vida diversos”, reconoce a víctimas de odio y del VIH; por lo que en su conjunto a pesar de no ser una página de activismo, el simple reconocimiento pone sobre la mesa la actualidad de su comunidad.

 

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