(19 de julio, 2014).- El desgobernador de facto de Michoacán, desde hace casi dos años, es Alfredo Castillo quien con una figura que no existe en la Constitución, de “Comisionado Federal”, no ha resuelto el problema delincuencial, político, económico y social de la entidad. Castillo era sólo un favorito del peñismo. Fue el fallido procurador, con el otro peñista de Bazbaz, que en el Estado de México quedaron en ridículo y propiciaron más enredos e injusticias. De una Subprocuraduría en la PGR lo nombró Peña en la Profeco. Y ante el problema michoacano lo designó procónsul –sin base legal– para resolverlo. Pero éste sigue y se complica. Combatió con la cárcel a las autodefensas más auténticas, que se defendían de los delincuentes. Los “Templarios” se hicieron guardias rurales y Castillo se congratuló. Fue como “poner la Iglesia en manos de Lutero”. Y autoritario y autócrata, sólo le rinde cuentas a Peña en reuniones secretas y recibe todo el apoyo para hacer y deshacer. Hizo a un lado a Fausto Vallejo y finalmente lo quitó –no del cargo que Castillo ya desempeñaba–, de cobrar como desgobernador. Y puso como títere a un ex rector que se las da de filósofo y presume de saber karate y enfrentarse con los estudiantes al tú por tú… ¡a golpes!
II.- En Michoacán no hay más que dos sopas. La de los “Templarios” que son, a la vez delincuentes y “policías rurales”. Y Castillo (con su amuleto colgado al cuello), es quien manda y su palabra es ley; es un burócrata y sólo sabe pedir a los militares que, a sangre y fuego, impongan la paz de los sepulcros. La sociedad michoacana está en medio. El médico José Manuel Mireles Valverde ha declarado duramente contra el procónsul peñista, lo que le ha valido ser perseguido; y al no aceptar el autoritarismo de éste y no deponer las armas para la autodefensa de poblados michoacanos víctimas del cobro de suelo a la producción agrícola y minera, nuevamente Alfredo Castillo ordenó su encarcelamiento sin guardar siquiera las formas de una averiguación ni la consignación ante un juez, ni de parte de éste la orden de aprehensión.
III.- Alfredo Castillo ya suspendió derechos y garantías en Michoacán, instituyendo el despotismo. La única voz cantante es la suya. El desgobernador sustituto, como el anterior, es empleado de Castillo. Los poderes constitucionales han desaparecido. Y no hay más que dos opciones: sometimiento o prisión. Priva el relajamiento constitucional. Allá se tiene un Golpe Militar. Y Castillo improvisa todos los días; y carente de una pizca de político, sólo impone la “ley de la selva” con policías y soldados, Osorio Chong va y viene… de visita. Dos años y Michoacán sigue a la deriva, con todo y que Castillo acaba de usar la metáfora de que la entidad es un “barco” donde él es el capataz y Peña el capitán. Ese “barco” se hunde y no creo que Castillo se lance desde cubierta al picadísimo mar, como suicida. Prefiere seguir a bordo, mandando a las mazmorras a los que no le obedezcan servilmente. No quiere ciudadanos. Quiere esclavos y más “Templarios” para que la delincuencia siga ordenando a los remeros que no aflojen el ritmo.


