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Nos cambió la vida en unos cuantos años: sobre tecnología

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Proyecto Diez / @ProyectoDiez

(22 de julio de 2014).- A veces, cuando miro al pasado y veo al tipo que escribía sus trabajos finales en papel, que tenía un callo en el dedo gordo de tanto apretar el dedo en la pluma, que sacaba los tomos pesados de la enciclopedia, me digo: “ese tipo no soy yo”. ¿Cuándo dejé de ser lo que era? ¿Cuánto dejó este mundo de parecerse a lo que hoy es?

No es cuestión de sentimentalismos, o de decir: “mejor estábamos antes que ahora”. El mundo ha cambiado, como lo ha hecho siempre. Las sociedades evolucionan o involucionan (eso es tarea de otros especificar)

Pero pocas veces, y esto es algo que quizá nos ha particularizado a quienes nacimos en los años setenta y ochenta del siglo pasado, es que hemos visto los cambios rápidos en la tecnología. Y esos cambios han sido enormes y a veces complicados de entender.

Un ejemplo: del cassette al ya no tengo tiempo de escuchar tantas canciones

Un día un amigo me prestó un cassette de un grupo de rock estadounidense. Duraba, por el lado a y el b, alrededor de 60 minutos. Los escuché cinco veces la primera semana. Me gustó tanto que compré un cassette “virgen” y grabé el original en éste. La grabación se hacía de forma lenta: había que escuchar todo el cassette y la cassettera lo grababa. Es decir, el proceso duraba 60 minutos. Casi un trabajo artesanal.

60 minutos de canciones: un mundo. Había algunas que no gustaban tanto como otras, y el encontrar el lugar exacto en el cual comenzaba una canción era todo un arte. Adelantar o retroceder la cinta. En esta labor había que tener “oído bueno” para saber más o menos cuándo la cinta retrocedía al inicio o al final de la canción. Uno se hacía experto en el manejo de los dedos: adelantar mucho, parar, adelantar poco, parar, adelantar casi nada, parar, adelantar, parar, adelantar, retroceder, parar, adelantar: ¡listo!

Me gustaba salir a las calles a caminar escuchando música. Para esta actividad estaban los famosos “Walkman”, los cuales funcionaban con pilas. Era una cassettera que se podía portar. Yo la ponía en una parte de mi mochila (ponerla en el bolsillo era muy complicado, pues no cabía bien). Había algunos que se la colgaban en el pantalón, pues ciertos aparatos traían una pinza para ello. A mí no me gustaba eso.

tecnología 2

Recuerdo cuando compré mi primer cé dé: estaba extasiado. En un disco muy delgado se podía escuchar también la música. Y lo mejor: se le podía apretar a “adelantar” y como por arte de magia había un cambio de canción de forma inmediata. Al principio no se podían grabar, pero eso no duró mucho.

Un amigo compró, a precio de locos, un “quemador de cé dés”. En las tardes iba a su casa y quemaba los discos que él tenía y él quemaba los discos que yo tenía. Era algo impresionante: el disco tardaba alrededor de 20 minutos en quemarse: una velocidad, comparada con el proceso del cassette, inimaginable.

Ésa era la modernidad.

En dos horas podía grabar seis o siete cé dés. Al final, no escuchaba todos completos, pues tenía la posibilidad de adelantarle con solamente apretar un botón. Mi colección de discos grabados comenzó a aumentar de forma alarmante: había más discos de lo que podía escuchar.

Cuando salía a las calles, seguía llevando mi “Walkman”. Si había un disco que me gustara mucho, lo grababa del cé dé al cassette, aunque eso seguía siendo tardado. A la venta salieron los “walkman” de cé dé, pero siempre fueron muy caros para mi presupuesto y además su forma no me agradaba mucho.

Y de repente, comenzaron a surgir los pequeños reproductores de música mp3. En una pequeña “pluma” o memoria “usb” (que al principio eran carísimas) podías cargar cientos de canciones. Al principio no entendía bien qué era eso, y después me quedé maravillado. Mis discos los comencé a bajar a una memoria usb. Salieron a la venta el Ipod, y ya después una cantidad de aparatos tan pequeños y tan potentes: podían contener miles de canciones.

Compré algunos, y aún los uso. Un amigo me grabó en un dé vé dé miles de canciones. No tengo tiempo de escucharlas.

Tanto y tan poco tiempo…

Recapitulando

Nací cuando la televisión a color era escasa en las casas. Hoy, puedo desde un pequeño aparato ver películas vía internet. Tengo tanta información a mi alcance que no sé qué hacer con ella. Antes iba a la biblioteca, y buscaba en los estantes libro por libro, ahora pudo desde mi computadora tener una biblioteca muchísimo más grande que a esa pequeña a la que iba cuando estudiaba la licenciatura.

Tecnología 3

Puedo tener películas, canciones, vídeos, libros completos, fotografías, la historia del mundo en un clic. Tengo tanto…. Tenemos tanto. Antes, cuando llegaba a mis manos la edición impresa, por ejemplo, de cinco días antes de Le Monde, era una cosa de otro mundo. Tocaba el periódico, leía las notas, buscaba en el diccionario las muchas palabras que no entendía y que sigo sin entender. Hoy en un clic puedo tener esa edición y además las ediciones de casi todos los periódicos del mundo, y hasta tengo la posibilidad que con un apretón en el ratón todo se traduzca.

Tengo tanto y no sé qué hacer con ello. El desarrollo de la tecnología ha sido avasallador. Eso es algo bueno: hay facilidad para acceder a todo: canciones, libros, películas, conocimiento.

Aunque, para ser sinceros, a veces me gustaría regresar un poco en el tiempo, y disfrutar cosas que ahora son imposibles o muy difíciles de hacer. Por ejemplo, disfrutar que no hay internet, y que uno puede sentarse en un café a leer un libro sin estar pensando que en Facebook sucede esto, que en twitter ya pasó esto, que las páginas web de los periódicos dicen esto y dos segundos después dicen esto otro. A eso me gustaría regresar, aunque sólo un poco: hoy la vida sin la tecnología nos es vida. Al menos para muchos.

Así pues, cuando niño:

* Tenía una televisión a blanco y negro. No había controles. Había que pasarse a cambiar de canal, que eran reducidos. No había sistema de cable, y uno veía solamente Televisa e Imevisión. TV Azteca no existía aún.

* Mí música estaba en cassettes y discos de acetato. Nada de bluetooth ni de reproductores de mp3.

* No tuve computadora hasta los 19 años. Y sobreviví.

* Nada de autos con GPS.

* Por supuesto, no tuve teléfono celular hasta los veintitantos años. Y de los teléfonos inteligentes ni los imaginábamos en las locuaces elucubraciones de ciencia ficción que tenía con mis amigos.

* Los buscadores en las bibliotecas eran por tarjetas, es decir, no había computadoras que te dieran las referencias de los libros que buscabas.

* Los hornos de microondas eran enormes, pesadísimos, y calentaban menos que los de hoy.

* No había procesadores de textos, así que no había correctores de ortografía. La máquina de escribir (había ya eléctricas) era lo único que se tenía.

Las prácticas que antes teníamos (hace alrededor de diez o veinte años) se han transformado radicalmente. Eso es algo que no había sucedido. Antes, los cambios tecnológicos eran, digamos, más pausados, más lentos, más con tiempo para asimilarlos. Hoy ya no: hoy todo cambia tan rápido…

Desgraciadamente, esos cambios tecnológicos no han llegado a todos, y eso hace que las sociedades, de por sí injustas antes, ahora lo sea más.

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