Por: Redacción
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Su imagen circula de mano en mano, todos los días, entre millones de mexicanos. Sus versos se repiten, usualmente tergiversados, en cada conversación que intenta reivindicar a la mujer. Sus obras dramáticas son rescatadas, de vez en cuando, por el teatro amateur. Un personaje reconocido por todos, aun si difìcilmente se lee fuera de las aulas, Sor Juana Inés de la Cruz es, en muchos sentidos, un símbolo de la historia culta de la Nueva España.
El ícono va más allá. Lo mismo se le menciona como un ejemplo a seguir por su dedicación a los estudios -astronomía, filosofía, matemáticas, mitología, música, pintura e historia- como por su visión de la mujer fuera del esquema moral preconcebido del siglo XVII y su lucha contra la misoginia de personajes religiosos de la época.
Nacida en 1961, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana resaltó desde joven por su entrega a los estudios y los buenos resultados que conseguía. En su adolescencia, entró a la corte virreinal de Antonio Sebastían de Toledo, Marqués de Mancera, en la que tuvo cercanía con distintos intelectuales y que marcó gran parte de su producción creativa.
Su vida bajo la protección de la corte le facilitaría el acceso a personajes reconocidos como sabios, así como a un estilo de vida que no se creía apto para una monja. Bajo la tutela de Antonio Nuñez de Miranda, entró a la Orden de San Jerónimo, donde tuvo la oportunidad de estudiar y escribir. Al mismo tiempo, la laxitud de la Orden le perimtía atender a tertulias, lo que molestó a Nuñez de Miranda, su confesor, quien la creía atada a pensamientos mundanos.
En su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, defiende su trabajo intelectual -criticado por varios por su lejanía con lo divino- y defiende el derecho de la mujer a la educación. En muchos sentidos, valoraba su independencia intelectual por sobre muchas otras cosas. Sin embargo, al final de sus días hubo un cambio radical en su persona: Sor Juana abandonó la escritura y se dedicó a la contemplación mística. Se cree que, por orden de Antonio Nuñez de Miranda, Juana Inés abandona su trabajo creativo y se deshace de su biblioteca personal.
Si bien no está circunscrita a la historia de México, fueron personajes como Amado Nervo y Octavio Paz, en distintos periodos del siglo XX, quienes trajeron la obra de la Décima Musa a la época posvirreinal. Sujeta siempre a interpretaciones, la historia de Juana Asbaje ha sido idealizada tanto como el retrato -repetido ad infinitum- que se tiene de ella en su etapa como monja. Hoy, 17 de abril de 2013, se cumplen 318 años de su muerte. El mejor homenaje puede ser, únicamente, la lectura.
ESTOS VERSOS LECTOR MÍO
Estos versos, lector mío,
que a tu deleite consagro,
y sólo tienen de buenos
conocer yo que son malos,
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos,
porque eso fuera querer
hacer de ellos mucho caso.
No agradecido te busco:
pues no debes, bien mirado,
estimar lo que yo nunca
juzgué que fuera a tus manos.
En tu libertad te pongo,
si quisieres censurarlos;
pues de que, al cabo, te estás
en ella, estoy muy al cabo.
No hay cosa más libre que
el entendimiento humano;
pues lo que Dios no violenta,
por qué yo he de violentarlo?
Di cuanto quisieres de ellos,
que, cuanto más inhumano
me los mordieres, entonces
me quedas más obligado,
pues le debes a mi musa
el más sazonado plato
(que es el murmurar), según
un adagio cortesano.
Y siempre te sirvo, pues,
o te agrado, o no te agrado:
si te agrado, te diviertes;
murmuras, si no te cuadro.
Bien pudiera yo decirte
por disculpa, que no ha dado
lugar para corregirlos
la priesa de los traslados;
que van de diversas letras,
y que algunos, de muchachos,
matan de suerte el sentido
que es cadáver el vocablo;
y que, cuando los he hecho,
ha sido en el corto espacio
que ferian al ocio las
precisiones de mi estado;
que tengo poca salud
y continuos embarazos,
tales, que aun diciendo esto,
llevo la pluma trotando.
Pero todo eso no sirve,
pues pensarás que me jacto
de que quizá fueran buenos
a haberlos hecho despacio;
y no quiero que tal creas,
sino sólo que es el darlos
a la luz, tan sólo por
obedecer un mandato.
Esto es, si gustas creerlo,
que sobre eso no me mato,
pues al cabo harás lo que
se te pusiere en los cascos.
Y adiós, que esto no es más de
darte la muestra del paño:
si no te agrada la pieza,
no desenvuelvas el fardo.


