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A 40 años, Allende vive… la lucha sigue

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Rodrigo Rojo /@eneas

Natalia Antezana Bosques /@Natalia3_0

I. “Hasta siempre presidente”: a 40 años, Allende vive

“Para matar al hombre de la paz

para golpear su frente limpia de pesadillas

tuvieron que convertirse en pesadilla

para vencer al hombre de la paz

tuvieron que congregar todos los odios

y además los aviones y los tanques

para batir al hombre de la paz

tuvieron que bombardearlo hacerlo llama

porque el hombre de la paz era una fortaleza”

Mario Benedetti

(11 de octubre, 2013).- Salvador Allende nació en Santiago el 26 de junio de 1908, fue médico cirujano, profesión que ejerció hasta que comenzó a sobresalir en el partido gracias a su palabra clara y su buena disposición.

Diputado, Ministro de Salubridad -en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda- y Senador fueron los cargos políticos que tuvo antes de llegar a la presidencia de Chile en su cuarto  intento -4 de noviembre de 1970- gracias a una concertación de partidos de izquierda que buscaban una vía diferente para el desarrollo de Chile.

“Vengo de Chile, un país pequeño pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida […] En mi patria historia, tierra y hombre se funden en un gran sentido nacional”, fueron las palabras de en la tribuna de las Naciones Unidas.

Salvador Allende abrió “la vía chilena al socialismo”. Durante su presidencia realizó cambios tan profundos en el gobierno y en la sociedad de Chile que muchos dicen que la suya fue una revolución pacífica.

A diferencia del resto de los países de América Latina que estaban envueltos en procesos revolucionarios, la gesta que encabezó Allende se hizo a través de las urnas y venciendo al sistema en su propio juego.

Nacionalizó el cobre y generó una política de transformación de las estructuras económicas del país, entre otras cosas, para depender cada vez menos de la “tutela” extranjera y redistribuir los ingresos entre todos en el país.

“Hoy es el Día de la Dignidad Nacional, y es también el Día de la Solidaridad. Es el Día de la Dignidad, porque Chile rompe con el pasado. Se yergue con fe en el futuro y empieza el camino definitivo de su independencia económica, que significará su plena independencia política”, dijo el presidente el 11 de julio de 1971.

También dio continuidad a la reforma agraria iniciada por su antecesor y en dos años expropió 4 mil 400 latifundios. De la misma manera presentó al congreso un proyecto de ley indígena que fue propuesto por las comunidades.

“Hoy culmina una larga lucha de las fuerzas populares, para recuperar para Chile el cobre, como su riqueza esencial; pero al mismo tiempo —y hay que repetirlo— queremos nosotros terminar con el latifundio, hacer que las riquezas mineras, no sólo el cobre, sean de nosotros. Estatizar los bancos y nacionalizar las empresas industriales monopólicas o fundamentales para Chile, estratégicas”, explicó Allende a su pueblo al informar sobre la nacionalización del cobre.

Pero la embestida del capitalismo no lo dejó caminar hacia más cambios. Los cañones de Estados Unidos se apuntaron inmediatamente hacia Chile. Atacaron económicamente, políticamente y, finalmente, con bombas dirigidas por traidores del propio ejército chileno.

Hace 40 años, el 11 de septiembre a las 07:55 de la mañana, a través de la radio Corporación, Salvador Allende dio un mensaje al pueblo, a su pueblo, a Chile. Calmado, hizo un llamado de alerta y pidió a sus trabajadores acudir a sus centros de trabajo, pues el presidente, haría lo propio en La Moneda.

“En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones”.

Los traidores que asesinaron al presidente no dudaron en hacer caer en pedazos al palacio de la Moneda para instaurar, en medio de humo y sangre, un régimen que les devolviera sus privilegios.

Pero Allende nunca dejó de confiar en el pueblo que lo hizo presidente. Hasta su último hálito se mantuvo luchando por un país que amaba profundamente. Las balas terminaron con su vida pero no con su legado. Su palabra comenzó a escucharse mucho más fuerte.

““¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

Dijo desde La Moneda, antes de que ésta fuese bombardeada.

II. Allende sigue paseando por las alamedas Latinoamericanas

Hoy sólo quedan los anteojos de Salvador. En el museo. Quebrados. Inmortales.

Pero en esos cristales rotos no se quiebra su legado. Salvador Allende, el presidente martir, le enseñó a Latinoamérica un camino desconocido y que en su tiempo se consideraba imposible: el de la paz.

Su palabra inspira ahora a los líderes de izquierda de América Latina.

Para Hugo Chávez, es imposible que el 11 de Septiembre pase “sin levantar las banderas de la batalla y la victoria”. Para Chávez, el presidente Chileno “enseñó la vía democrática al socialismo […] lo que está sucediendo ahora en Latinoamérica reivindica el intento de Allende y del pueblo chileno, el esfuerzo y el sacrificio supremo de aquel compañero”.

El presidente de Ecuador Rafael Correa, frente a la tumba de Allende, prometió seguir con su lucha y dijo que es un ejemplo para los líderes políticos de su generación.

Evo Morales, presidente de Bolivia, sigue un camino muy parecido al de Allende. Frente a una oposición salvaje que boicotea a su gobierno económicamente, “el Evo” continúa su búsqueda de soluciones para la crisis de su país. Como Allende, Evo cree que el Estado que gobierna puede ser transformado pacíficamente en una sociedad socialista.

Néstor Kirchner, siendo presidente de Argentina, visitó la tumba de Allende y depositó un clavel rojo, la flor de la revolución, en señal de respeto y reconocimiento a la lucha de “el Chicho” Allende.

Para los cubanos, la relación con Allende es más próxima. El fusil con el que Allende defendió la Moneda era regalo de Fidel Castro. Para la Revolución Cubana, el asesinato de Allende fue un duro golpe. Este año habrá grandes homenajes en las alamedas cubanas, en sus calles y hasta la televisión transmitirá especiales sobre el presidente chileno.

El ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva también era un profundo admirador de “el gran presidente Salvador Allende”, como lo llamó en un acto público en Chile. Las palabras de Allende también se cuelan en su discurso cuando dice que “es importante multiplicar a luchadores y luchadoras para que no haya retrocesos en América Latina”. Defender las victorias que se han ganado en las urnas es necesario para mantener el sostenido avance de la región.

Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, quien busca ser reelegida este año, ha dicho que Allende es  “un presidente que supo entender las grandes urgencias de las chilenas y chilenos y que esperaba que nuestro país, a partir de sus tradiciones, creará los mecanismos para hacerse cargo de ellas”.

Marcel Claude, candidato presidencial chileno por el Partido Humanista, incluso ha solicitado que la céntrica avenida Moneda, en Santiago, pase a llamarse Salvador Allende y, en un acto que conmemoró el 43 aniversario del triunfo electoral de Allende, cambió el nombre de la calle con un adhesivo.

Incluso, en México, Andrés Manuel López Obrador retoma sus palabras en un mitin  auniversitarios en la plaza de Tlatelolco: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Durante las dos campañas presidenciales

Pero, quizás más importante sea el legado de Allende que camina entre los jóvenes que nunca lo conocimos, los que todavía marchamos recordándolo y quienes seguimos escuchando sus palabras y leyendo sus textos. Allende sigue viviendo en quienes creemos que este hombre de la paz, como lo llamaba el poeta uruguayo Mario Benedetti, sigue siendo un pueblo.

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