En el marco del 69 aniversario del Tratado de Tlatelolco, firmado el 14 de febrero de 1967 y vigente desde 1969, el gobierno de México subrayó la relevancia histórica y política de este acuerdo que convirtió a América Latina y el Caribe en la primera región densamente poblada libre de armas nucleares, particularmente en el contexto del bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba y las tensiones que marcaron la Guerra Fría.
Durante la conferencia del 3 de febrero de 2026, el asesor político de la Coordinación de Comunicación Social de Presidencia, Jesús Agustín Silván Reyes, recordó que el tratado fue impulsado por México en uno de los momentos más críticos del siglo XX, cuando la Crisis de los Misiles de 1962 colocó al mundo al borde de una confrontación nuclear tras la instalación de misiles soviéticos en territorio cubano y la amenaza directa de Estados Unidos contra la isla.
La presidenta Claudia Sheinbaum destacó que, ante ese escenario de riesgo global, México desempeñó un papel central en la construcción de una política regional de paz. Recordó que Alfonso García Robles, entonces secretario de Relaciones Exteriores, encabezó los esfuerzos diplomáticos que permitieron convencer a los países de América Latina y el Caribe de excluir de manera permanente los arsenales nucleares de sus territorios, con el objetivo de evitar que la región volviera a ser escenario de un conflicto de esa magnitud.

El Tratado de Tlatelolco, cuyo nombre oficial es Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, establece el compromiso de los Estados firmantes de no desarrollar, fabricar, adquirir, ensayar ni desplegar armas nucleares en tierra, mar, aire o espacio bajo su jurisdicción, y de utilizar la energía nuclear exclusivamente con fines pacíficos. El acuerdo ha sido ratificado por 33 países y dio origen al OPANAL, organismo con sede en la Ciudad de México encargado de verificar su cumplimiento, en coordinación con el Organismo Internacional de Energía Atómica.
En relación con Cuba, se recordó que la isla no se adhirió al tratado durante décadas, entre 1967 y 2002, al considerar que la hostilidad y el bloqueo económico de Estados Unidos hacían incompatible su incorporación plena a un esquema de desnuclearización regional. Fue hasta el 23 de octubre de 2002, bajo el gobierno de Fidel Castro, cuando Cuba ratificó el Tratado de Tlatelolco y se sumó también al Tratado de No Proliferación Nuclear.
Aunque el tratado no regula sanciones económicas ni bloqueos comerciales, México y otros países de la región han recurrido a sus principios, así como a la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz adoptada en 2014, para sostener en foros como la ONU y la CELAC que el bloqueo a Cuba resulta incompatible con los valores de paz, cooperación, no intervención y soberanía regional que el acuerdo promueve.
A casi siete décadas de su firma, el Tratado de Tlatelolco continúa siendo presentado por México como uno de los pilares de su política exterior pacifista y como un referente internacional de desarme, cuya vigencia cobra especial significado frente a conflictos globales y medidas unilaterales que, desde la perspectiva regional, amenazan la estabilidad y la convivencia pacífica en América Latina y el Caribe.


