Luis Urquieta / Hacer en común
(27 de diembre, 2013).- La lógica indica que la riqueza y el consumo no pueden crecer ilimitadamente, sin embargo el sistema económico prevaleciente dice lo contrario. ¡Siempre hay que crecer!, y tal postulado, se ha vuelto la raíz de la crisis ambiental que hemos generado. Ante tal contradicción, ¿No sería más sensato rechazar el crecimiento y aprender a vivir con menos recursos?
La pregunta anterior ha dado origen al concepto de decrecimiento, corriente de pensamiento político, económico y filosófico que busca promover una disminución controlada de los medios de producción, con la finalidad de minimizar la masiva extracción de recursos naturales y, sobretodo, desalienar al individuo del consumo vano por la adopción de una vida sencilla, que no genere angustia material y permita alcanzar la plenitud sin dañar al planeta.
El decrecimiento es visto como un proceso natural, todo lo que crece, forzosamente llegará a un punto de inflexión. Y aunque por ahora es difícil precisar en qué punto del crecimiento nos encontramos como civilización global, sí podemos adoptar acciones concretas en nuestro estilo de vida. Tenemos la libertad para hacerlo y motivos suficientes para considerarlo.
A continuación enumeraré consejos prácticos para llevar una vida sencilla, plena, creativa, con una huella ecológica mínima.
1. Vivir con simplicidad. Los lujos y los excesos nos conducen a una satisfacción efímera. La riqueza genera cierta seguridad, no obstante centrar la vida en obtener dinero, nos hace descuidar aspectos trascendentales para la existencia humana, como pueden ser las relaciones sociales, los vínculos familiares y la creatividad artística. Además, vivir de manera sencilla es una pequeña forma de contrarrestar la aberrante desigualdad de nuestro mundo. Debemos cambiar la concepción de riqueza: rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.
2. Reparar en lugar de reemplazar. El consumismo compulsivo impulsa a millones de personas que, entregadas al mercado, ansían estrenar ropa, celulares, computadoras y decenas de productos más. Reemplazar objetos innecesariamente puede ser emocionante, pero resulta más costoso para el planeta en el mediano plazo. Por otra parte, podemos ganar identidad y enaltecer nuestros recuerdos con objetos viejos, reutilizarlos y repararlos puede hacernos sentir útiles y ahorrar dinero.
3. Consumir inteligentemente. Es imposible dejar de consumir, necesitamos comer, vestir (aunque esto se debata en climas tropicales) y hacernos de ciertas comodidades que dependen de cada persona. No obstante, en lugar de dejarnos seducir por la publicidad, descuentos o supuestas promociones, podemos orientar nuestro consumo a lo verdaderamente necesario. De preferencia productos o actividades que no sean nocivas para el ambiente. Si queremos ser meticulosos con nuestros consumo, cada vez hay más información disponible en Internet. Además, consumir de manera selectiva, nos permite ahorrar dinero.
4. Saber utilizar el tiempo libre. En una sociedad orientada a la producción y trabajo, el desempleo es significado de ansiedad. ¡Time is Money!, es una frase típica del capitalismo estadounidense; no obstante, el tiempo libre es necesario para nuestra salud psíquica y creatividad. Hay tanto por hacer en la vida, que atenerse a una rutina laboral es dejar a un lado la maravillosa variedad de lugares que podemos conocer o actividades que podemos realizar. Hoy en día, la educación institucionalizada ha orientado a los profesionistas a un aspecto muy puntual del conocimiento, lo cual ha permitido grandes avances tecnológicos y científicos; sin embargo, no tengamos temor en explorar todo tipo de experiencias, no somos unas máquinas condicionadas a actividades específicas. Pensemos en las grandes mentes del renacimiento, cuando se anhelaba alcanzar la totalidad del conocimiento. La curiosidad y aprendizaje diario genera grandes satisfacciones y una visión holística de la vida.
5. Promover la gratuidad. Dar sin esperar nada a cambio es un gesto poderoso que enaltece y promueve la solidaridad social. Asimismo, podemos pasar días extraordinarios sin la necesidad de gastar mucho o nada de dinero, es cuestión de organizarse. Además, hoy en día, con conexión a Internet, podemos acceder y compartir gratuitamente todo tipo de información: películas, artículos, cursos y tutoriales de toda disciplina. En pocas palabras, gran parte del conocimiento se está universalizando y es gratis.
6. Repensar los deseos. Psicológicamente, tendemos a desear aquello que es escaso o caro, sin embargo lo barato o lo abundante puede ser también excelso. Es probable que si lloviera oro, en algún punto nos hartaría y lo barreríamos fuera de nuestras casas. Entonces, ¿por qué le damos tanto valor a ciertos productos o a ciertos deseos? En realidad, lo sublime está al alcance de nuestras manos: las amistades, la comida, los atardeceres y el potencial creativo. Es cuestión de trabajar nuestra sensibilidad y capacidad de asombro.
7. Revalorizar lo local. Tendemos a añorar lo exótico y lejano sin considerar que los productos que viajan largas distancias cargan una mayor huella ecológica, debido a que su traslado implicó la utilización de más energía. En este contexto, comprar local ayuda a disminuir la quema de combustibles fósiles.
8. Integrarse a la comunidad. La dinámica social, con rutinas de trabajo absorbentes y la alienación obsesiva con el entretenimiento que ofrece Internet o la televisión, han construido individuos cada vez más ensimismados, individualistas e incluso egoístas. Es importante alimentar el tejido social, dialogar con los vecinos, sociabilizar, tener disposición de escuchar y aprender de los demás. Cada persona representa un mundo nuevo, por lo que podemos atesorar gran sabiduría si conseguimos construir empatía con nuestros semejantes. El diálogo y las actividades grupales, sin jerarquías, humanizan y ennoblecen.
9. Construir y fortalecer vínculos de largo plazo. Las amistades son aquellos vínculos afectivos que pueden dotar de sentido nuestra existencia, compartir con otro nuestros sueños, fantasías, risas y llanto, nos hace revalorar lo aprendido y nos impulsa a construir caminos comunes. Las amistades son, ante todo, constancia y confianza, valores que implican dedicación, en ocasiones sacrificio, pero que, en el fondo, nos permiten tener una red de apoyo que fortalece nuestra seguridad.
10. Plantar nuestra propia comida Una de las medidas más coherentes del pensamiento decrecionista es la búsqueda de la autosuficiencia, postulado difícil, pero que, con ciertos matices, podemos intentarlo, incluso con la necesidad esencial de la vida: nuestra propia comida. Las ciudades han roto el vínculo ancestral entre el ser humano y la tierra, sin embargo, poco a poco ha venido proliferando el deseo por construir huertos urbanos en azoteas, patios, e incluso calles. Estos cultivos nos permiten sensibilizarnos con los procesos naturales y orgánicos de las verduras o frutas que comeremos.
11. Movernos en bici
El uso de combustibles fósiles revolucionó la manera de movilizarnos, las distancias se acortaron y las ciudades se adecuaron para darle cabida a los automóviles; sin embargo, el encantamiento por estas máquinas, nos llevó a adaptarnos a una constante contaminación auditiva y atmosférica. Además, el carro particular, aunque funcional, tiene enormes desventajas económicas y ambientales, si se compara con un invento más antiguo: la bicicleta. Moverse en bici nos permite andar libremente, sin el estrés del tráfico, estacionarnos donde queramos, ser más puntuales, hacer gastos mínimos de mantenimiento, no contaminar y no requerir de otra energía más que la nuestra.
El cambio más importante y trascendental está en nosotros mismos.





