(04 de abril, 2014).- Ante la grave emergencia del país y la amenaza de continuar con la entrega de nuestros recursos, territorios y riquezas con la Reforma Energética que promueve el gobierno, mencionó Adolfo Gilly, catedrático emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la solidaridad, la indignación y la unión del pueblo mexicano, deben ser factores que logren, pero sobre todo, que deban, evitar el despojo de la nación.
Sin embargo, a decir del historiador, la situación que atraviesa México se trata de un cambio cualitativo en la mercantilización de los vínculos sociales que a su vez es empujado por la disolución de toda solidaridad; privatización de los servicios de salud, de la educación, de la jubilación, antes instituidos como derechos; imposición de la flexibilidad laboral, precarización de contratación, alargamiento de la jornada laboral, desmantelamiento de los contratos colectivos y los derechos del trabajo.
“En otras palabras, la destrucción de un mundo de socialidades humanas antes conquistadas y establecidas no sólo como derechos sino como niveles civilizatorios de las relaciones entre los humanos”, señaló durante la conferencia El tiempo del despojo: Poder y territorio llevada a cabo en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles.
El despojo, a decir de Gilly, ha sido un proceso histórico que ha atravesado la historia del capital desde la conquista de América y el acercamiento de las tierras comunales en la Inglaterra de los siglos XVI al XVIII, hasta el saqueo colonial y los modernos mecanismos tributarios del sistema financiero internacional.
El académico, tal como lo establece en su texto del mismo nombre que la ponencia, publicado el 15 de febrero pasado, indicó que todos los casos históricos de despojo han sido sostenidos siempre por la violencia estatal, además, han pasado por la destrucción de otras matrices civilizatorias y por la incorporación de productores antes autónomos en la red salarial del mercado capitalista.
“Este nuevo despojo adquiere su expresión condensada en la oleada de privatizaciones de bienes y servicios públicos de los últimos 30 años: tierras, medios de comunicación y transporte, telecomunicaciones, banca y servicios financieros, seguridad pública y servicios militares, petróleo y petroquímica, minas y complejos siderúrgicos, sistemas de seguridad social y fondos de pensión de los trabajadores, puertos, carreteras, sistemas de agua potable, represas, energía, hasta el proceso perverso a lo largo y ancho de América Latina de la imposición sin fronteras de la minería a cielo abierto, destructor de la naturaleza y de las vidas humanas”, explicó.
El académico universitario recuerda como fundamental el llamado que el pasado 19 de septiembre hicieron destacados personajes de la vida política, académica, social de este país; entre ellos, el obispo Raúl Vera, los ex candidatos presidenciales Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano; el ex rector de la UNAM, Pablo González Casanova; el padre Miguel Concha, el cual consideró que fue un grito de alarma ante el reciente despojo de la nación en materia energética.
En su momento, recordó Gilly, se trató de evidenciar que la Reforma Energética no sólo significa entregar al capital y al dominio extranjero, áreas vitales de la economía nacional, sino rendir defensas militares elementales, abrir la soberanía nacional a las ambiciones, los intereses y las necesidades bélicas de EE.UU. y con ello revertir la expropiación petrolera de 1938, como en su momento Carlos Salinas revirtió la Reforma Agraria de 1936.
Si bien el historiador destacó al capitalismo y la globalización como factores predominantes en las finanzas actuales del país, también enfatizó las reacciones sociales que han traído consigo: movimientos y explosiones sociales que han creado renovadas formas de organización, solidaridad, resistencia y rebelión.
“Para percibirlo basta abrir la ventana, recorrer los caminos y agudizar la mirada y los sentidos. Este proceso lleva tiempo y sigue al precedente, pero es también necesario e inescapable, tanto como la reproducción del trabajo viviente en los innumerables mundos de la vida”, indicó Gilly.
Si bien el también periodista dijo no tener una respuesta ante el actual proceso de despojo, en varias ocasiones recordó a Jorge Luis Borges cuando éste expuso: “razonar con lucidez y obrar con justicia es ayudar a los designios del universo, que no nos serán revelados”.
Luego de un silencio, Adolfo Gilly concluyó: “En estos tiempos impíos y en este mínimo planeta amenazado, razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación, el fervor y la ira, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta, pues el presente estado del mundo de los humanos es intolerable; y si algo la historia nos dice, es que, a su debido tiempo, no será más tolerado”.


