Parecían policías, pero jugaban del otro lado. Cuatro ex agentes estatales de Puebla fueron detenidos tras meses de investigación que los vinculan directamente con el crimen organizado. Su labor no era proteger a la ciudadanía, sino servir como informantes, cómplices y encubridores de actividades delictivas, incluyendo el asesinato de policías.
La noticia fue confirmada este viernes por el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien detalló las actividades de los implicados:
“Se encargaban de dar información y protección a grupos criminales, además de obstaculizar investigaciones relacionadas con homicidio y distribución de droga”.
¿Quiénes son?
Los ex policías detenidos son Ismael Franco Lucero, Hugo Salas Palacios, Diego Sánchez Juárez y José Manuel Lechuga Flores. Los cuatro contaban ya con órdenes de aprehensión por su presunta colaboración con bandas criminales que operan en Puebla y sus alrededores.
No solo facilitaban movimientos, rutas y operativos criminales, también están señalados por relacionarse con el homicidio de dos policías ocurrido en marzo, así como con una agresión armada contra elementos de seguridad en febrero.
El operativo
La captura de los cuatro ex agentes no fue un trabajo menor. En el operativo participaron elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), la Secretaría de Marina (Marina), la Fiscalía General de la República (FGR) y autoridades estatales de Puebla.
El despliegue fue parte de una estrategia nacional contra servidores públicos corruptos, que García Harfuch calificó como “resultado de meses de trabajo e inteligencia conjunta”.
“Agradecemos el apoyo y colaboración del gobernador Alejandro Armenta para llevar a cabo esta acción”
Publicó García Harfuch desde su cuenta oficial en X (antes Twitter).
Policía por fuera, criminal por dentro
La caída de estos ex elementos pone sobre la mesa un problema que no es nuevo, pero que sigue vigente: la infiltración del crimen organizado en cuerpos de seguridad locales.
Durante su tiempo como policías estatales, los hoy detenidos habrían actuado como dobles agentes, filtrando operativos, bloqueando investigaciones, encubriendo agresores y protegiendo estructuras delictivas. Y lo más grave: se les señala como cómplices en crímenes contra sus propios compañeros.
Aunque aún no se ha confirmado públicamente a qué grupo delictivo servían, fuentes federales apuntan que sus vínculos estaban bien establecidos, con jerarquía y funciones definidas.
Investigación abierta
Las autoridades continúan profundizando en las redes de complicidad que rodean a estos ex policías. No se descartan más órdenes de aprehensión ni nuevos operativos para desmantelar estructuras criminales infiltradas en las instituciones de seguridad.
La caída de estos cuatro nombres abre un nuevo capítulo en la lucha contra la corrupción policial y muestra que el crimen ya no siempre opera desde las sombras, a veces lo hace con uniforme.
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