(13 de agosto, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “Desde muy pequeño mis padres siempre me inculcaron buenos principios y valores, fundados en el respeto, la responsabilidad, la honestidad y el estudio. Con gran esfuerzo de mis padres y el mío, termine la carrera de profesor educación primaria, en 1986. Durante más de 27 años de servicio continuo, serví a la educación a favor de la niñez, siempre mi desempeño fue de manera responsable, honesta y dando lo mejor de mí en las actividades y funciones encomendadas.
A partir de aquel obscuro atardecer del 17 de mayo de 2013, mi vida y la de mi familia cambió por una gran injusticia, ese día fui detenido violentamente por un operativo de la Policía Federal sin haber cometido algún delito, convirtiéndome en un desaparecido por más de 30 horas”. (Mario Olivera Osorio, maestro, luchador social y preso político).
“Nunca hemos cometido delito alguno, nuestro único y más grave delito, ha sido pertenecer a la Sección 22 y defender los derechos a través de la lucha social”, afirmó el maestro Mario Olivera Osorio, mientras veía a su esposa, Rosalba Bohórquez Alcázar, también profesora, quien lloraba inconsolablemente, al no entender por qué a su compañero de vida, quien había ejercido durante 27 años la docencia, sin antecedentes penales y sin prueba alguna, había sido acusado de secuestro.
“…De lo que me pueden acusar es de pertenece a la Sección 22 y luchar siempre en comunión con los trabajadores en defensa de sus derechos laborales sindicales y mejores condiciones de vida, en defensa de la educación pública y por la democratización de nuestro gremio y estar apegado a los movimientos y causas sociales justas de nuestro pueblo.
Hoy a tres años de ser privado de libertad y vivir esta injusticia, alzo mi voz desde las entrañas del penal federal del estado mexicano, clamando libertad y justicia, hoy alzó la voz en contra de las injusticias, la tortura e impunidad, por la libertad de presos políticos en defensa de los derechos y dignidad humana…”
Con la reforma educativa recién promulgada por Enrique Peña Nieto, las movilizaciones del magisterio no se hicieron esperar en todo lo largo y ancho del país, los maestros volvían a convertirse en ese multitudinario contingente de voz firme y amplia, que se negaba a agachar la cabeza y acatar órdenes, que dijeron, “fueron dictadas por empresarios que buscan privatizar la educación”, la respuesta del gobierno fue la represión selectiva.
Durante la tarde del viernes 17 de mayo y la madrugada del sábado 18 del 2013, se llevaron a cabo distintos operativos en Oaxaca, los cuales tenían como objetivo principal, la detención arbitraria de maestros ya seleccionados por el Estado, en quienes veían una posible fuerza de lucha y por lo tanto, un blanco para debilitar el movimiento, aseguró el magisterio.
Cinco fueron los maestros y activistas, pertenecientes a la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y del Frente Amplio de Comunidades Marginadas del Estado de Oaxaca (FACMEO), quienes de manera violenta fueron detenidos en aquella fecha. Uno de ellos era el maestro Mario Olivera Osorio, que al igual que a sus otros compañeros, se le acusó (sin pruebas) de formar parte de una banda delincuencial y ser un secuestrador.
Al salir de una reunión y ya habiendo conducido un tramo en su automóvil, tres unidades lo interceptaron, cerrándole el paso, de ella un grupo de hombres vestidos de civil y con armas largas, “le apuntaron y cortaron cartucho”, fueron directamente hacia él, lo bajaron de manera violenta mientras le cubrían la cabeza y amarraban sus manos. Mario creyó que era un secuestro.
En ningún momento quienes llevaron a cabo la detención mostraron una orden de aprehensión de alguna autoridad para proceder a privarlos de su libertad, ni explicaron la razón de la detención. Al maestro Mario, le quitaron su camioneta, teléfono celular, dinero y otras cosas de valor.
Según narra la maestra Rosalba Bohórquez Alcázar, a Revolución TRESPUNTOCERO, fue aproximadamente a las cinco de la tarde cuando lo detuvieron, inmediatamente lo tiraron en una de las camionetas, ahí fue cuando lo comenzaron a golpear, “al menor movimiento que él hacía le daban patadas en el abdomen o lo pisaban”.

“Fue muy violento el operativo, es algo que la verdad no quiero recordar, fue algo muy muy difícil, la violencia sobre todo con la que someten, yo había escuchado antes que actuaban de manera violenta pero ese día lo viví, lo experimenté, es algo que lo tengo muy, muy, muy grabado, cómo llegan, cómo me agarran y me humillan, me tiran, me jalan, violan mi dignidad como persona.
Me ponen la bota encima, me aplastan mi cabeza, cuando yo trato de hablar, me dijeron ‘cállate cabrón porque si no te lleva toda la chingada’ y me aplastan y al menor movimiento que yo hacía o quería yo moverme porque pues iba con la posición incómoda, era codazo, era rodillazos, las daban en las piernas por lo regular o acá en el estómago acá en esta parte del costado. El maltrato fue todo el tiempo, en ningún momento se portaron bien, si no, todo el tiempo fueron golpes, jalones, insultos”, narró el maestro Mario Olivera Osorio.
El docente estuvo desaparecido aproximadamente 40 horas, “no lo encontrábamos, lo buscamos en hospitales y dependencias policiacas en Oaxaca, pero nadie nos dio razón, en tanto nosotros seguíamos pensando que había tenido un accidente. El calvario siguió, porque a Mario lo llevaron a una casa de seguridad, donde lo continuaron torturando física y psicológicamente.
Si él intentaba hablar o moverse le propinaban muchísimos golpes en el abdomen, en las piernas, en la espalda y en la cabeza, que son lugares donde no se ve la tortura. Además de esto, en algún momento lo bajaron de la camioneta, lo pusieron a un costado de esta y comenzaron a tomarle varias fotografías desde distintos ángulos”, afirma la maestra Rosalba.
Después de esto lo llevaron a un cuarto, en donde habían otras personas detenidas a quienes también estaban dañando físicamente; a Mario lo colocaron frente a la pared, aquella madrugada del 18 de mayo de 2013, para después decirle que le iban a tomar una declaración. En ese lugar le preguntan quién es, y después de decir que es maestro, pregunta de qué lo acusan y por qué lo detuvieron, sin recibir respuesta alguna.
En otro momento es enviado a otra sala donde lo esperaba un agente del ministerio público quien le dijo que tenía que cooperar, de lo contrario no sabía “hasta donde lo iba a mandar”. Y aunque el maestro dijo que ya se había identificado, el agente hizo caso omiso y le preguntó sobre un secuestro. Pero Mario no tenía nada que decir, por lo que volvió la tortura.
Tiempo más tarde, fue llevado a otro sitio, el cual el maestro identificó como el aeropuerto derivado del ruido de los aviones, ya que todo el tiempo estuvo amarrado de las manos y vendado de los ojos. De ahí lo trasladaron en un helicóptero de la Policía Federal directamente a la Procuraduría General de la República (PGR). Llegando a las 11 de la mañana a la SEIDO, donde fue interrogado sobre su vida laboral y personal, además de su familia, ahí también continuaron las torturas.
“Es hasta ese momento que le comunican que está detenido, pero en ningún momento lo pusieron a disposición del juez. Violando así sus garantías individuales, además de sus derechos humanos, ya que en todo ese día no le dieron de beber, mucho menos de comer y tampoco permitieron que se comunicara conmigo, sin contar que no le habían permitido ir al baño en ningún momento de todo el proceso.
Mientras tanto nosotros seguíamos sin saber dónde estaba Mario. Pero habíamos asumido que él estaba desaparecido, porque en Oaxaca ya es común que los maestros desaparezcan ‘de repente’, por lo que puse la denuncia por desaparición, sin embargo no me dieron informes que ya se encontraba en la PGR, fue hasta el sábado aproximadamente a las dos de la mañana, cuando a me habló Mario desde la Procuraduría, la llamada duró aproximadamente un minuto, me avisó donde estaba, y dijo que no sabía por qué se encontraba ahí; sin embargo, la persona que me lo comunicó me dijo que Mario estaba acusado de secuestro”, afirma Rosalba.
La maestra pudo ver a Mario, después de varios días, a las 11 de la noche en la SEIDO, “y efectivamente él me dijo, ‘estoy aquí pero no sé por qué, me hablan de un secuestro pero yo no hice nada, no te preocupes es una equivocación’, él no tenía porque decirme eso, yo sabía que las cosas no habían sido así, por lo que él estaba muy tranquilo pensando que todo era una equivocación”.
Al otro día la familia del maestro pidió informes, y se enteró que pusieron un abogado de oficio que descansaba los dos días siguientes, lo que para ellos fue a propósito para afectar la defensa del caso, ya que ellos no tuvieron comunicación con dicho licenciado y desconocían el escenario en que se encontraba Mario.
Después de una búsqueda exhaustiva lograron encontrar al abogado de oficio, quien dijo que a Mario nadie lo acusaba, “tiene este delito pero no sabemos por qué, vamos a presentar los alegatos señalando que nadie ha presentado pruebas en su contra o lo ha denunciado”. Sin embargo, el docente fue consignado y trasladado al penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco.
Esto porque en los alegatos que presentó el abogado de oficio, primero aplazaron el término constitucional, después afirmaron que operaba y finalmente se argumentó que los alegatos se encontraban a destiempo, por lo que lo consignaron, esto fue porque el abogado no los presentó de inmediato, ya que tenía dos días de descanso”.
Poco tiempo después, en la Procuraduría General de la República, a Rosalba le dijeron que su esposo no tenía imputado el delito de secuestro, sino el de delincuencia organizada, esto lo atribuye ella, a que no había elementos que comprobaran el plagio. A partir de ahí, el calvario se intensifica para la familia de Mario, no solamente porque estaba en un penal de máxima seguridad, sino también por la lejanía que existe entre Oaxaca y Jalisco.
Lo que ha significado un obstáculo más, ya que es difícil que lo vea su familia de manera constante y en su momento, tuvieron que esperar un mes para poder verlo. A Mario le negaron un amparo y la revisión de éste. Otro punto más en su contra, porque los policías declararon solamente hasta después de dos años, y cuando lo hicieron mintieron.
“Categóricamente y de manera falsa, dijeron que fueron dos policías los que detuvieron a Mario, y a otros dos maestros cuando eso es falso. Porque prácticamente fue un grupo armado quienes los interceptaron de manera violenta, los torturaron y sin una orden de aprehensión los levantaron, violando sus garantías individuales.
Sin embargo, han habido ya varios careos con las 13 personas involucradas en el caso y ninguna de ellas ha señalado como culpable a Mario. Él ya no debería de estar ahí, pero seguimos el proceso porque queremos que se compruebe de manera clara, que mi esposo no es ningún delincuente. Mi esposo tiene 27 años al servicio del educación ininterrumpidos, y desde siempre ha participado en la lucha magisterial de la sección 22, por la defensa de los derechos laborales de los docentes”, asegura la maestra Rosalba.
Quien tiene dos hijos; una joven de 20 años y un menor de edad de 16 años. Entre lágrimas, y haciendo un esfuerzo para que la voz suene clara, afirma que para los muchachos ha sido una experiencia traumática, penosa y triste, que inició desde la primera impresión que tuvieron al ver a su padre en los medios de comunicación, en cadena nacional, donde era exhibido como un secuestrador.
“Violaron el principio de presunción de inocencia, lo violan garrafalmente porque ni siquiera está comprobado el delito y lo exhiben en distintos medios de comunicación, lo cual para mis hijos fue no solamente doloroso sino impactante, y al mismo tiempo les causó problemas en un inicio en los respectivos centros de estudios a donde asistían.
Lo más doloroso es que duró semanas la nota e incluso, aunque ya ha pasado años, continúan publicando notas donde siguen asegurando que mi esposo es un delincuente. Yo sé que el Estado es el que está metiendo las manos, porque si no fuera así, Mario no estaría en ese sitio, o ya hubiera salido por falta de elementos, es por eso que no tenemos duda que es el gobierno quien se está ensañando, y nosotros no tenemos manera de contraatacar, porque somos tan débiles ante un Estado que tiene todas las herramientas y todos los medios, nosotros no, y si quiere en cualquier momento nos pisotea o nos aniquila.
A todos los de abajo nos pisotea y más si somos trabajadores, y pertenecemos a un gremio, en estos momentos ser maestro y pertenecer a la sección 22 es sinónimo de delincuente. Por eso Mario sigue en prisión, pese a que el protocolo de Estambul demostró que padeció tortura física y psicológica”, puntualiza la maestra Rosalba.
El caso del profesor Mario Olivera Osorio ya se encuentra siendo analizado por la ONU, de salir la resolución pronto, el maestro tendría que quedar libre y el Estado asumir una reparación de daños.


