El día de hoy para su columna de El Financiero, Pablo Hiriart hace una comparación entre la candidatura presidencial de José Antonio Meade y Ricardo Anaya en referencia a los actos de corrupción en los que ambos se han visto involucrados.
Indica que nadie le ha pedido cuentas y por el contrario defienden a Anaya porque “goza de la indulgencia moral de intelectuales, académicos y medios que dicen estar contra la corrupción, pero sólo cuando es un adversario político”.
Por otra parte sería sencillo demostrar que las propiedades de José Antonio Meade sobrepasan sus ingresos y tirar su candidatura presidencial demostrando su vida que tiene en Estados Unidos “A Meade lo podrían tirar, fácil, si le encuentran que es dueño de una planta industrial. Fuera Meade” destaca el columnista.
Insiste en que Meade caería si se detectara que no tenía dinero para comprar el terreno y construir la nave industrial que vendió a una empresa fantasma que se constituyó un mes antes de la operación
“En su casa, y sin salir de ella por un buen tiempo, quedaría José Antonio Meade si le comprueban que esa empresa fantasma a la que le vendió una planta industrial es de los empleados de un amigo suyo que no tienen capacidad de pago.”
El fin del candidato sería decir que no recuerda que empresa construyó el edificio para su fundación contra el autismo y que sea la misma compañía que le construyó la nave industrial que luego vendió a una empresa fantasma, sin embargo nada de eso ha sucedido y sería suficiente para sentarlo en el banquillo de acusados.


