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Aquel sábado

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Aquel sábado amanecía mientras una multitud continuaba la fiesta a la que acudió en las cercanías de Re’ím, un kibutz asentado cerca de la frontera con la Franja de Gaza en su parte central. Lo que parecía ser el final de un festival musical como muchos otros terminó de una manera que para los jóvenes congregados era imposible. Lo que nunca imaginaron sucedió y los sorprendió desprevenidos. Poco después del amanecer, la festiva multitud fue atacada por brigadas de Al Qassam, el brazo armado de Hamas, la autoridad electa en la Franja de Gaza.

Efectivamente, parece increíble que un ataque así fuera realizado por Hamas contra los israelíes. Pero no sólo fue atacado el puesto de vigilancia y control militar de las FDI aledaño al lugar del evento, sino varios puntos del territorio ocupado, sobre todo en la parte sur de Palestina. Un ataque coordinado con cohetes, comandos armados en motocicletas y paramotores mantuvo en vilo al ejército de Israel por más de 7 horas, en las que no fue capaz de ofrecer una respuesta articulada y eficaz. El mejor ejército y el sistema de vigilancia, espionaje y control social más sofisticados del mundo fueron incapaces, primero,  de prevenir el ataque de unos cuantos guerrilleros y, sobre todo, de responder con eficacia.

La guerra mediática

De inmediato, la prensa occidental atiborró a sus audiencias de noticias sobre lo sucedido. Todas, sin excepción comenzaban con capitulares como “los terroristas de Hamas masacran a jovenes indefensos; miles de muertos”. “Hamas toma rehenes y masacra a mujeres y niños”. “Israel es víctima de los terroristas palestinos”.

A dos meses de distancia, ese sigue siendo el discurso. Para la prensa y la clase política occidental, el 7 de octubre comenzó la historia de Palestina, de Hamas y de Israel. 75 años de ocupación militar y limpieza étnica no significan nada para quienes todo comenzó con un ataque “terrorista” contra judíos indefensos.

A la par de ese “mantram”, de las filas de la inteligencia israelí, británica y norteamericana, surgieron noticias paralelas de los “horrores” cometidos por Hamas. Las imágenes divulgadas son terribles. Para cualquiera que no esté al tanto de lo que ha venido sucediendo en Palestina desde hace años, sin duda es execrable que sean atacadas personas indefensas y desprevenidas.

Las autoridades israelíes fijaron en 1,400 las víctimas fatales (más tarde corrigieron 1,200) y divulgaron historias macabras. A los dos días del ataque de Hamas, un soldado israelí aseguró a la TV norteamericana haber visto a 40 bebés decapitados. No mostró evidencia y la “periodista” no se la pidió. La noticia ha corrido como reguero de pólvora en todo el mundo y a la fecha sigue siendo un leit motiv israelí para justificar su proceder, y de occidente para apoyarlo. Otros soldados aseguraron que las mujeres fueron violadas y torturadas. El video de una mujer, aparentemente sin vida y “semidesnuda” siendo trasladada en una camioneta por los “terroristas”, también fue difundido masivamente, como parte del “argumento”.

El Presidente de Estados Unidos y varios de sus principales funcionarios, el Primer Ministro inglés, el Secretario General de la OTAN, la Presidenta de la Comisión Europea, entre muchos otros funcionarios de primer nivel, al unísono, han repetido y condenado dichas “noticias”. El cinismo es escalofriante. Hoy está acreditado que es una mentira absoluta: no hubo tales bebés decapitados. El ejército tuvo que reconocer en días pasados que no hay ninguna evidencia de ese hecho, lo cual ya había confirmado el jefe inmediato del “testigo” desde el mismo día en que se difundio el bulo. Aún así Biden afirma haber visto las fotos. Más tarde, la madre alemana de la chica “desnuda” informó que estaba viva y había sido herida. Su desnudez es porque había asistido en traje de baño al evento.

Sin embargo, casi en papalelo a la propaganda oficial, las redes sociales y otros medios ”no alienados” se han encargado de dar a conocer otros aspectos, no sólo de ese día y los siguientes, sino de hechos y situaciones previas que modifican la lectura simplista (y terrorífica en sí misma) de la “víctima indefensa israelí” y el “terrorista” palestino.

Hay muchas víctimas sobrevivientes del ataque del 7 de octubre que de inmediato han dado a conocer aspectos que contradicen las historias oficiales. Hay quienes se han negado a reunirse con Netanyahu e, incluso, quien ha interpuesto denuncias penales en su contra por las muertes a consecuencia del ataque de octubre.

El caldero del diablo

Por supuesto, sólo de manera malintencionada se puede ocultar que Palestina es un territorio ocupado ilegalmente por un poder militar desde hace 75 años y que el desplazamiento forzado de la población local cumple casi siglo y medio. Los primeros colonos europeos que arribaron de forma organizada para arrebatar sus tierras a los palestinos llegaron a partir de 1880 y no han parado. Hitler y el sionismo alemán organizaron y financiaron durante seis años, de 1933 a 1939, la colonización forzada de Palestina. El Reino Unido utilizó al sionismo como punta de lanza para transferir la responsabilidad del territorio palestino a una autoridad afín y dependiente, capaz de cometer los actos más bárbaros sin que sus consecuencias apunten al Reino Unido.

El sionismo es la fuerza proxi de Inglaterra, que tampoco quería a los judíos, como lo fue para los nazis antes de la guerra, para deshacerse del “problema judío”. Un gobierno “bananero” tan brutal y salvaje como cualquier “gorilato” latinoamericano, pero con europeos judíos en medio del mundo musulmán -el verdadero objeto de su odio en común. Palestina no figuraba como destino para los primeros sionistas. Fue hasta intersección de los intereses coloniales ingleses en Medio Oriente, la intención nazi de expulsar a los judíos de Alemania y el propósito de la cúpula del sionismo de crear un Estado militar y supremacista, exclusivo para judíos, que Palestina fue elegida como destino, salvífico para el judaísmo, mortífero para el pueblo palestino.

A partir de 1948 la vida de los palestinos ha sido un Holocausto a fuego lento con hornazas periódicas. Comenzó con la invasión masiva de europeos judíos con apoyo militar y milicias terroristas creadas y entrenadas por ingleses y norteamericanos, que cometieron masacres al estilo nazi-ucraniano (las peores según los mismos nazis) y despojaron de sus tierras, viviendas, cultivos y panteones a más de un millón de palestinos. Desde entonces el Estado israelí no ha dejado de someter brutalmente a la población palestina. Hasta antes del 7 de octubre ya había poco más de dos millones de palestinos refugiados, la mayoría en Gaza, que han sido despojados de todo derecho, incluyendo el derecho a la vida.

La deshumanización sionista del pueblo palestino sigue el guión trazado por sus maestros: los nazis, que convencieron a media europa de que los judíos eran su mayor enemigo, que no tenían ninguna condición humana y que había que deshacerse de ellos. “Ningún judío es inocente”, decía Goebbels. “Ningún palestino es inocente”, dice hoy Benjamin Netanyahu, mientras llama a su “pueblo” a una guerra “santa” para exterminar a los “infrahumanos”, a los “animales” palestinos. Su “pueblo” son, en su mayoría, nacidos europeos, norteamericanos, canadienses, hasta mexicanos y argentinos.

En ese contexto, la presión israelí sobre Gaza y también en Cisjordania se ha incrementado cada día, luego de la masacre de 2018-19 cuando miles de palestinos marcharon pacíficamente en protesta por los abusos y crímenes de colonos y FDI y fueron atacados por causando cientos de muertos y miles de heridos. Los ataques arteros a ciudadanos indefensos, incluidos niños y ancianos aumentan cada día. En mayo de 2022, en una ofensiva en territorio palestino, las FDI asesinaron a la periodista Shirin Abu Akleh (en un ataque directo a 7 periodistas, transmitido en vivo) y agredieron, junto con la policía y colonos israelíes, a la procesión el día de su entierro.

Una de las agresiones más significativas fue la irrupción violenta al complejo de la Mezquita Al Aqsa, el 4 de abril de este año. El centro religioso de los musulmanes palestinos, erigido en el sitio donde según el Corán el profeta Mahoma se elevó al cielo, fue tomado por asalto por las tropas israelíes, mientras en su interior los fieles oraban. Varias decenas de mujeres heridas y vejadas, destrucción de objetos sagrados y varios detenidos fue el saldo de la agresión. Una afrenta enorme a un pueblo religioso y muy significativa para el sionismo: destruir la mezquita y construir en su lugar el Templo de David es una divisa político religiosa fundamental del colonialismo sionista. La irrupción violenta del las Fuerzas de Defensa (sic) Israelíes en la mezquita fue el anuncio de sus propósitos inminentes: destruir Palestina y su herencia musulmana. Por supuesto, eso significa eliminar al pueblo palestino.

Pero no se trata sólo de actos que ofenden y agreden a todo un pueblo, sino que hay cientos de afrentas y crímines cotidianos: días antes del 7 de octubre, un jurado de Israel absolvió de todo cargo al francotirador que asesinó a dos niños palestinos que jugaban a la pelota en Gaza. Desde su puesto de observación, grabó su crimen a través de la mira de su rifle y grabó también la conversación divertida con el soldado que lo acompañaba y alentaba a disparar. El video lo subió a sus redes sociales. La sesión en la corte que lo juzgaba y que dictaría sentencia parecía más una fiesta de cumpleaños. El pastel fue la absolución completa; hasta el juez festejó.

En otro episodio, colonos israelíes publicaron el video del festejo, con danzas y cánticos siniestros, del asesinato de una familia palestina y de su bebé en un atentado con bomba incendiaria contra su casa. La fotografía del bebé está ensartada en las armas de los colonos que perpetraron el crimen. Asesinar bebés y niños es un objetivo explícito de la doctrina militarista que rige la vida en Israel. El Ministro de Finanzas defendió a los jóvenes que divulgaron el video y llamó a no dejar vivo a ni un solo palestino: “No hay palestino inocente”. Recientemente, el gobierno sionista y la prensa usaron la foto de ese bebé para difundir el bulo de que Hamas había metido a un bebé israelí a un horno. Sin duda exhiben una psicopatía siniestra.

Por su parte, uno de los máximos rabinos sionistas de Tel Aviv prohibe la compasión hacia los bebés y el rabino del ejército, su líder espiritual, considera un deber moral matarlos porque son futuros terroristas. Otro “deber” es violar a las mujeres arábes para mantener en “alto la autoestima de los soldados”.

Los jóvenes colonos de los Altos del Golán se apuestan en los atardeceres para observar y festejar los bombardeos sobre Gaza. Empresarios sionistas organizan a nivel mundial viajes temáticos: tiro al blanco a fotografías de palestinos; observación exclusiva de la demolición de viviendas, bombardeos “all inclusive”, pornografía de guerra con bebidas y drogas sin límite y, claro, la suculenta oferta de nacionalizarte israelí y participar de la matanza con impunidad total y sin riesgo alguno: los blancos son siempre civiles indefensos. Diversión garantizada.

El 80% de los soldados del ejército israelí no nació, o viene de padres que no nacieron en Israel. El judaísmo que conocen es del manual sionista que expurgó los textos sagrados para construir su doctrina supremacista pseudoreligiosa y criminal. Su “renacimiento” como israelí, que con frecuencia implica cambio de nombre, pasa primero por el ejército. Su bautismo no es en las aguas del Jordán, sino en la sangre palestina.

Los testimonios de soldados israelíes arrepentidos y profundamente dañados en su integridad psicológica, moral y espiritual son demoledores. En redes abundan los testimonios de soldados desde hace más de 20 años como también muy recientes. Todos coinciden: la primera prueba es ser capaz de asesinar a mansalva, destruir una vivienda con sus ocupantes adentro o quemar un cultivo palestino. O todo junto.

Recordemos, además, que en Israel el servicio militar es obligatorio desde los 18 hasta los 51 años y que obligadamente deben sevir en el frente de dos a dos años y medio, al menos. Puedes ser llamado a filas en cualquier momento. Los “colonos” tienen acceso a armamento militar con el que atacan lo mismo a niños en su camino a la escuela, que a pastores y productores de olivo y a ancianas en las mezquitas.

En su Reporte sobre la Situación Humanitaria en Palestina, Unicef publicó lo siguiente: Entre enero y marzo de 2019,“fueron asesinados 8 niños y 897 fueron heridos en incidentes en Gaza. Desde la Gran Marcha del Retorno (30 de marzo de 2018), el total de niños asesinados por Israel ascendía a 52 con la insólita cantidad de 5,778 heridos, sólo en Gaza.

El 5 de abril de este año, en un comunicado de prensa, el Comité por los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino de la ONU afirmaba:

“Las políticas y prácticas ilegales de Israel han seguido afianzando su ocupación ilegal del territorio palestino que ocupa desde 1967, incluida Jerusalén Oriental, además la Franja de Gaza está gravemente aislada bajo un bloqueo que dura casi 16 años. Desde principios de 2023, Israel ha aumentado sus operaciones militares dentro del territorio palestino ocupado, lo que ha provocado la muerte de al menos 95 palestinos, incluidos 17 niños. La Oficina pide responsabilidad por todas estas violaciones”.

En julio de este mismo año, la organización Save the Children denunciaba:

“Los niños palestinos en el sistema de detención militar de Israel enfrentan abuso físico y emocional:

-cuatro de cada cinco (86%) de ellos son golpeados y el 69% son registrados al desnudo

-Casi la mitad (42%) resultan heridos en el momento del arresto, incluidas heridas de bala y huesos rotos.

-Algunos denuncian violencia de naturaleza sexual y otros son trasladados a los tribunales o a centros de detención en pequeñas jaulas”

Desde 1967, cuando la población palestina es regida por la ley militar israelí, los niños son imputables de delitos y encarcelados, aún sin cargos ni abogado defensor. Cada año, entre 500 y 1,000 niños son recluidos en centros de detención militar israelíes. La misma organización desglosa los abusos y su dimensión en cifras:

“-Durante el arresto, el 42% de los niños resultaron heridos, incluidas heridas de bala y huesos rotos, y el 65% fueron arrestados durante la noche, principalmente entre la medianoche y el amanecer.

-La mitad de todas las detenciones tuvieron lugar en el hogar de los niños. La mayoría de ellos experimentaron niveles atroces de abuso físico y emocional, incluidos golpes (86%), amenazas de daño (70%) y golpes con palos o pistolas (60%).

-Algunos niños denunciaron violencia y abuso de naturaleza sexual, incluidos golpes o tocamientos en los genitales, y el 69% informó haber sido registrados al desnudo. El 60% de los niños experimentaron confinamiento solitario con una duración que varía desde un día hasta 48 días.

-A los niños se les negó el acceso a servicios básicos, el 70% dijo que padecía hambre y el 68% dijo que no recibía ningún tipo de atención médica. Al 58% de los niños se les negaron visitas o comunicación con sus familiares mientras estaban detenidos.”

De acuerdo con la organización Defensa de los Niños Internacional/Palestina, desde el año 2000 hasta antes del 7 de octubre, 10,000 niños palestinos enfrentaron arresto y confinamiento en prisiones israelíes y 2,356 fueron asesinados. Sólo entre enero y septiembre de este año se triplicó el numero de niños abatidos con respecto a 2022 (pasó de 44 a 114).

El Sionismo, enemigo del judaísmo

Esto es lo que hace una fuerza de ocupación brutal e inmisericorde. Pero no sólo mata palestinos. Como en la preguerra, el sionismo condena a quienes considera inservibles o peligrosos. Medios isrealíes han dado voz a sobrevivientes del 7 de octubre. La historia oficial ya la conocemos. La otra historia, la verdadera, va saliendo a la luz poco a poco:

Los jóvenes “indefensos” en realidad eran, en su mayoría (80%), soldados en activo; el resto, colonos de pueblos cercanos.

El festival al que asistieron estaba planeado en otra zona; días antes fue cambiado. Se realizó en los terrenos de la base militar de observación y control de las FDI, cercana al kibutz de Re’im (ocupada por los europeos en la primera Nabka de 1948).

La destrucción del kibutz y las masacre fue cometida por los helicópteros apache, primero, y luego por los tanques israelíes. Los testimonios de sobrevivientes son incontrovertibles. Algunas de las imágenes y videos divulgados por el gobierno y el ejército sionista han resultado en pruebas en su contra. Por supuesto las han eliminado de sus cuentas oficiales. Las denuncias penales en contra del gobierno y en particular contra Netanyahu, tienen que ver con estos ataques.

Una tanquista israelí, que ingresó al kibutz a repeler el ataque de Al Qassaam, da ingenuamente su testimonio a la televisión y revela que no tenía entrenamiento adecuado y que les ordenaron disparar a mansalva, incluso sabiendo que había colonos israelíes, contra viviendas y vehículos. Los videos de los helicópteros apache tampoco dejan lugar a dudas y las autoridades han tenido que reconocer que son reales. Bombardearon indiscriminadamente a cientos de automóviles y personas que corrían a campo abierto. Ante la evidencia, un militar de alto rango justificó: “No queríamos que tomaran rehenes”.

Los sionistas mataron a su gente, antes de intentar siquiera rescatarla. El sionismo es el mayor peligro no sólo para los palestinos y musulmanes en general, sino para los judíos no sionistas. Un comentarista sionista de la televisión, en un arrebato desquiciado amenazó a todos los musulmanes con que Israel los destruiría, pero no se quedó allI. Amenazó con matar a todo aquel que apoye a Palestina en cualquier lugar del mundo, “Así vaya de traje”. “Podemos hacerlo; incluso haremos la guerra a Estados Unidos” alardeó. Las golpizas y el encarcelamiento de judíos no sionistas en Israel son cada día más violentas.

El mundo occidental ha dejado atrás toda cobertura ética. El jardín europeo avanza rápidamente en criminalizar hasta la palabra Palestina. Exhibir la bandera palestina es ya delito en Alemania. En Inglaterra, el exembajador británico, Craig Murray, fue encarcelado y enfrenta cargos por terrorismo por manifestarse en favor de Palestina y del derecho del pueblo palestino a resistir, incluso por las armas. En Estados Unidos, este fin de semana fueron arrestados 7 adultos mayores judíos, sobrevivientes directos del Holocausto, por manifestarse en contra del genocidio en Palestina; pueden enfrentar cargos de terrorismo. Lo mismo enfrentan acusaciones graves muchos de las personas que han participado en marchas y protestas, incluyendo a judíos ortodoxos. El Congreso acaba de aprobar una ley que equipara sionismo con judaísmo. Expresarte contra el sionismo se considera antisemitismo y delito de odio.

Pero no es sólo su actuación criminal ese 7 de octubre contra su propia población. De acuerdo con Los Ángeles Times, el New York Times confirmó que el alto mando israelí tenía conocimiento desde ¡un año antes! de los preparativos de Hamas para realizar un ataque fuera de Gaza, la operación “Muro de Jericó”. Al menos 3 meses antes del 7 de octubre, varias mujeres militares de las FDI, operadoras de los puestos de videovigilancia fronterizos, habían alertado a sus superiores de los movimientos de milicianos en la frontera y de sus “entrenamientos y prácticas”. Registraron incluso la voladura por Hamas de varias torres de vigilancia fronterizas de las FDI equipadas con cámaras, radares y telecomunicaciones.

Por otra parte, el periodista Seymour Hersh informó que días previos al atentado, las autoridades militares israelíes locales, con la aprobación de Netanyahu, ordenaron a dos de los tres batallones del Ejército, cada uno con unos 800 soldados, que protegían la frontera con Gaza, que se concentraran en el festival de Sucot, cerca de Cisjordania. Es decir, dejaron 50 kilómetros de frontera descubierta, abandonaron a los jóvenes y al kibutz a su suerte, dejando una pequeña fuerza que ni siquiera estaba alertada del riesgo.

Además de la retirada militar, según Hersh, Israel había suspendido el servicio de la unidad de inteligencia de señales 8200 durante los fines de semana, lo que significa que la unidad de inteligencia de señales que detectó el ejercicio de entrenamiento hacía tres meses no estaba de servicio en el momento del ataque del sábado.

De esta manera, el sionismo preparó la justificación del ataque definitivo a Gaza, la “solución final” de la “cuestión palestina”. Para el sionismo, el judaísmo no sionista es tan desechable como los palestinos, de la misma forma como fueron desechables millones de judíos europeos pobres y viejos. No tarda en que veamos, en tiempo real, la muerte de judíos ortodoxos a manos de jóvenes sionistas.

Vuelvo aquí a reproducir el dictum sionista sobre los judíos pobres y viejos, previo al Holocausto, en boca del fundador del estado sionista de Israel, Chaim Weizmann, financiado por el banquero inglés (de origen alemán) Sir Lionel Walter Rothschild:

“Los viejos morirán…son polvo, moral y económicamente son polvo”.

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