Enrique Legorreta / @enriquelego3_0
El “efecto Peña Nieto” podría terminar como pólvora mojada en Baja California el próximo 7 de julio.
Así lo pronostican las últimas encuestas que se realizaron en la entidad por medios de comunicación como el periódico El Observador, que afirma que el día de la elección a gobernador habrá una diferencia de dos puntos de diferencia en favor del candidato postulado por los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolución Democrática (PRD), Kiko Vega.
Con ello, el primer priista que se aventura a una elección gubernamental en el sexenio de Peña Nieto –el senador con licencia Fernando “El Diablo” Castro Trenti– podría sufrir el primer descalabro electoral para el tricolor.
Las encuestas muestran otra cara: perder la elección en Baja California en una elección tan cerrada significaría dejar que se extraviara la joya de la corona para la jornada comicial.
Y es que este estado norteño representa algo más que una gubernatura más: en 1989 se convirtió en el primer estado gobernado por la oposición, en ese entonces por Acción Nacional.
Esa gubernatura, hace 24 años, fue encabezada por el blanquiazul Ernesto Ruffo, quien el 2 de julio de aquel año disputó el gobierno estatal contra otros tres candidatos. Su principal adversario fue la priista Margarita Olvera, quien había asegurado que contaba con la mayoría de los votos.
El PAN acusó fraude electoral y movilizó a sus simpatizantes en acciones de desobediencia civil hasta que oficialmente le fue reconocido a Ruffo su victoria con el 52.3% de los votos.
La narrativa política de aquel año interpretó que Carlos Salinas –quien llevaba un año en el poder– tuvo que aceptar el triunfo del PAN para legitimarse en el poder, luego de que la elección presidencial de 1988 estuviera rodeada por la sospecha del fraude contra el izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas.
En entrevista con REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO, el diputado del PRI por el estado de Baja California, Ricardo Medina, contó por qué es importante para su partido recuperar la silla del primer mandatario estatal y qué mensaje político significaría.
“Este momento lo hemos estado esperando desde hace 24 años, es un momento de cambio político, social y, sobre todo, de cambio en general. La votación va a reflejar el ambiente que tiene la gente en Baja California, la gente le apostará a un candidato que le de una mejor opción”.
“Lo que pasó en julio del año 2012 se reflejará como parte de tomar una decisión de cambio ya que el presidente tiene una buena aceptación y así se reflejará en las urnas”, señaló Medina.
Por otro lado, la diputada tricolor Virginia Victoria no cree que sea el “efecto Peña” lo que determine que la victoria sea priista, sino la nueva ola de políticos en el partido.
“No creo que se dé ese efecto, es totalmente diferente el escenario que ocurrió hace un año. Lo que se ha hecho en el estado es pensar en la gente, en la sociedad y de ser los ganadores, las necesidades que tienen los habitantes de Baja California”, señaló la diputada.
Aunque los partidos de oposición han perdido terreno ante el PRI en las elecciones de gobernadores, Baja California es la entidad que desde hace 24 años ha pertenecido al PAN; sin embargo, los priistas descartan que, si ganan el estado, se convierta en la caída de la oposición política del país, especialmente del panismo.
“No creo que sea la debacle de los partidos de oposición, yo creo que de las derrotas se puede aprender como nosotros lo hemos hecho, los partidos contrarios emprenderían el camino de analizar qué errores se cometieron en el camino y que se pueda corregir”, afirmó Victoria.
En caso de que el PRI gane en Baja California, se convertiría en el estado número 22 en el territorio mexicano en ser dirigido por los tricolores, aunque el panorama muestra una disputa cerrada y que se definirá hasta contabilizar el último voto del próximo domingo 7 de julio.


