Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0
(1 de julio, 2013).- Aproximadamente 10.600 policías y 7.400 militares resguardaban las inmediaciones del Estadio Maracaná en Río de Janeiro, donde se disputaba la final de la Copa Confederaciones. El torneo, desde su inicio hace dos semanas hasta el cierre ayer domingo, se llevó a cabo en medio de grandes manifestaciones en todo el país.
El 30 de junio quedó marcado por dos grandes protestas. La primera, a la cual asistieron alrededor de 5 mil manifestantes, se desarrolló en calma y sin incidentes. El contingente pudo llegar a un kilómetro de distancia del estadio puesto que fue detenido por el gran cerco de seguridad que rodeaba la instalación deportiva, que albergaba a 70 mil aficionados, aproximadamente, según la agencia EFE.
Las consignas y el sentido de la protesta giraban en torno a la exigencia de un mayor presupuesto para educación y salud y en contra del gasto ejercido para la Copa Confederaciones 2013 y el Mundial de 2014.
“El Gobierno aceptó someterse a las reglas de la FIFA, se sometió a invertir millones en estadios, cuando debería invertir millones en educación, millones en salud”, dijo el estudiante Marcus Lanes a EFE.
En la segunda protesta, a la cual asistieron alrededor de 3 mil personas, hubo 7 heridos -1 policía y 6 civiles- después de un enfrentamiento entre las fuerzas policiales y un grupo de manifestantes.
Según Enrique Guelber, del centro de defensa de derechos humanos de la Fiscalía, fueron los manifestantes quienes iniciaron las provocaciones; no obstante, aún se encontraban analizando los videos para constatar si hubo o no abuso policial.
Por su parte, Raúl Lins e Silva, de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de Abogados de Brasil, reprochó la respuesta de la policía y denunció la utilización de balas de goma.
“Quedé atrapado, trataron de sacarnos de aquí de cualquier manera, y el BOPE (Batallón de Operaciones Especiales) y el Batallón de Choque llegaron y tiraron gas lacrimógeno y balas de goma. Lo que pudimos hacer fue sacar a los que estaban acorralados en fila india y evitar una tragedia mayor”, afirmó Raúl.
El enfrentamiento se llevó a cabo en la esquina de la calle San Francisco Javier y la avenida Maracaná, donde, según medios locales los manifestantes aventaron diversos objetos a los policías quienes respondieron con gases lacrimógenos que lograron dispersar la manifestación.
El portavoz de la Policía Militar, Coronel Erir Ribeiro Costa Filho, informó que se pudo detectar a un grupo de manifestantes que portaban mochilas con bombas molotov. Señaló que fueron decomisadas 17 bombas y que no hubo detenidos.
Después de las 8 y media de la noche, hora local, se volvió a reunir un grupo que inició de nueva cuenta los enfrentamientos entre policías y manifestantes, que volvió a ser replegado por gases lacrimógenos de los elementos de seguridad.
Por otro lado, a pesar del intento de la FIFA de evitar cualquier tipo de manifestación adentro del estadio, participantes de una escenografía de clausura lograron burlar la intención. Salieron de debajo de balones gigantes de tela y extendieron una manta que exigía la “inmediata anulación de privatización del Maracaná”, mientras otro ondeaba la bandera LGBTI con consignas en contra de la homofobia.
A pesar de que el titular del ejecutivo por lo regular entrega el trofeo de la Copa, en esta ocasión la presidenta Dilma Rousseff no asistió a la premiación. Según una encuestadora local, la popularidad de la mandataria decayó a raíz de las protestas que se realizan hace un poco más de dos semanas.
Cabe señalar que Rousseff intentó calmar las protestas ofreciendo un plebiscito nacional y la opción de destinar a la educación todos los ingresos recaudados del petróleo en el país del sur del continente.
El país anfitrión le ganó por tres goles a su rival español, haciéndose acreedor de la copa, mientras afuera los enfrentamientos se llevaban a cabo entre manifestantes y un operativo policial mayor al que normalmente patrulla Río de Janeiro y Niterói.


