Por: Jaime Tena
Por un periodo de 18 meses, el fotógrafo italiano Gabriel Galimberti se dedicó a retratar a niños de diferentes partes del mundo con sus juguetes. El proyecto titulado Toy Stories (Historias de Juguetes) va más allá de mostrar la simple conclusión a la que llega el fotógrafo; que ulteriormente no importa lo que los niños tengan, a ellos sólo les interesa jugar. Hace también, de manera inconsciente pero no inocente, una reflexión sobre el contexto social de la actualidad de cada país pues los juguetes reflejan claramente los mundos a los que pertenecen los niños y cómo estos conciben su realidad.
El mismo Gamlimberti explica que tras su interacción con los niños, al retratarlos con sus posesiones más preciadas, aprendió más de los padres que del niño en sí; y es que los juguetes pueden revelar las ambiciones y expectativas de quienes los compran. El caso de una madre de Latvia que maneja un taxi y atiborró a su hijo con miniaturas de carros o la hija de un granjero en Italia que orgullosamente exhibe sus herrarmientas de arado de plástico, son claros ejemplos. Así como el hecho de que en general los padres de países de Medio Oriente y de Asia presionaban a sus hijos para que fueran retratados a pesar de que los niños estuvieran nerviosos o molestos, mientras que en Sudamérica los padres se mostraban más relajados y permitían cualquier cosa, siempre y cuando el niño estuviera de acuerdo.
Hablando específicamente de los contextos sociales, Galimberti menciona que los niños de familias ricas se mostraban más posesivos con sus juguetes, mientras que aquellos de países muy pobres, eran más abiertos a la idea de compartir lo poco que tenían y dejar que el fotógrafo jugara con ellos. En algunos países, en su mayoría de África, los niños preferían jugar con sus amigos en la calle que jugar con juguetes. Mientras, un niño de seis años en Texas y una niña de cuatro en Malawi compartían la creencia de que sus dinosaurios de plástico los protegían de los terrores de la noche, sus miedos eran bastante diferentes: él tenía miedo a los secuestradores mientras que la niña tenía pavor a los animales venenosos.
Se puede observar también, que en el tema de género no hay cambio alguno en la actualidad: los carros, aviones y armas siguen siendo las opciones preferentes para varones, mientras que en la contraparte femenina, las muñecas, peluches, utensilios de cocina, de moda y muñecos bebés son los que destacan.
La experiencia de jugar no sólo es divertida sino que ayuda al niño a desarrollar sus emociones, su crecimiento cognitivo y potenciar su creatividad. Por eso resultan interesantes las reflexiones que pueden obtenerse del trabajo de Galimberti, pues muestra la importancia que tiene la etapa de la niñez, así como las experiencias que viven, en su mayoría, a través del juego. Se evidencia la influencia de los padres, quienes terminarán forjando la persona en la que se convertirá el niño. Y de la misma forma se muestra cómo incluso en algo tan básico e importante como lo es el juego y los juguetes, se aprecian los diferentes contextos sociales y cómo las necesidades y entendimiento del entorno contrastan aún en niños de la misma edad. Estas reflexiones no pueden pasar desapercibidas pues son un llamado a tomar conciencia sobre cómo los grandes problemas sociales afectan la calidad de vida de los niños desde una de las etapas más esenciales del crecimiento.


