El término “Cártel de los Soles” se ha popularizado gracias a su frecuente uso por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quién ha empleado este nombre como una herramienta de política exterior, pese a que la propia justicia estadounidense ha tenido que redefinirlo tras la reciente extracción de Nicolás Maduro de Venezuela.
A pesar del uso indiscriminado que la administración Trump le ha dado a este término, especialistas latinoamericanos advirtieron en el pasado a distintos medios estadounidense que el Cártel de los Soles no hacía referencia a una organización criminal jerárquica (como el Cártel de Sinaloa), sino que era un término genérico acuñado en la década de los 90 por la prensa venezolana y usado por la inteligencia estadounidense para describir presuntas redes de corrupción y narcotráfico.
Brian Finucane, exabogado del Departamento de Estado especializado en cuestiones relacionadas con los poderes bélicos, advirtió el pasado noviembre a CNN que, tras la designación del Cártel de los Soles como organización terrorista, el Gobierno de EEUU “inventaba un patrón de hechos” y “creaba una realidad alternativa” para poder caracterizar públicamente su política hacia Venezuela como una campaña antiterrorista.
Un día después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) eliminara las referencias al Cártel de los Soles de las acusaciones de Nicolás Maduro y replanteara el caso, sus palabras dejan de ser una simple suposición.
Uso político bajo la segunda administración Trump
Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, la retórica contra el gobierno de Caracas se intensificó drásticamente. El Cártel de los Soles pasó de ser una descripción de inteligencia a una herramienta de política exterior.
Cabe señala que ni la Evaluación Nacional Anual de la Amenaza de las Drogas de la Administración para el Control de Drogas (DEA) ni el Informe Mundial sobre las Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito han mencionado jamás al Cártel de los Soles. Sin embargo, este fue designado como una Organización Terrorista Extranjera (FTO) durante 2025.
Posteriormente, bajo la etiqueta de “estado narcoterrorista”, Trump desplegó un bloqueo naval en el Caribe y operaciones militares directas, argumentando que Estados Unidos estaba en un “conflicto armado” con un cártel que enviaba drogas para “asesinar estadounidenses”.
Esta narrativa culminó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores el 3 enero de 2026, con el supuesto propósito de descabezar a esta supuesta organización criminal que ha sido retirada de la imputación contra el venezolano.
¿Qué diferencia a un cártel de una red de corrupción?
Pese a que Donald Trump acusó a Nicolás Maduro de encabezar el Cártel de los Soles, especialistas han señalado que una de las grandes dificultades del Departamento de Justicia (DOJ) y de los analistas para sostener la existencia del Cártel de los Soles es la ausencia de una estructura estable y jerárquica
Si bien un cártel tradicional tiene un organigrama claro, con un líder máximo, tenientes, sicarios y una estructura logística, en el caso del Cártel de los Soles, no existe evidencia de una cadena de mando criminal paralela a la militar.
Mike LaSusa, de Insight Crime, detalló a la BBC que el Cartel de los Soles “no es un grupo per se”, sino “un sistema de corrupción generalizada”; esta característica lo hace distinto a otras redes de narcotráfico, pues carece de una estructura formal.
“En Colombia o en México, los grupos de narcotraficantes transportan las drogas ellos mismos, con sus propias cadenas de suministro y de transporte. En Venezuela existen grupos así, pero el régimen de Maduro no controla directamente el tráfico de drogas”, aseguró LaSusa.
Asimismo, desde un punto de vista jurídico penal, especialistas han señalado que, para probar la existencia de un cártel o una “empresa criminal” bajo la Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por el Crimen Organizado (RICO por sus siglas en inglés), se debe demostrar que los miembros actúan con un propósito común y coordinado.
Es decir, el giro del DOJ en la presentación del caso reconoce que el “cártel” no existe y al eliminar gran parte de las menciones a la organización, el Departamento reconoce que lo que hay es un “sistema de clientelismo”.
Es decir, el Estado no es un cártel, sino que, presuntamente, permite actividades ilícitas como forma de pago o lealtad a sus funcionarios.
Caso carece de pruebas físicas
A esto, se le suma que, a diferencia de otros casos, donde hay contabilidad de droga, laboratorios propios o una marca específica, en el caso de los “Soles” la mayoría de las pruebas son testimonios de informantes.
La falta de una infraestructura operativa propia del cártel convierte al término en una etiqueta política o un nombre mediático que una realidad operativa.
Sin embargo, la administración Trump lo utilizó como una etiqueta simplista para equiparar al gobierno de Maduro con una organización criminal a cargo del narcotráfico, narrativa que le permitió justificar una intervención ilegal bajo la premisa de “seguridad nacional”, pero que ante un tribunal, carece de la cohesión estructural que exige la ley estadounidense.


