(12 de mayo, 2014).- El domingo 23 de marzo de 1980 la policía italiana entró a varios estadios de fútbol donde se disputaban partidos de las series A y B de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC). Pero los agentes que llegaron hasta la orilla de la cancha no iban tras las barras bravas, sino por los jugadores; ese día 33 futbolistas fueron arrestados como parte de una investigación de lo que ha sido uno de los mayores escándalos en la historia de este deporte.
Este episodio involucró a jugadores, entrenadores e incluso directivos de al menos 7 clubes en una trama para manipular las apuestas realizadas en una quiniela clandestina conocida como “Totonero” (quiniela negra), imitación de la quiniela oficial, el Totocalcio. Presuntamente, la trama fue montada por el dueño de un restaurante y el de una verdulería quienes tenían relación con varios jugadores del club Società Sportiva Lazio, a través de los cuales contactaron a integrantes de otros equipos y les entregaron sumas en efectivo a cambio de arreglar los marcadores.
Como resultado del escándalo, además de los 33 arrestados, fueron llamados a declarar 48 presuntos implicados. Al final de las pesquisas, los equipos que sufrieron las mayores sanciones por su participación en el arreglo de los partidos fueron el AC Milan y el Lazio, ambos descendidos a la serie B y el segundo multado con 10 millones de liras. Los clubes Avellino, Perugia y Bologna, además de Città di Palermo y Taranto de la Serie B, fueron penalizados con 5 puntos menos para la siguiente temporada. Más de 20 jugadores fueron inhabilitados para jugar profesionalmente por periodos que fueron de 3 meses a 6 años; y aunque todos fueron absueltos tras el Mundial 1982 en el que se coronó Italia, sólo Bruno Giordano, Lionello Manfredonia y Paolo Rossi volvieron a las canchas.
Felice Colombo, presidente del AC Milan, fue inhabilitado de por vida para participar en el fútbol profesional, pero de todos los implicados sólo uno recibió una condena de la justicia italiana; irónicamente, quien destapó la trama ante la policía. Se trató de Massimo Cruciani, el vendedor de fruta que se supone urdió toda la trama. Endeudado porque los partidos no salían como “debían”, Cruciani exigió a los jugadores la devolución del dinero entregado, y al no obtenerlo acudió a la policía para denunciarlos por ¡estafa! Al final, se le sentenció a pagar una multa 300 mil liras y los gastos del proceso.
El Totonero era un negocio controlado por la mafia italiana, por lo que la implicación de importantes clubes de fútbol en este escándalo dañó seriamente la credibilidad del deporte. La calidad de los deportistas fue reivindicada al ganar la Copa del Mundo sólo 2 años después y por el rápido regreso a la Serie A que lograron Milan y Lazio, pero quedó una sombra de duda sobre si todos los culpables fueron alcanzados por la justicia al quedar sin sanción el club Juventus, denunciado por el jefe del Comité Disciplinario de la Federación Italiana, Corrado de Biase, de haber arreglado un partido con el Bologna.