Por 9.99 dólares al mes, los usuarios de Kindle Unlimited podrán leer todos los libros que deseen, las veces que quieran. Claro, por ahora el catálogo de 600.000 títulos es la principal limitante. Pero casos como Spotify o Netflix prueban que esos catálogos pueden ir en aumento hasta dejar de ser una preocupación.
Aunque por ahora sólo está disponible en Estados Unidos, es de esperar que, si tiene éxito, este servicio se extienda paulatinamente a otros mercados en el mundo. De cualquier forma, vale la pena reflexionar sobre los posibles cambios.
1. Los hábitos de lectura
¿Cuántos libros se puede leer en un mes? Si leemos sólo un libro a la vez de principio a fin, es muy probable que uno o dos al mes. Pero esto corresponde al ritmo actual de lectura. Por poner un ejemplo del mundo del video, antes, las series de televisión se consumían cada vez que se transmitían (diaria o semanalmente).
La llegada de Netflix ha ocasionado que prolifere un fenómeno conocido como “binge-watching”, que consiste en ver muchos episodios continuos como si se tratara de una película muy larga.
La periodista Fernanda Solórzano, incluso, ha dicho que “las series de televisión se parecen a las novelas por entregas del siglo XIX”, pues son largas historias con tramas complejas de personajes que pueden leerse como episodios independientes o como una macro historia.
Es posible que un cambio así pudiera darse en el mundo de la lectura. ¿Qué pasará cuando podamos leer cualquier libro en cualquier momento sin preocuparnos por gastar más de lo que ya gastamos?
Probablemente comencemos a leer un poco de aquí, otro poco de allá, descontinuaremos un libro, iniciaremos otro por la mitad, etc. Habrá que reinventar los hábitos de lectura.
2. La forma de ganar dinero publicando
Hasta ahora, el negocio de las editoriales ha estado basado realmente en la venta de productos físicos (los libros), dejando a veces en segundo plano el contenido. La prueba está en el hecho de que muchas empresas hacen negocio con obras en el dominio público o con best sellers de escasa calidad. Actualmente, es sinónimo de éxito realizar múltiples reimpresiones o ediciones de lujo.
¿Pero qué sentido tomarán tales prácticas en un entorno en que las obras adoptan la forma del dispositivo en el que fueron descargadas? ¿Para qué pagar por una edición especial de Don Quijote, si se puede bajar una decente edición gratuita por estar en el dominio público? ¿Para qué reimprimir, si el archivo digital original está disponible de forma ilimitada?
Sistemas como Spotify y Netflix han mostrado que, hasta ahora, no ha sido un gran negocio la tarifa plana. Ha sido un gran éxito de consumo, pero no de ventas. Al menos, no como la industria discográfica estaba acostumbrada, pues a final de cuentas también estaba basada en la venta de objetos físicos. La transición a un mercado de bienes intangibles y ubicuos hace necesaria la creación de nuevos modelos de negocio.
3. La forma de ganar dinero escribiendo
Hasta ahora, los escritores solían ganar una parte porcentual muy pequeña del valor comercial de cada libro. Salvo un pequeño círculo de autores best sellers, la mayoría de los autores no viven de publicar. Es más, prácticamente no ganan nada. ¿Podría cambiar esto un sistema de tarifa plana?
Es de esperar que los libros más leídos sigan teniendo un perfil similar a los best sellers actuales. Sin embargo, es posible que la economía del libro se convierta en un modelo diverso de “larga cola”.
Es decir, habrá nichos especializados que consuman libros electrónicos, que antes era inviable consumir en la comercialización física. Autores “de culto”, editoriales universitarias o independientes, expertos en áreas no generalistas y similares, tendrán una salida pública creciente. Si el gasto es una variable fija, este tipo de productos podrán ser consumidos por más personas.
Dicho de otra forma, ¿Cuántas películas hemos visto en Netflix que no hubiéramos visto en el cine o que no hubiéramos comprado en video? Lo mismo podría pasar con esos libros que pueden interesarnos, pero no tanto para comprarlos.
Aunque sea de una manera muy módica, es posible que más autores hagan alguna ganancia por sus libros publicados (que además cada vez serán más auto-publicados).
4. La forma de escribir
Siempre habrá autores que escriban de manera libre y/o extravagante (sobre todo en la literatura). Pero habrá autores que prefieran adaptar su escritura a los nuevos ritmos y hábitos de los lectores.
En la economía de los libros físicos resulta más barato publicar un libro que una serie de ellos (como en los libros de investigación periodística). Por el contrario, actualmente es también más rentable vender series de libros best sellers en vez de editar un sólo volumen (léase “Harry Potter”, “50 sombras de Grey”, “Los juegos del hambre”, etc). Sin embargo, es de esperar que esto pueda cambiar con sistemas de tarifa plana.
Por un lado, editar una obra por entregas será viable, por lo que podrán proliferar sagas, episodios, reversiones, etc. Algo así como el “boom” de las series de televisión gracias a su consumo vía “streaming”.
Las obras extensas podrán ser editadas en un mismo archivo sin mayor complicación, cuando sea necesario. ¿Cuántos fans de Harry Potter no hubieran querido leer la historia completa en un sólo volumen?
Las micro y las macro historias podrán proliferar de una forma que ahora no es habitual. En el ámbito académico, esto también podrá repercutir en libros de investigación, ensayos extensos, compilaciones, etc.
5. El libro como contenedor
Ya lo decía Ulises Carrión en 1980 en su texto “El nuevo arte de hacer libros”: “Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos”.
En dicho ensayo-manifiesto, Carrión proponía la confección de libros-textos donde el autor colaborará de forma activa en la producción del contenedor, además de la elaboración de libros, donde el contenido y el continente estuvieran íntimamente ligados. Por ello es considerado uno de los exponentes del libro-objeto o de los libros de autor.
En un entorno digital, un sistema de tarifa plana puede incentivar a que más autores sean sus propios editores. Con las herramientas digitales, cada vez más autores escribirán textos multimedia, los editarán y maquetarán ellos mismos y los publicarán sin una editorial de por medio. Esto es un fenómeno que ya está ocurriendo, pero se potenciará.
Tal vez el libro deje de ser un formato sinónimo de “obra terminada” o de validación del conocimiento. En un entorno en el que todos pueden leer todo, todos pueden escribir todo y todos pueden publicar todo: escribir un libro ya no será sinónimo de nada.
¿Las series originales de Netflix pueden ser consideradas series de televisión, si nunca han sido transmitidas al aire? ¿Los discos lanzados en exclusiva en Spotify lo siguen siendo aunque nunca hayan estado en un CD? ¿Los libros se seguirán llamando genéricamente libros? ¿O quizá optaremos por una clasificación donde prime el género: Textos de no-ficción, novelas de texto, novelas multimedia, novelas gráficas, relatos en audio, ensayos fotográficos, etc?.


