La presidenta Claudia Sheinbaum, en la Mañanera del Pueblo de este lunes 14 de julio, celebró que, por primera vez, se reconoció a un sitio sagrado de un pueblo originario vivo, no como una pieza de museo, sino como una tradición cultural vigente: LaRuta Wixárika hacia Wirikuta comoPatrimonio Mundial.
“Es un acontecimiento muy importante para el pueblo wixárika y para todo México”.
Durante la conferencia matutina, Claudia Morales Reza, titular de la CONAPRED y representante wixárika tomó la palabra en su lengua para agradecer este acto de justicia histórica que, en sus palabras, no hubiera sido posible sin la ayuda de la presidenta Claudia Sheinbaum Un pueblo originario hablándole al mundo desde su cosmovisión milenaria.
No es una ruina antigua ni un vestigio enterrado en el desierto: es una ruta viva, sagrada, espiritual, y sigue latiendo. La Unesco inscribió en su lista de Patrimonio Mundial la Ruta Wixárika hacia Wirikuta, un camino ancestral que atraviesa cinco estados del país y que durante siglos ha sido recorrido por el pueblo wixárika para reencontrarse con sus dioses, su tierra y su memoria.
La decisión se tomó en París, durante la 47ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial, y fue aprobada por unanimidad. Pero más allá de la votación, lo que se celebró fue una historia de resistencia. Porque este reconocimiento llega luego de casi 30 años de lucha comunitaria, legal y espiritual, para proteger un trayecto ceremonial que ha sobrevivido al olvido, la minería y el turismo desmedido.
La ruta sagrada, conocida como Tatehuarí Huajuyé (El camino de nuestro abuelo Fuego), comprende más de 500 kilómetros desde la costa hasta el desierto de Wirikuta, atravesando Nayarit, Jalisco, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí. Incluye 20 espacios sagrados: montañas, manantiales, formaciones rocosas, humedales. Cada sitio tiene un significado espiritual profundo.
Para el pueblo wixárika, Wirikuta es el lugar donde nació el Sol. Es donde los dioses caminan. Ahí todo tiene vida, todo habla, todo importa.
La Unesco y el Consejo Internacional de Sitios y Monumentos advirtieron que la ruta enfrenta amenazas reales: sobreexplotación del peyote, concesiones mineras y turismo espiritual sin control. Por eso se pidió a México mayor vigilancia, educación comunitaria y aplicación estricta de las leyes que ya existen.
Con esta inscripción, México suma 36 bienes en la lista de patrimonio mundial. Pero este es especial. Este no es un monumento de piedra, es una tradición caminante. Una peregrinación que se renueva cada año, que conecta generaciones, que honra al peyote, al venado, al maíz y al águila real. Que mantiene viva una forma de entender el mundo donde la naturaleza y el espíritu son uno.
El reconocimiento no es el final, sino una nueva etapa: la de proteger, cuidar y seguir caminando.
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