Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0
(31 de agosto, 2013).- El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo que destinaría el 20 por ciento de las Fuerzas Armadas del país –50 mil hombres– a que “destaparan” las carreteras bloqueadas por el paro nacional: horas después los campesinos de Boyacá decidieron abrir paso y el sábado en la tarde se declaró resuelto el paro minero que llevaba 45 días en conflicto.
Álvaro Uribe, antecesor en el cargo de Santos, prometió durante las primeras elecciones que contra la guerrilla tendría “mano dura”. 10 años después de la promesa, de la acción –intensificación de la ofensiva militar contra los grupos al margen de la ley–, Santos vuelve a usar el discurso de la fuerza contra la sociedad civil, y le rinde frutos.
“El paro no lleva 12 días sino 50 años” dijo el secretario general de la Presidencia, Aurelio Irragori, sobre la noticia de que Santos, ante la buena disposición de los campesinos –al desbloquear las vías– crearía el Gran Pacto Nacional Agrario; el mandatario aceptó que se vive una “crisis estructural en el campo”.
El presidente declaró que el 12 de septiembre se reunirá con los campesinos para atender las necesidades, que como mencionó Irragori, llevan más de 50 años inatendidas.
Las demandas de los campesinos han tenido tanta acogida dentro de la sociedad civil que a pesar de la escasez de algunos alimentos o gasolina, por el paro de las vías, se han generado movimientos a favor: “Usa una ruana por los campesinos del país”, que consiste en portar una especie de rebozo hecho de lana de oveja, y se convocó a varios cacerolazos al interior del país para protestar a favor de las peticiones campesinas.
A pesar de las promesas del Gobierno y las amenazas del Ejército aún existen regiones de Colombia en paro, entre ellas Huila y el Caquetá.


