Escucha aquí la Entrevista completa.
La migración se practica desde la antigüedad y se entiende como algo inherente al ser humano. En el siglo XXI, la situación de migración continúa, desde Europa hasta Asia, desde África hasta el Medio Oriente: se ha vuelto algo inevitable y hasta necesario. Para México, Centro y Sudamérica, la travesía suele enfocarse en conseguir el Sueño Americano.
Estados Unidos es un país de primer mundo fuera de Europa, donde están presentes -en su mayoría- los denominados países de potencia mundial. Esta distinción ha hecho que los países al sur de la frontera estadounidense miren a la nación de las barras y las estrellas como un garante de estabilidad y oportunidades de crecer debido a la falta de las mismas en su país de origen.
De los 313 millones 847 mil 465 habitantes que tiene Estados Unidos, el 11 por ciento es de origen mexicano, es decir 33 millones 600 mil personas. De éstos, 11.6 millones nacieron en México, el resto en el país anglosajón.
Actualmente, la situación que enfrentan es muy complicada: las distintas redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE.UU. han hecho que el Sueño Americano se convierta en una pesadilla real ya que, al ser detenidos, son repatriados al país de origen, dejando todo lo que han logrado obtener con el trabajo que han realizado durante su estancia ilegal en el país.
Uno de los migrantes mexicanos que buscó el sueño de trabajar allá y darse la oportunidad de crecer de manera personal es José Velázquez Rangel, un mexicano proveniente del Distrito Federal quien decidió partir a los Estados Unidos de manera ilegal para trabajar, ya que un tío que vivía allá le hizo la invitación de que se aventurara a encontrar un mejor futuro. José decidió hacerlo para aprender inglés, pero el destino lo cambió todo, ya que encontró el amor de una mujer que le dio la satisfacción tan grande, dicho por él, el ser padre.
Al ser repatriado, ya no tuvo la oportunidad de despedirse o poder tomar una decisión sobre el futuro. “Automáticamente, se convirtió en un momento muy duro”, comenta José que se muestra optimista de poder regresar a ver a su familia, en la casa donde los dejó ante de ser deportado en diciembre del 2011.
José tiene que esperar cinco años para poder volver a los Estados Unidos, su historia deriva de un problema mecánico con su camioneta, que usa para trabajar en el área de la construcción, como miles de migrantes instalados que día a día buscan tener que comer en su hogar. Al ser detenido por una patrulla, en California, donde él vivía, se le multó y tuvo que presentarse a cumplir su castigo. Dentro de las opciones que le dieron, él tomó la de realizar servicio comunitario todos los sábados y domingos por varias semanas en un parque de la comunidad.
“Para poder trabajar, a veces es necesario poder manejar. A mí me detienen en la carretera por que el carro sacaba humo, entonces el oficial multa, me recogió mi carro y me presenté ante el juez. A mí me tocó que el último día, en domingo, un sheriff fue a la estación donde nos juntaban para trabajar, ahí mencionaron mi nombre y me dicen que estoy detenido para ir a una entrevista a migración, al presentarme me dicen en inmigración que tengo varias opciones para salir, y escogí salir por la manera mas sencilla”, declara José quien serio denota un tono de enojo al recordar ese momento.
Éñ forma parte del 67 por ciento de migrantes de origen mexicano que trabajan en ese país, principalmente en áreas que son de importancia en el país americano. De esta población mexicana que vive en EE.UU., el 16.4 por ciento se desarrolla en áreas de administración, el 26.7 en servicios comunes, el 21.1 por ciento en el ramo de las ventas, el 17.8 trabaja en la construcción y el 18 por ciento desarrolla el rol de trabajo en los transportes.
A pesar de ello, la principal demanda que tienen los migrantes mexicanos y los migrantes hispanos en general es una ley que les permita trabajar, que sea incluyente para las actividades que realizan, que detenga su criminalización. Piden una reforma migratoria justa.
Desde la campaña electoral del 2008, Barack Obama prometió promover una reforma migratoria que garantizara la oportunidad de cambio para todos los migrantes ilegales en el país. Durante su primer periodo al mando de la presidencia, no se concretó nada. Al llegar el momento de la segunda vuelta electoral, Obama destacó que su principal objetivo era impulsar la reforma que prometió y que los legisladores en el capitolio no dejaron que ocurriera.
Distintas voces de organizaciones sociales se mostraron en total desacuerdo y, hasta la fecha, mantienen su constante señalamiento para poder lograr la reforma que los migrantes necesitan.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que, al menos una de cada cinco familias, tiene un familiar en los Estados Unidos, lo que se traduce en una alta tasa de mexicanos que habitan ahí y que los convierte en personas vulnerables a la situación.
Marco Castillo, presidente de la Asamblea Popular de Familias Migrantes de México (APOFAM), señala que la administración de Obama ha sido la que mas personas ha deportado y en enviado ha procesar al sistema de migración americano. “La lección que aprendió Obama fue que hay un obstáculo de intereses políticos que no quieren que se lleve a cabo una reforma migratoria, y que en la realidad es un negocio que está haciendo ricos a muchas personas, ya que mantiene a costa de la irregularidad a muchas personas, pero él ha batallado con el interés de varias personas que ven esta situación como de seguridad nacional cuando no es así”, declaró.
La cámara de representantes de los Estados Unidos designó a ocho congresistas, cuatro demócratas y cuatro republicanos, para determinar, escuchar y debatir cómo podrían llevar a cabo la estructura de la reforma migratoria que lleva más de 10 años en espera.
El miércoles 17 de Abril, llegó por fin la iniciativa de reforma migratoria al Capitolio, con el grupo bipartidista de senadores encargados de diseñarla. Ésta fue ingresada para su discusión pero condiciona a un reforzamiento de la seguridad fronteriza para aprobar la opción de la naturalización de los más 11 millones de inmigrantes sin papeles.
Este documento fue negociado durante meses. Se le denominó S. 744 y lleva como título “Proyecto de Ley 2013 para la Seguridad Fronteriza, Oportunidad Económica y Modernización Migratoria”.
A partir de varios requisitos presentados, los migrantes mexicanos e hispanos podrán regularizar su situación después de cumplir con las peticiones, los más destacados son:
-Haber ingresado a los EE.UU. antes del 31 de marzo del 2011
-Los que califiquen podrán iniciar su proceso de naturalización después de diez años, una vez que la Secretaría de Seguridad Nacional certifique al Congreso un aumento en la seguridad fronteriza.
-Estudiantes y trabajadores del campo podrán pedir su ciudadanía siempre y cuando estén trabajando desde hace cinco años, así podrán realizar la legalización de su estatus sin esperar a la certificación de la seguridad fronteriza, lo que les permitiría obtener su residencia permanente al cabo de cinco años. Los estudiantes o conocidos como “dreamers” obtendrían la naturalización inmediatamente después de ese lapso.
Estos hechos han sido tomados como escandalosos y con falta de criterio en lo particular y general, ya que no sólo no se enfocan en el porvenir de los migrantes y sus familias, sino que le ponen una traba para poder lograr dejar de ser ilegales.
Las asociaciones exigen que el gobierno mexicano tome una postura al respecto, que exija que se emplee ya la ley migratoria que beneficiaria a los dos países, pero las acciones en materia de migración no están centradas como prioridad en la administración de Enrique Peña Nieto.
La iniciativa que se logró obtener en conceso entre los legisladores republicanos y demócratas en el Senado fue vista con buenos ojos por el presidente Obama, con lo que instó a los representantes a que se lleve a la aprobación a más tardar el próximo viernes 19 de abril.
Entre los mexicanos que viven en Estados Unidos, 53.4 por ciento son hombres y 46.6 son mujeres, mientras que la edad promedio entre los migrantes mexicanos es de 25.5 años.
A pesar de los condicionamientos, la reforma migratoria es una esperanza para todos los migrantes, que ven a ésta como una oportunidad si es que toma en cuenta los lineamientos de respeto a sus derechos humanos y el acceso a las mismas oportunidades que los anglosajones. José confía que, de aprobarse la ley, podrá regresar con sus hijos.
“Espero que las personas que estamos aquí en México, el gobierno ponga atención en la situación que están los migrantes, la reforma que se quiere plantear debe de pensar que somos seres humanos y espero que con las distintas manifestaciones de organizaciones sociales, se escuche la voz de todos nosotros, de que no queremos ser una carga, sino una solución para poder estar con nuestras familias”, finaliza José.


