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“¿Cómo se pone una denuncia en contra de los militares? ¿Yo puedo llegar y acusarlos de intimidarnos y luego ver como levantaban a mi hijo?”

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(11 de febrero, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- Agricultores, policías, ganaderos y otros sectores de la sociedad civil, ha padecido el miedo de un fuego cruzado y algunos casos los ha llevado hasta la muerte. En la zona agrícola de Sonoyta, Sonora, cabecera del municipio General Plutarco Elías Calles -que a su vez es parte de la frontera con Estados Unidos- se ha desatado una sangrienta guerra silenciosa para el resto del país entre dos grupos criminales, la cual ha causado el éxodo de cientos de personas, y la debacle de la región.

Fue una noche de finales de 2014 cuando los habitantes de Sonoyta, comenzaron ver llegar camionetas con grupos de hombres que portaban armas largas y tenían el rostro cubierto. En aquel año fueron pocos los que decidieron irse tan sólo con lo que llevaban puesto.

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Para marzo de 2015 las autoridades locales contabilizaron poco más de 300 desplazamientos forzados, los cuales los atribuyen a que cárteles de la droga tienen sitiada la zona y es ahí donde levantan jóvenes en su mayoría, para lo que llaman “la esclavitud moderna”; son a quienes obligan a trabajar en el cuidado de las plantaciones de goma de opio.

“¿Cómo se pone una denuncia en contra de los militares? ¿Yo puedo llegar y acusarlos de intimidarnos y luego ver cómo levantaban a mi hijo sin que ellos hicieran algo? Se han reído de mí cuando lo he hecho. Nadie puede hacer eso si quiere seguir viviendo y yo quiero seguir viviendo para poder seguir buscando a Pedro.

A Pedro mi hijo se lo llevaron a las 6 de la tarde un domingo, había estado enfermo días antes y ese día tenía fiebre, salió por medicinas y a unas cuadras se le atravesó un convoy de hombres armados y encapuchados, no les costó mucho agarrarlo, estaba muy débil, a unas cuadras habían soldados que vieron todo lo que pasó y los dejaron ir, los testigos se quedaron callados tenían miedo, porque nadie quiere morir.

Mi hijo puede estar muerto o puede estar trabajando para esa gente, ya muchos se han ido, los vecinos si pueden vender lo hacen -a menos de la mitad de lo que cuestan sus casas- otros prefieren abandonar, aquí ya ni siquiera se paran las autoridades por miedo, ‘no vaya ser que nos quieran hacer algo por meternos en su tierra’, me han dicho descaradamente”, narra a Revolución TRESPUNTOCERO el señor Abraham Borja quien comenta, tuvo que empeñar algunas herramientas y hacer algunos préstamos para poder viajar a la Ciudad de México en busca de la justicia internacional.

Agrega,  “aquí en el Distrito Federal están todas las organizaciones que velan por las personas que padecen injusticias en lugares que el gobierno ha dejado en el olvido, por eso estamos ahogándonos entre balas y pólvora. No soy el único al que le levantaron a un familiar, tengo más casos que en su momento contaré a quien me reciba, porque en Sonoyta estamos viviendo la desaparición forzada y las amenazas de un Ejército que llegó para callarnos por mandato del gobierno estatal y federal”.

En el último año,  en Sonoyta no han parado los enfrentamientos entre dos grupos delincuenciales nombrados “los Memos” y “los Salazar”, dejando poco más de una decena de personas muertas, víctimas de fuegos cruzados.

Durante la segunda mitad de 2015, poco más de 70 familias salieron del municipio derivado de la violencia y pidieron asilo con familiares de otros estados de la República y algunos más intentaron cruzar la frontera, aunque hasta el momento se desconoce si lograron llegas a tierras norteamericanas.

Ambos grupos delincuenciales han desatado violencia extrema por la disputa de la plaza, ya que es un punto geoestratégico para el trasiego de droga, armas y personas. Sobre este punto, los pobladores del valle agrícola de General Plutarco Elías Calles, han sido testigos de frecuentes enfrentamientos, por lo que aseguran han recurrido a la policía en busca de ayuda, ya que en dos ocasiones menores de edad han estado a punto de morir por los disparos de arma de fuego, sin embargo “ni eso ha conmovido a las autoridades, porque o tienen miedo o son pagadas para hacerse ciegos”, comenta Abraham.

Sobre la violencia, en algunas ocasiones el alcalde Julio César Ramírez ha dicho que ya pidió ayuda para que se envíen más elementos de la fuerza pública, Ejército y Marina, sin embargo la población también vive temerosa que sean los mismos encargados de cuidarlos, quienes los ataquen, “como sucede siempre, lo decimos porque ya lo hemos vivido”, denuncia Abraham.

Las familias desplazadas representan a por lo menos 300 habitantes de Sonoyta, quienes están acompañados de 200 menores de edad que -debido a la precaria situación de los habitantes- han tenido que ser enviados solos a Estados Unidos, San Luis Río Colorado o Mexicali en Baja California.

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Según información de la presidencia municipal, dada a conocer a Revolución TRESPUNTOCERO , el grupo más vulnerable es el de los campesinos, quienes han sido levantados u obligados a rentar sus tierras, a quienes no han obedecido les han disparado, algunos más han sido atacados y han saqueado sus ranchos ganaderos.

Otras cifras de organismos civiles de la región indican que son poco más de mil 200 personas las que han abandonado Sonoyta. “Si la gente se queda se muere, les tocó la mala suerte de vivir en una de las zonas más horrorosas de México, de las que le ha dado completo asilo a la violencia y a la muerte. Nadie está dando garantía de sobrevivencia.

La zona rural ha sido como siempre la más golpeada, han migrado a los que no le queda de otra a la parte urbana, pero siguen en el mismo círculo, otros han intentado ir a la ciudad más cercana: Phoenix, Arizona, pero algunos han tenido que regresar, cuando presenciaron la muerte de sus acompañantes en su lucha por llegar al otro lado”, comenta a este medio Bernardo Gómez, periodista independiente.

Comenta que “no se puede endiosar a la policía municipal, sin embargo ahora tienen mayor temor de ir al aviso de alguna balacera porque, en efecto, ambos grupos delincuenciales se la agarran contra ellos y los secuestran para después dejarlos abandonados en algún punto donde todos puedan darse cuenta, es la advertencia que hacen. El año pasado ejecutaron a dos mandos policíacos que recurrieron al llamado de habitantes que dieron aviso de un tiroteo”.

Sobre los grupos delincuenciales que tienen asolada a la población, Los Memos, son los que tienen mayor presencia, armamento y gente. Es liderado por Adelmo Nieblas Ramírez, principal operador del cartel de Sinaloa en la región, según información oficial local, así como de la DEA.

Nieblas Ramírez es un narcotraficante nacido en Durango, quien llegó a Sonoyta hace 20 años, en un primer momento cobraba por trasladar gente a Estados Unidos, pero fue detenido y pasó un tiempo en una prisión del país del norte, una vez deportado, comenzó los nexos con el crimen organizado.

Según la DEA debido a sus actos delincuenciales escaló hasta a llegar a ser el principal operador del Chapo Guzmán en esa región y junto con Gonzalo Insunza, mas conocido como El Macho Prieto, llegaron a controlar el paso de droga, armas y personas. Sonoyta es la región donde Nieblas se esconde en uno de sus ranchos, por lo que la dependencia norteamericana atribuye a esto una de las causas de la violencia imparable en la región.

 

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El otro bando, Los Salazar -también según informes de la DEA revisados por Revolución TRESPUNTOCERO-, dan cuenta que su líder es Adán Salazar, quien controló en años anteriores un corredor que inicia en Sonoyta, pasa por Nogales, Imuris, Magdalena, Santa Ana, Benjamín Hill, Caborca y llega a Puerto Peñasco.

Sin embargo, a raíz de la detención de El Chapo en 2015, según los datos, existe la posibilidad que ambos grupos iniciaran un enfrentamiento por el poder y control de la zona, que no solamente se desató entre ellos, sino también entre las cabezas más importantes, pero no identificadas.

Salazar es originario de Chihuahua, fue detenido por la Policía Federal el 15 de febrero de 2011 en Querétaro, siendo ya parte de los hombres de confianza de El Chapo en Sonora, cuyo trabajo consistió en garantizar el cruce fronterizo y la entrega de drogas en Arizona.

Hoy los enfrentamientos constantes siempre son iniciados por este último grupo, quienes buscan exterminar a la gente de Los Memos, según publicaciones en redes sociales de uno de los integrantes, sin que se haya comprobado la legitimidad del mensaje, “no pararemos hasta correrlos”, decía un fragmento del comentario.

“Los miles de millones de pesos que deja el trasiego de droga y personas y que por el momento se encuentra dividido, es lo que le importa a ambos bandos, cada uno lo quiere todo, por eso usan lo que tienen a su alcance, compran a las autoridades y a los elementos de seguridad y a los que no pueden, los amenazan de muerte o los matan, reclutan gente para ser más fuertes y roban propiedades para seguir produciendo. Sonoyta es un pueblo fantasma que vive una guerra silenciosa, frente al desamparo del gobierno”, afirma Gómez.

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