(07 de mayo, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- “El Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que no se cansa de insultarnos visualmente, mantiene una intensa campaña política cuyo objetivo es intentar convencer que debemos estar agradecidos porque ellos han aprobado todo lo bueno de este país y por lo tanto es ‘necesario’ entregarles nuestro voto. Sin embargo, es una obviedad que la inversión realizada en su reiterativa publicidad, no es más que el móvil para mantener poder y dinero, hoy con mayor fuerza, al presentársele la oportunidad de ser tercera fuerza política, no por la vía electoral, sino por la del compadrazgo, complicidad y corrupción, mismas que han sabido obtener al convertirse en fiel lacayo del Partido Revolucionario Institucional (PRI)”, afirma la politóloga Karla Cervantes.
El PVEM ha obtenido por concepto de financiación, desde 1997 a la fecha, 4 mil 862 millones 426 mil 996 pesos con 13 centavos. Lo que significaría anualmente 255 millones 917 mil 210 pesos con 32 centavos, repartidos en 21.3 millones de pesos mensuales.
Según el ex consejero del extinto Instituto Federal Electoral (IFE), Alfredo Figueroa, el gasto del PVEM en publicidad, de septiembre a diciembre pasados, fue de aproximadamente 130 mil spots, equivalente a poco más del presupuesto anual del partido.
Para la candidata de Morena a diputada federal, Alicia Barrientos, “es vergonzoso que el PVEM despilfarre dinero en una propaganda mala y que insulta la inteligencia de los mexicanos. El derroche beneficia a las grandes televisoras y a los grandes monopolios. Por lo que en contra de este tipo de acciones, se deben mantener propuestas legislativas basadas en la austeridad republicana, la cual implica en principio, que se reduzca el presupuesto de los partidos políticos”.
Y agrega “es necesario de forma urgente impulsar que el dinero que se asigna a cada partido político por concepto de propaganda y publicidad se reduzca significativamente a por lo menos un 25% de lo actual, y ese capital sea destinado a programas sociales en temas de educación, alimentación y salud”.
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En ese sentido, la multa de poco más de 190 millones de pesos, que hoy mantiene el PVEM, resulta equivalente al capital necesario para la construcción de 10 bancos alimentarios en el país, según un informe de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), los cuales podrían recuperar 43 millones de toneladas de comida para su distribución entre 370 mil personas con carencia alimentaria.
“Construir bancos alimentarios es tener conciencia por el hambre, al PVEM le faltaría tener lo primero y lo segundo para si quiera pensar lejanamente en proponer en el congreso la construcción de un banco de alimentos, aun cuando ellos con todo el capital que tienen y todo lo que malgastan en plásticos, lonas, papel e inversión en medios electrónicos e impresos, podrían fundar un banco alimentario, sin ayudas externas, sin que esto provoque una fractura en sus finanzas, pero ese partido no surgió para ayudar mexicanos, su misión es mantener un poder familiar, ayudando a acrecentar la telecracia”, comenta Cervantes.
Y explica “el hambre y la desnutrición, eternas características de México, ha sido diminutamente controlada gracias al esfuerzo de la sociedad civil, quienes han luchado por reducir en lo posible los estragos que causan ambos problemas en la población, esto por medio de un trabajo que busca el bien común, acción que un partido Ecologista europeo mantiene en su agenda permanente”.
Durante décadas México se ha enfrentado a un problema de pobreza, hambre y al mismo tiempo de distribución de alimentos, pues aunque produce alimento perecedero y no perecedero en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades de la población, siendo poco más de 2. 7 millones de toneladas anuales, según la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias(Canainca), más de 50 millones de mexicanos en situación de pobreza y de pobreza extrema no satisfacen sus necesidades básicas de alimentación. Por otra parte, cada día se desperdician 17 000 toneles de alimento en buen estado, que servirían para alimentar a más de 30 millones de personas.
Basados en esos datos y ante la problemática calificada como “grave”, se constituyeron bancos de alimentos en el país, siendo exclusivamente sociedad civil organizada quienes se plantearon la misión de ayudar a combatir el problema del hambre y la desnutrición, en especial en la parte de la población que carece de los recursos económicos suficientes.
La Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA) es un órgano civil sin fines de lucro, cuya tarea primordial consiste en promover la creación de bancos de alimentos en entidades que por la incidencia de pobreza más lo necesitan. Los bancos de alimentos acopian, seleccionan y distribuyen alimento perecedero y no perecedero que reciben en donación. Estos productos que ya no son comercializables pero que pueden consumirse se envían a instituciones de asistencia social y comunidades marginadas de zonas urbanas, rurales e indígenas.
“La AMBA ha trabajado desde hace años en una iniciativa de ley que motive a nivel nacional a las empresas a donar sus excedentes o inventarios a los bancos de alimentos. En Estados Unidos la denominan Ley del Buen Samaritano, este tipo de acciones las deben impulsar todos los partidos, pero principalmente uno que se hace llamar ecologista y cuya propuesta la enarbola el eslogan ‘propuestas cercanas a la gente’, pero la realidad es que este tipo de acciones durante las dos últimas legislaturas, son quienes se niegan a darles paso, mínimamente para su análisis”, declara Cervantes.
La Ley de Donación de Alimentos de la AMBA pretende normar el otorgamiento de productos en buen estado y motivar a las empresas a que entreguen sus inventarios antes de que caduquen, en un marco legal que asegure el destino final del producto. Con una la ley de donación de alimentos se busca aprovechar los cientos de miles de toneladas de alimento que cada año se reportan como destruidas a la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y destinarlos a los poco más de 26 millones de mexicanos que padecen desnutrición crónica mediante los bancos de alimentos afiliados a la AMBA.
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