(26 de abril, 2016. RevoluciónTRESPUNTOCERO).- En un incendio, los peligros más grandes son los nombrados saltos de fuego, puesto que en cuestión de minutos los bomberos pueden quedar atrapados y llegar a tener consecuencias mortales. Y es que en solamente cuatro minutos una zona amplia puede incendiarse en su totalidad.
El riesgo en el que los bomberos se encuentran sometidos puede ser padecido, incluso cuando portan el traje y materiales adecuados y en buen estado, de no ser esto posible, los peligros se profundizan aún más. La sociedad civil de Culiacán, Sinaloa se encuentra bajo el constante riesgo de no tener seguridad al padecer un incendio.
La ciudad posee un bombero por cada 34 mil habitantes, por lo que el riesgo de consecuencias en un incendio se incrementa. “Las problemáticas son de todo tipo, desde falta de equipamiento hasta el tiempo de respuesta totalmente fuera del tiempo que necesita la sociedad, muchas veces son de 15 a 20 minutos en algunas zonas, cuando debería ser de 5 a 7 minutos a lo mucho, según las normas internacionales”, comenta a este medio Sergio Armienta, representante del Patronato de bomberos.
Lo anterior se debe a que no poseen las suficientes estaciones, ya que apenas cuentan con tres en una ciudad de un millón de habitantes, contrario a ciudades como Mexicali (con el mismo número de habitantes) que tiene 20 estaciones; a esto se suma el reducido número de bomberos, siendo apenas 23 para la ciudad a quienes se les paga, más un grupo de voluntarios, sin embargo estos últimos no tienen el mismo estándar de capacitación.
En cuanto a los programas financieros para la nómina, el combustible y por equipo no existen, “tenemos un equipo completamente caducado, los trajes de bomberos que deben durar 5 a 6 años en uso, nosotros los tenemos desde hace 20 años, nos han llegando de Estados Unidos cuando allá ya no sirven y así los empezamos a usar, lo cual no es lo adecuado”, afirma Armienta.
A esto se suman los tanques de oxígeno caducados, camiones de hace poco más de 30 años, siendo esto último uno de sus principales problemas. “Estamos muy por debajo de lo que la ciudad necesita. Tan sólo en este mes puedo hablar de tres casos en los que hubo riesgos derivados de las carencias del grupo. Hace unos días en una misma cuadra se quemaron 25 casas, fueron 10 que se quemaron por completo y 15 que tuvieron daños, hace dos días en la madrugada, si hubiéramos tenido una estación cerca del lugar de este número tal vez se nos hubieran quemado solamente tres, y es que el tiempo de respuesta fue de 20 minutos a lo mucho, cuando debió haber estado un auxilio de cinco minutos.
Otro caso se daría el 16 de abril, cuando se quemaron cuatro casas juntas, la gente perdió todo lo que tenía por un corto circuito y se pasó de una casa a otra, incluso tocaron los tanques de gas; hace 10 días la problemática surgió en una casa habitación, donde una señora perdió la vida y su hijo de aproximadamente 60 años hoy se encuentra grave, el domicilio se perdió por completo. “Nosotros tenemos de 3500 a 4000 emergencias al año, es decir un promedio de 10 emergencias al día, además si no hemos tenido pérdida de bomberos ha sido solamente por suerte, pero la realidad que están en peligro constante. Por ejemplo en el último caso cuando un bombero iba entrar la manguera de aire se tronó y tardó 30 segundos en cambiar su tanque de oxígeno, lo cual es vital para una persona que está dentro de un incendio, sus guantes también se deshicieron cuando, si no trae guantes tiene que pedir prestados unos lo cual es una pérdida de tiempo.
Además los camiones nos dejan tirados, tenemos sólo un camión de bomberos funcionando en Culiacán y si existe un incendio en un edificio con más de dos pisos, simple y sencillamente no tenemos cómo apagarlo, no hay manera. El riesgo es muy alto cuando estamos usando trajes fuera de norma, están caducados, es un peligro latente”, advierte Armienta.
En cuanto a las autoridades, asevera que les han respondido “de muy mala manera”, ya que no cuentan con su respaldo y aunque están en tiempos electorales y se están acercando los políticos, el tema se ha puesto sobre la mesa pero no han resuelto el problema todavía, el cual sigue latente. A esto se le suma que el Ayuntamiento y el gobierno municipal les debe varios miles de pesos, ya que el gobierno estatal sí les otorga un apoyo económico, sin embargo es muy precario, “dependemos de un patronato, no pertenecemos al gobierno entonces las personas no se sienten obligadas a colaborar y el gobierno hace oídos sordos esa es la verdad”, comenta la fuente.
En este momento el Patronato de bomberos lucha por obtener la reforma de ley, por lo cual han insistido al congreso local la apruebe, “estamos confiados en que se pueda dar ese paso antes de julio para que podamos entrar en el presupuesto del año entrante, esperamos que esa reforma salga, hemos visitado a todos los diputados de todos los partidos, hablado con gobierno estatal y municipal, tocando puertas. Estamos esperando que sea una realidad.
Hemos estado insistiendo mucho para que nos escuchen y entiendan, incluso contratamos a una empresa privada que a su vez puso un despacho de Inglaterra para que nos señalara cuál es el diagnóstico de los bomberos de Culiacán, el cual arrojó que la situación es crítica, tanto para la ciudadanía como para el bombero, nos marcaron puntos de acción a corto y mediano plazo, actos que no se pueden hacer sin dinero, necesitamos más bomberos, estaciones, equipo puntualmente, nos marcó como urgente cambiar los trajes, dotarnos de nuevos camiones y de nuevos tanques de oxígeno, no podemos solucionar este problema de un día para otro cuando llevamos un atraso de 50 años, porque la población se ha multiplicado ocho veces su tamaño”, asegura.
En Culiacán se necesita la construcción de aproximadamente dos o tres estaciones cada año para que un plazo de nueve 10 años se solucione el problema. Pero aunque han hablado de los resultados con las autoridades y han recibido a los representantes del grupo, nunca ha habido una mesa de diálogo o la generación de propuestas. En cuanto al gobierno estatal los ha recibido, pero “no habido más que eso”.


