(29 de noviembre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Alrededor de las 11 de la mañana del 22 de diciembre, sin saber nada, escuchamos una gran cantidad de balazos que se hacían en la parte baja dirección Rancho Esperanza, de la iglesia, aquí fue donde comenzó todo y se movió más cerca de la iglesia y es que era una lluvia de balas espantosa […] pero comenzamos a escuchar otro tanto de disparos que se hacían en las partes superior de la iglesia, sumamente cerca desde la carretera, narró Vicente Luna Ruiz.
Un día después de la masacre de Acteal, donde fueron asesinadas 40 pobladores, se concluyó que las muertes se produjeron como consecuencia directa y proporcionada a las lesiones producidas en las víctimas mediante el empleo de distintas armas de fuego y armas blancas. “Cada uno de los cuerpos tiene múltiples heridas, y en algunas de ellas producidas en dos momentos (por arma de fuego y arma cortopunzante).
La mayoría de ellos se hicieron a corta distancia (arma blanca, en el 90%) y con un componente de reiteración y ensañamiento (varias heridas en la misma persona). En su conjunto los hechos reúnen la definición de ‘masacre’ al tratarse de un grupo de hombres, mujeres y niños indefensos entre los que hay ancianos, mujeres embarazadas y lactantes.
La reiteración de las heridas hasta lograr la muerte muestra una acción orientada a la intencionalidad de acabar con el grupo”, puntualiza Acteal: Resistencia, verdad y memoria, un análisis psicosocial de la masacre, en poder de Revolución TRESPUNTOCERO, realizado por el Doctor Carlos Martín Beristain, quien formó parte del Grupo de Expertos Interdisciplinarios Independientes (GIEI), que se dedicó a investigar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Señala que, las víctimas no murieron todas al mismo tiempo ya que algunas fueron perseguidas hasta ser alcanzadas a una cierta distancia de lugar primario de la escena del crimen.
Esto condiciona distintos momentos cronológicos en las muertes de cada una de ellas, pudiendo estimar que lo hechos no acontecieron simultáneamente. “Ninguna de estas muertes puede justificarse por caída accidental al suelo en el mismo plano de sustentación ni por desnivel en el mismo.
La etiología médico legal de la muerte es de carácter homicida para todos los casos”, y se añade que, la investigación forense realizada es suficiente como para comprender los hechos acontecidos, pero insuficiente ante la magnitud de los mismos que hubiera exigido la puesta en marcha de protocolos forenses reconocidos internacionalmente.
La descripción de las heridas y la interpretación de las mismas es limitada, no existiendo una valoración médico legal adecuada según estándares internacionales. Especialmente negativo es la falta de protección de la escena del crimen y de recogida sistemática de las evidencias in situ, así como un examen fotográfico de los cuerpos en el lugar de deceso.
Según el relato de diferentes personas que intervinieron y el análisis del acta de levantamiento de los cadáveres, así como muestran las circunstancias, horario y condiciones en que se llevó a cabo, se alteró y no se protegió la escena del crimen, los cadáveres fueron apilados antes de la llegada del equipo forense y no se recogieron las evidencias necesarias para investigar un hecho de esta enorme gravedad.
De acuerdo con un relato del médico de la Cruz Roja Mexicana que se dirigía a Acteal en la noche, tras recibir aviso de que había heridos en la comunidad con un grupo de socorristas, fueron advertidos del peligro de pasar por la policía que se encontraba en un retén entre Polhó y Acteal.
Tras evaluar la situación, a la 01 horas llegó una parte de dicho grupo a Acteal observando numerosos cadáveres en una zona de descenso, avisando a las autoridades locales y de la Secretaría de Gobierno, quienes llegaron a las 04 horas del día de 23 de diciembre.
Es decir ocho horas después de dichos últimos avisos, y diez horas después que algunos heridos llegaran al destacamento de Majomut y siete horas después de que los heridos fueran ingresados en los centros hospitalarios de San Cristóbal de Las Casas.
Los relatos de diferentes personas que intervinieron y el análisis del acta de levantamiento de los cadáveres, así como muestran las circunstancias, horario y condiciones en que se llevó a cabo, se alteraron y no se protegió la escena del crimen, los cadáveres fueron apilados antes de la llegada del equipo forense y no se recogieron las evidencias necesarias para investigar un hecho de esta enorme gravedad.
Fue entonces cuando, según el testimonio del médico de la Cruz Roja Mexicana, los cuerpos fueron manipulados y apilados en un camión: los cuerpos se encontraban, en su mayoría, en la vertiente que hace una forma de ‘tobogán’, con las extremidades inferiores hacia abajo y la cabeza hacia arriba, es decir, descendiendo por la pendiente, la cabeza se localizaba primero y luego las extremidades inferiores y todos los cuerpos estaban en la misma dirección.
Otra característica que se expuso fue que los cuerpos no presentaban rigidez cadavérica; que el líquido hemático (sangre) derramado por los cuerpos todavía no estaba coagulado y en el cuerpo sin vida de un joven aún se le podía percibir brillo en los ojos.
Fue entonces que comenzaron los ahí presentes, entre policías de Seguridad Pública del Estado y socorristas de la Cruz Roja Mexicana, al subir los cuerpos sin vida, para irlos colocando a bordo de uno de los camiones en que se habían transportado policías.
Los funcionarios del gobierno permanecieron en la escena del crimen una o dos horas, acompañados por 150 efectivos de la policía. Sin embargo, no se realizó ninguna investigación de la escena del crimen, ni un estudio fotográfico de la zona, ni recogida de pruebas, ni protección del lugar.
El documento firmado por la comisión formada por agentes del Ministerio Público asistidos por la Doctora Norma Guerrero Tzongua, médico legista y forense de los Servicios Periciales, así como del perito técnico forense Juan Martinevaquerizo Torres, señala que las víctimas se encontraban todas juntas, lo que muestra que habían sido manipuladas después de muertas, pero no se hace ningún análisis sobre ello, ni sobre las pruebas que se debían encontrar en la zona o las causas de los hechos.
En dicho informe se refiere que los cuerpos estaban amontonados, y varias mujeres aparecen sin ropa (cadáveres 03, 04 y 08, de 17, 25 y 35 años respectivamente) y en dos de ellas se señalan lesiones de equimosis, es decir lesiones en la piel realizadas por mecanismo de golpe o presión, en ambas piernas de los cadáveres 34 y 36, ambos femeninos adultos jóvenes.
Las víctimas asesinadas fueron trasladadas en un camión, unidad 2651, sin ningún respeto por los cuerpos, lo que supone un trato irrespetuoso para cualquier fallecido, y según la CNDH “sugiere una actitud de menosprecio al estatus sociocultural de los agraviados”.
“Todo eso se movió, porque de lo que nosotros llegamos a documentar es que fueron miembros de la seguridad pública quienes movieron los cuerpos como que los trataron de ocultar en una de las cañadas y después los llevaron a Tuxtla Gutiérrez y bueno ya después a la tarde siguiente que los entregan, no fueron identificados, no dijeron cuantos hombres, tantas mujeres, el proceso de la gente de andar buscando entre los féretros quien era tu familiar, fue parte de los actos violentos.
Los cuerpos estaban tirados en un salón, “todos ensangrentados, una herida que se mantiene permanentemente abierta”, dijo Blanca Martínez Bustos, Ex directora del Frayba. Cabe señalar que desde el punto de vista cultural, la afectación de no llevar a cabo una limpieza cuidadosa de los cuerpos y ponerles la ropa adecuada para su viaje, supone un daño añadido.
Y es que los cuerpos no se tuvieron en condiciones de refrigeración y cuando se devolvieron a sus familiares estaban en medio de una fuerte descomposición.Esa alteración del duelo produjo mayor sufrimiento en los sobrevivientes.
Las circunstancias en que se dieron las identificaciones y entrega de los cuerpos resultaron dramáticas para los sobrevivientes y no tuvieron en ningún momento en cuenta la dignidad de las víctimas y sus familias. “Nos dijeron a cada uno pues vengan quien es la familia de Ignacio y así fuimos, nos acercamos y abrieron el cajón, pues mira como está tu papá dice, y más todavía tristeza de uno y así, cuando vimos nuestro papá pues todo así, la cabeza rajada, pues la boca ya no se conocía bien, poquito se conocía, pues cuando lo vi dice Agustín, se notaba bien tu papá todavía pero ahorita ya se descompuso mucho dice, se notaba bien dice, pero es tu papá dice y así cada quien nos llamó pues para conocer, así lo abren el cajón.
Pero cuando lo vieron ellos, como todo el cuerpo lo miraron y pues tu papá todo destripado, pues todo balaceado, todo roto dice […] Pues ya cuando se van a enterrarse nada más cuando ya estaban para enterrar pues destapamos otra vez el cajón y lo vimos la cara, pues ya solo así, ya no se podía tocarlo.
Como son dos días que estuvieron en Tuxtla Gutiérrez, pues ya tenían ya olor, entonces ya no se podía acercarnos mucho y así, pues no queda otra cosa más que llorar más cuando volvimos a ver el cuerpo de nuestro papá”, declaró Diego Pérez Jiménez.
El procedimiento de identificación de los cuerpos supuso un nuevo impacto, y fue realizado sin las debidas garantías ni respeto por los familiares, en condiciones de putrefacción y tensión evidentes que indujeron incluso a algunos errores en la identificación por parte de sobrevivientes.
“Me tocó vivir con ellos la identificación de los cuerpos de estas mujeres, pero ya estaban en un estado de descomposición muy terrible, sacamos fotos y todo y luego esas fotos ayudaron para la identificación y una de las cosas que ellos me pedían era (aunque sea)”, comentó la abogada Martha Figueroa Mier.

