(09 de Octubre, 2015).- La historiadora Bettina Gómez Olivier, madre de María Fernanda Giordano Gómez, de 18 años de edad, activista que ha participado en las manifestaciones por los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, fue amenazada el pasado 23 de septiembre vía telefónica, por un número desconocido en el cual le indicaron “Cuide a su cachorra”.
La joven se dirigía al Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez (Centro Pro) para reunirse con los padres de los normalistas de Ayotzinapa y su mejor amiga, Mayra, tía del estudiante Christian Alfonso Rodríguez Telumbre.
Cuando se trasladaba hacia el plantel Del Valle de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) –donde labora la mamá de su amiga–, Mayra recibió una llamada, también de un “número desconocido”. Sólo escuchó una palabra: “Fernanda”, y luego el timbre. Al día siguiente ocurrió dos veces lo mismo.
“Llamaron a mi mamá pensando que iba a reaccionar como una madre sobreprotectora, que no me iba a dejar salir de casa” declaró en entrevista Fernanda con Apro.
“La intención era asustar a la gente que está ayudando a Ayotzinapa, que está cobijando a los padres o que está siendo solidaria; asustarlos para que dejen a los padres y que el movimiento se vaya apagando. Las amenazas no funcionaron, mi mamá me apoya totalmente” refirió la activista, quien marchó el pasado 26 de septiembre, cuando se cumplió un año de la desaparición de los 43 normalistas.
“Se pican las llamadas, de repente se oye mucho ruido en línea, o cuando estás hablando con un normalista, de pronto el teléfono se apaga, cosas así” mencionó la activista juvenil, quien señaló que así sucede con los padres de los jóvenes que apoyan el movimiento por Ayotzinapa.
La madre de Fernanda, integrante de la organización Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencia (HIJOS), se acercó al Comité Cerezo, que emprendió una acción urgente y presentaron una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y también interpusieron una denuncia civil.
“Fue más bien para el registro, porque de que vayan a investigar no creo. Llevaron el teléfono de mi mamá a la policía cibernética y le dijeron que era un aparato demasiado seguro y que no podrían rastrear las llamadas” declaró Fernanda.
Pocas semanas después de la tragedia de Iguala, el 26 y 27 de septiembre de 2014, la joven –originaria del Distrito Federal– pasó cinco días en la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa. “Sola”, precisa. Y luego acompañó a los padres en la caravana que recorrió varios estados del sur del país y que llegó la Ciudad de México el 20 de noviembre pasado.


