(17 de noviembre, 2014).- El recientemente celebrad encuentro internacional entre gobiernos de Centroamérica y Estados Unidos, para abordar el fenómeno de los “Niños Extranjeros No Acompañados” (UAC, por sus siglas en inglés), únicamente sirvió para exponer que ambas instancias lejos están de formular un acuerdo político para solucionar la crisis, así como generar un plan de financiamiento que verdaderamente apoye a los migrantes afectados.
La cumbre protagonizada por el vicepresidente norteamericano Joe Biden, Juan Orlando Hernández de Honduras, Otto Pérez Molina, de Guatemala y Salvador Sánchez Cerén de El Salvador, se realizó el pasado 13 de noviembre con el auspicio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington DC, sin que se mostraran avances significativos para detener el problema.
Biden por su parte, insistió en que los menores centroamericano que están de manera ilegal en EE. UU. pero con padres legales, pueden solicitar asilo, aunque no mencionó que dicho proceso además de sumamente costoso es cansado, por lo que pocos recurren a él.
A su vez, los mandatarios del llamado “Triángulo del Norte”, arribaron al encuentro con un plan ambicioso y llenos de lugares comunes, aunque pobre respecto a un financiamiento real que les permita una solución a futuro.
Un ejemplo de ellos fue la intención del hondureño Hernández para obtener 2 mil millones de dólares, al igual que el mandatario de Guatemala, mientras que Biden se mantuvo al margen y no ofreció ningún apoyo económico.
Sin importar que el origen del fenómeno de los UAC sea de orden económico, familiar, o de tipo social que involucre la huida del crimen organizado, la cumbre terminó sin que se hayan puesto sobre la mesa soluciones para estos problemas en específico.
Y es que recientemente el Departamento de Estado norteamericano emitió un comunicado donde indicaba que sólo serían 4 mil los niños y padres aceptados en dicho programa de asilo, con límite hasta el 30 de septiembre de 2015 (fin del año fiscal), cuando únicamente en 2014 ya fueron detenidos más de 60 mil infantes en la frontera estadunidense.
A pesar de que el plan de los presidentes centroamericanos es por demás amplio, sigue sin ofrecer mecanismos novedosos de financiamiento y se excluyen medidas nuevas que vayan contra el origen del flujo migratorio. En su lugar, se vuelve a la dependencia estadunidense y “la participación de otros países aliados, organismos multilaterales y socios de desarrollo de la región”.
Incluso, ofrecen un proyecto de presupuesto, con la inclusión de donantes potenciales la cual está totalmente en blanco:



