En la historia reciente del crimen organizado en México, el nombre de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, se convirtió en una referencia obligada. No solo por el tamaño del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino por la forma en que su liderazgo se consolidó durante los años de fragmentación de otros grupos criminales, especialmente en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Este 22 de febrero de 2026, agencias internacionales y medios de referencia reportaron que Oseguera Cervantes habría muerto durante un operativo federal en Jalisco, un hecho que desató bloqueos y quema de vehículos en varios puntos del occidente del país.
Del campo a la ruta criminal: el arranque de una carrera
“El Mencho” nació en Michoacán y pasó de actividades rurales a una ruta criminal que se fue sofisticando con los años. En su etapa temprana migró a Estados Unidos, fue detenido por delitos menores y posteriormente deportado, antes de reincorporarse en México a redes del narcotráfico que operaban en el occidente del país.
En esa etapa, su nombre comenzó a ligarse al Cártel del Milenio y, más tarde, a la estructura que terminaría conectada con Los Cuinis, una alianza clave para el crecimiento financiero y logístico del CJNG. El propio Departamento de Justicia de Estados Unidos ha descrito esa relación en sus documentos judiciales, donde identifica al CJNG y a Los Cuinis como una estructura coordinada para tráfico internacional de drogas y manejo de recursos ilícitos.
El punto de quiebre: del reacomodo criminal al nacimiento del CJNG
El ascenso de Oseguera Cervantes no se entiende sin el reacomodo del mapa criminal en el país. Tras la captura o caída de líderes de otros grupos y la ruptura de alianzas en el occidente de México, surgió un vacío que fue aprovechado por nuevas estructuras. En ese contexto se consolidó el CJNG, que en pocos años pasó de una presencia regional a una expansión nacional.
Estados Unidos ubica formalmente al CJNG como una organización con crecimiento acelerado desde finales de la década de 2000, y en documentos recientes ha reiterado que el grupo se convirtió en una de las estructuras criminales más violentas y con mayor capacidad de tráfico de drogas sintéticas hacia ese país.
El crecimiento en los sexenios de Calderón y Peña Nieto
El periodo de Felipe Calderón (2006-2012) fue clave por la ofensiva federal contra los grandes cárteles. Esa estrategia provocó capturas, fracturas internas y disputas territoriales. En ese escenario, el CJNG encontró espacio para crecer y posicionarse en corredores estratégicos del occidente del país.
Ya en el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), la organización de Oseguera Cervantes dio un salto mayor. Fue en esos años cuando el CJNG dejó de ser visto solo como un actor regional y comenzó a ser identificado como una estructura con capacidad transnacional, presencia en más entidades de México y una combinación de fuerza armada, redes financieras y control de rutas.
El Departamento de Justicia de EE.UU. describe al CJNG como una fuerza dominante en el tráfico de narcóticos, con envíos de cocaína y metanfetamina a gran escala hacia Estados Unidos y otros destinos. Además, subraya el uso sistemático de violencia, armas y alianzas criminales para proteger su operación.
La fórmula del poder: violencia, dinero y expansión
El crecimiento del CJNG bajo el mando de “El Mencho” se apoyó en varios pilares:
- Producción y tráfico de drogas sintéticas, especialmente metanfetamina y, más tarde, fentanilo.
- Estructuras financieras para mover recursos y lavar dinero.
- Control de rutas y nodos logísticos, incluidos puertos y corredores del Pacífico.
- Violencia de alto impacto para intimidar rivales, autoridades y comunidades.
En su comunicado de sanciones de 2025, el Departamento del Tesoro de EE.UU. señaló que el CJNG opera laboratorios clandestinos en México para producir fentanilo, metanfetamina, cocaína y otras drogas, y mencionó su papel en operaciones vinculadas al puerto de Manzanillo, así como su involucramiento en otras actividades delictivas como robo de combustible, fraude y corrupción.
De objetivo prioritario a símbolo de una era criminal
Con el paso de los años, Oseguera Cervantes se convirtió en uno de los nombres más perseguidos por autoridades mexicanas y estadounidenses. La recompensa ofrecida por Estados Unidos alcanzó hasta 15 millones de dólares por información para su captura o condena, una señal del nivel de prioridad que representaba. Ese dato fue retomado por AP, Reuters y otros medios internacionales en su cobertura de este domingo.
Más allá de los alias y del mito criminal que suele construirse alrededor de estos perfiles, la historia de “El Mencho” resume una etapa del país: la transición del viejo mapa del narco a una nueva generación de organizaciones más flexibles, más violentas y con mayor alcance internacional.
El cierre de ciclo y lo que deja su historia
La figura de “El Mencho” quedará marcada como la de uno de los líderes criminales más influyentes de las últimas dos décadas en México, con un ascenso que se aceleró en los sexenios de Calderón y Peña Nieto, y con un legado operativo que convirtió al CJNG en una estructura de alcance global.
Su historia no se explica solo por un nombre, sino por el contexto en que creció: fragmentación de rivales, disputa de territorios, rutas internacionales, redes de financiamiento y una escalada de violencia que cambió el tablero criminal en México.
“El Mencho”, líder del CJNG, fue abatido por fuerzas federales


