Luis Cárdenas Palomino, considerado durante años la mano derecha de Genaro García Luna, dejó atrás las rejas del penal del Altiplano en el Estado de México para continuar su encierro en Morelos. El pasado 30 de julio, autoridades federales lo reubicaron en el Centro Federal de Rehabilitación Psicosocial (CEFEREPSI), una prisión conocida como “la cárcel hospital” por su capacidad de atención médica y psicológica de tercer nivel.
El traslado se dio tras cuatro años de permanencia en Almoloya de Juárez, dentro de un operativo en el que otros 59 internos también fueron enviados a distintos penales del país.
De Almoloya a la cárcel hospital
El CEFEREPSI, ubicado en el municipio de Ayala, Morelos, no es un centro cualquiera. Ahí han estado personajes como Roberto Borge, exgobernador de Quintana Roo, y Mario Villanueva, su antecesor, además de reclusos célebres como Josmar Flores, el pastor que secuestró un avión de Aeroméxico en 2009, y Sergio Humberto Ortiz Juárez “El Apá”, líder de una banda de secuestradores que murió en esas instalaciones.
Fuentes federales confirmaron que la reubicación de Cárdenas Palomino responde a necesidades médicas, pues este penal es el único con hospitalización de tercer nivel en todo el sistema federal.
Procesos abiertos: tortura y armas
Detenido en 2021 en un fraccionamiento de Naucalpan, Cárdenas Palomino enfrenta dos procesos penales:
El primero, por tortura contra Mario Vallarta, Sergio Cortés Vallarta y los hermanos Estrada Granados, detenidos en 2012 en Iztapalapa.
El segundo, por su omisión en el operativo “Rápido y Furioso”, que permitió el ingreso ilegal de armas y explosivos a México.
Pero los pendientes no terminan ahí. La Fiscalía también lo tiene en la mira por un nuevo caso de tortura, esta vez en agravio de María Elena Ontiveros “La Güera”, ex agente de la PGR vinculada al secuestro de Fernando Martí.
El hombre fuerte de García Luna, hoy tras las rejas
Cárdenas Palomino fue durante años uno de los rostros más visibles de la Policía Federal y el círculo íntimo de Genaro García Luna, hoy condenado en Estados Unidos por narcotráfico. Su caída, y ahora su traslado, representan un nuevo capítulo en la historia de los hombres más poderosos del aparato de seguridad que dominaron en los sexenios pasados.
La imagen del “súper policía” que compartía reflectores con García Luna se transformó en la de un interno más, recluido en una prisión diseñada para atender a quienes, además de cuentas pendientes con la justicia, cargan con enfermedades físicas y psicológicas.
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