Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0
(07 de agosto, 2013).- La carne ya no crecerá entre tendones y huesos, ahora se reproducirá en tubos de ensayo: el lunes un grupo de científicos, encabezados por Mark Post y patrocinados por Sergey Brin, cofundador de Google, presentó al mundo la primera hamburguesa sintética.
Aunque sus creadores estiman que para 2020 esta carne se distribuirá masivamente, la comida de laboratorio podría no ser, como lo pregonan sus partidarios, la solución a los problemas sobre la hambruna-nutrición.
“Es una solución mediática al problema del hambre” declaró Juan Antonio García Oviedo, biólogo especialista en alimentación del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en entrevista telefónica con REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO al señalar que la multiplicación de células madre no es en sí una innovación y el producto final aunque podría llenar –saciar el hambre– difícilmente podría llegar a equiparar, en nutrientes, a una hamburguesa de carne de vaca.
En 2012, durante el desarrollo de la carne sintética, Post enfatizó que su trabajo iba encaminado, por una parte, a impedir que los productos cárnicos se convirtieran en un bien de lujo –tanto por los caprichos del mercado como por los recursos (tierra, agua, comida) utilizados para su cría–; y por el otro, a combatir el hambre.
El doctor García Oviedo dice que el problema no se encuentra en la cantidad de recursos naturales necesarios para la producción de carne, sino en su manejo: “Si México cambiara la ganadería extensiva [de pastoreo] a una intensiva [controlada] aumentaría inmediatamente su producción de carne sin necesidad de alimentos tecnológicos”.
Más allá del debate sobre la capacidad de la tierra para alimentar a la creciente población; los alimentos generados en laboratorio no han despejado la sombra sobre varios aspectos:
– Su inocuidad. ¿Tendrán algún efecto a largo plazo en la salud humana?
– ¿Cumplen los requisitos visuales, táctiles, nutrimentales y de sabor para reemplazar a los naturales?
– Sus alcances éticos. ¿Se llegará a desarrollar hamburguesas de oso panda o; como declaró Post, de carne humana?
– ¿Cuál será su mercado?
“Le falta grasa”. Aunque los críticos de cocina, invitados el lunes para la degustación de la hamburguesa, declararon que carecía de jugosidad, agregaron que poco faltaba para que alcanzaran la textura y el sabor de la carne real.
Mientras Post y su equipo en la Universidad de Maastrich, Holanda, piensan cómo reducir el costo por unidad –la primera hamburguesa costó 250 mil euros–; los vegetarianos encaran la dilución de su dilema moral ahora que una vaca en lugar de servir para 100 hamburguesas producirá 100 mil –sacrificarán menos animales–, y los científicos se preguntan si la tecnología se aplicará para mejorar la nutrición o simplemente paliará una necesidad primaria del hombre, comer.



