Txus/ Ciudadsomnolienta.org
Es extraña la revolución (o el sentimiento revolucionario). Convierte a niños callejeros en héroes que ocupan edificios, a clientes de bar en defensores de plazas y centinelas de barricadas, a gente común y corriente en valientes ciudadanos contra ese enemigo común siempre tan fuerte y siempre tan menos fuerte que todos; en fin, es extraña la revolución porque en ella todo mundo es heroico: cada quien cuenta su aventura homérica, su odisea personal de cómo fue que llegó a la plaza evadiendo todos los puestos de control, como destrozó el último vidrio de un coche policía con el mismo bastón con el que destrozó el primero hace dos días, cómo alguien le ha dado de comer y beber a miles de compañeros, cómo todo mundo se ha salvado mutuamente tantas veces que merecen llamarse hermanos y reír juntos y abrazarse.
Ahora que paso por enfrente de los grandes hoteles de Estambul, todos rodeando la plaza de Taksim, ocupada desde hacer cuatro días y tres noches por un movimiento apartidista, imagino a Hemingway tomando whiskey o el mejor vino de la cava del Ritz de París cuando la ciudad estaba siendo liberada de Alemania y todo mundo compartía una euforia, imagino, parecida a la que comparte el centro de la nueva Constantinopla estos primeros días de junio.
Hoy es la cuarta noche que la ciudad, o la parte central de la ciudad, está tomada por manifestantes. Para hacerle honor a la verdad, es una toma frágil, pues para resistir los embates policiales se necesita mucha gente, lo cual hace que una gran mayoría se tenga que concentrar en un solo lugar, en una plaza: Taksim, dejando el resto de barrios unidos al movimiento más o menos indefensos. No obstante lo anterior, hay un barrio que ha liderado, en cierta forma, los choques policiales, alejando a las cargas fuertes de Taksim y, por ende, permitiendo en buena parte que no haya suficiente fuerza policial lista y descansada para volver a tomar la plaza más grande de la ciudad. Escribo desde Beşiktaş, el barrio del que hablo, de manera afortunada y desde un tercer piso en el silencio que mi habitación otorga.
Por Internet puedo ver que la policía se va acercando a Taksim y al parque Gezi, el lugar donde comenzó todo esto, aunque no sé si pretenden desalojar la plaza esta noche o esperar a que regrese el primer ministro de su viaje al norte de África. Creo que si desalojaran la plaza hoy, el día de mañana se les volvería a llenar de gente. Viendo las imágenes del caos me pongo a pensar que quizá están arrestando a las personas que se atreven a tirarles piedras para así quitarle a la resistencia sus grupos de choque: las personas que han puesto las barricadas y las que han defendido a todos los otros que disfrutan y han disfrutado de la plaza liberada (vaya lenguaje que se utiliza en estas condiciones).
Esta noche ya está acabando. Puedo ver al sol asomarse en la parte más lejana del cielo. Aunque no es ni asumo esta revuelta como mía espero que la plaza siga ocupada mañana. Sería muy triste para la ciudad despertar de este gran sueño tan bruscamente.


