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Deserción escolar, violencia y desarrollo: desafíos persistentes

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Por: Carlos Bauer

Tw: @CarlosBauer3_0

De acuerdo con el Compendio Mundial de la Educación 2012 dado a conocer por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (UNESCO) el mes pasado, a nivel global 31.2 millones de niños dejaron inconclusa su educación primaria sólo en 2010. Cada año la UNESCO dedica el Compendio a la investigación y el análisis exhaustivos sobre alguna temática educativa; el más reciente se titula “Oportunidades perdidas: el impacto de la repetición de grado y de la salida prematura de la escuela” y da cuenta de los obstáculos y desafíos para garantizar el acceso y permanencia de todos los niños en la educación primaria. Señala que –pese a los avances significativos en la cobertura educativa– las altas tasas de deserción y repetición, así como el bajo nivel de aprendizaje efectivo, se han revelado como desafíos persistentes.

En su documento Panorama Regional – Educación para Todos, el Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe de la UNESCO (Prelac) informa que nuestra región “tuvo avances importantes [en la educación primaria], disminuyendo de 13 a 8,3 por ciento la tasa de abandono escolar, promedio, entre 2000 y 2010”. Sin embargo, debe considerarse que, al tratarse de la región con mayor desigualdad de ingresos en el mundo, los logros educativos muestran una significativa disparidad según las condiciones socioeconómicas: “La probabilidad de no concluir la educación primaria es casi 7 veces mayor para un alumno del quintil más pobre que para uno del quintil más rico. Hacia 2010, en promedio, mientras el 96 por ciento de los jóvenes de 15 a 19 años del quintil más rico había completado la enseñanza primaria, entre sus pares del quintil más pobre sólo el 73 por ciento lo había hecho”.

Esta desigualdad en la región latinoamericana se refleja no sólo en los niveles de deserción y repetición escolar, sino de manera muy importante en los índices de aprovechamiento y en el acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs). En el documento de Prelac citado arriba se apunta una realidad que obstaculiza la difusión del conocimiento en nuestra región: el bajo nivel de acceso a internet. “De hecho, la disposición de PC con software educativo e internet en el hogar el año 2000 llegaba sólo al 15 por ciento de los hogares de la región, indicador que sube a 19,1 por ciento en 2006”. Por otra parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que prevalecen “muy altos niveles de relación entre recursos educativos de la escuela y condición social de los estudiantes para casi todos los países de la región”.

El nivel de ingresos es un factor importante en las expectativas de permanecer en la escuela. Debe señalarse también la fuerte correlación al invertir los factores: la deserción escolar condiciona significativamente el nivel de ingresos al que puede aspirar una persona. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) muestran de manera dramática las diferencias de ingresos de la población según su nivel de escolaridad: en promedio, una persona con educación universitaria completa percibe seis veces más ingresos que una con primaria trunca. Aunque no es posible absolutizar estas cifras suponiendo que un aumento en la escolaridad llevaría a un incremento simétrico y automático en las oportunidades laborales –¿a qué universitario no le ha pasado, al menos una vez, que le nieguen un empleo por estar “sobrecalificado”?–, los datos indican la importancia de garantizar el derecho a la educación para crear una auténtica igualdad de oportunidades.

Pero las variables socioeconómicas no son el único factor en la deserción escolar. La violencia, un fenómeno que se ha vuelto tristemente cotidiano en nuestro país, incide cada vez más en la deserción escolar e incluso en el acceso a la educación. Aunque en otras naciones de América Latina se presentaba desde tiempo atrás una problemática relacionada con la existencia de movimientos guerrilleros o pandillerismo, como las maras centroamericanas, los últimos años han visto crecer el desplazamiento poblacional por temor al crimen organizado en zonas cada vez más extensas de México. El abandono de comunidades y la deserción escolar por  miedo a ser víctimas de la violencia están impactando en las oportunidades de bienestar y desarrollo económicos.

Al igual que la desigualdad económica y la baja escolaridad se refuerzan mutuamente, el círculo vicioso entre la violencia del crimen organizado y la pérdida de oportunidades laborales por deserción escolar plantea un reto de inestimable urgencia en nuestro país. ¿Cuántos jóvenes son cooptados por el crimen organizado después de que la propia violencia les impidió continuar con sus estudios? No contamos con estadísticas sobre este fenómeno, pero los muertos que cada día se suman a la cuenta del crimen organizado son un recordatorio de los pendientes que no podemos seguir aplazando.

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