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“Destellos de humanidad” en la Conmemoración de las víctimas del Holocausto

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Por: Zazil Carreras

@ZazCarreras3_0

En julio de 1996, el congresista Tom Lantos, un sobreviviente de la Shoá fallecido en 2008 dijo: “Es importante que no recordemos sólo las atrocidades y la violencia y el asesinato y el terror de esa época, sino que consideremos los destellos de humanidad que brillaron en el medio de la noche más oscura. Siempre es instructivo y alentador examinar las vidas de aquellos hombres y mujeres decentes”.

Los “destellos de humanidad” a que hacía referencia Lantos son aquellas personas de todos los medios, en todas las naciones, de todas las clases sociales que fueron más allá del descontento silente, son aquellas personas que arriesgaron la vida misma en un acto de rebeldía en contra de los horrores de la injusticia, la opresión y la muerte, son los “Justos Entre las Naciones”.

La Shoá –u Holocausto- fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores.

Los nazis, que llegaron al poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una “raza superior” y que los judíos, considerados “inferiores”, eran una amenaza extranjera para la llamada comunidad racial alemana.

En 1933, la población judía de Europa ascendía a más de nueve millones, y la mayoría de los judíos europeos vivía en países que la Alemania nazi ocuparía o dominaría durante la Segunda Guerra Mundial. Para el año 1945, los alemanes y sus colaboradores habían asesinado aproximadamente a dos de cada tres judíos europeos como parte de la “Solución final”, la política nazi para asesinar a los judíos de Europa.

Si bien las principales víctimas del racismo nazi fueron los judíos, a quienes consideraban el mayor peligro para Alemania, entre las otras víctimas se incluyen 200 mil romaníes (gitanos), algunos pueblos eslavos y como mínimo, 200 mil pacientes discapacitados física o mentalmente, en su mayoría alemanes, quienes fueron asesinados en el marco del llamado Programa de Eutanasia.

Es entre esta infamia que las acciones de “Los Justos” que estaban condicionadas por las limitaciones de sus posibilidades, tomaron un sentido humano invaluable. Se exponían a peligros y castigos muy severos, en caso de ser detenidos por los nazis y dependían de un sistema de comunicación totalmente limitado por sus gobiernos.

La ubicación geográfica de cada país era fundamental para las posibilidades de ayudar, además de que los nazis establecieron un régimen que se encontraba definido por varios factores: el lugar que ocupaba cada país en su ideología, la cantidad de judíos que tenía, la relación que tenían con la población no judía, etc. Cuanto más cerca se estaba de un país neutral, mayores posibilidades existían de ayudar y salvarse.

También favorecía si se trataba de un país con tendencias democráticas o antisemitas entre su población. En países como Francia o Bélgica, y en especial Italia o Dinamarca, quienes intentaban ayudar a un judío casi no se exponían al peligro de ser delatados por sus vecinos, mientras que quien se arriesgaba en Europa oriental, tenía que estar alerta para que quienes lo rodeaban no se convirtieran en sus principales delatores. En Polonia, por ejemplo, un judío era fácilmente detectable e intentar ocultarlo era un acto sumamente arriesgado.

Durante los últimos meses de la guerra, los nazis trasladaron a los prisioneros de los campos en tren o en marchas forzadas, también denominadas “marchas de la muerte”, en un intento por evitar que los Aliados liberaran a grandes cantidades de prisioneros. A medida que las fuerzas aliadas se trasladaban por Europa en una serie de ofensivas contra Alemania, empezaron a encontrar y liberar a prisioneros de los campos de concentración, así como a los prisioneros que estaban en el camino o los que eran entregados a su resguardo por civiles que los ocultaron durante la ocupación alemana.

Los crímenes cometidos durante los años de la guerra devastaron a la mayoría de las comunidades judías de Europa y eliminaron totalmente a cientos de comunidades judías de los territorios ocupados de Europa Oriental.

Es por eso que el recuerdo de lo ocurrido en la Shoá sería incompleto si no se consideraran los capítulos escritos por quienes, viviendo bajo las reglas de los nazis, no aceptaron con indiferencia lo que sucedía con los judíos.

Por medio de la Ley de Recordación de los Héroes y Mártires, aprobada por el Parlamento de Israel en 1953, se encargó a Yad Vashem –el ente de recordación de la Shoá– establecer un memorial para perpetuar el recuerdo de los “Justos entre las Naciones que arriesgaron sus vidas para salvar judíos”. El nombre proviene del concepto hebreo “Jasidei Umot Haolam”, empleado por los maestros talmudistas, que versa: “Los justos entre las naciones del mundo tienen un lugar en el mundo por venir”.

Si comparamos las necesidades que las masas judías enfrentaron durante esa época, los “Justos entre las Naciones” fueron pocos. Los actos de estos pocos demostraron que ayudar y rescatar eran conductas posibles, con mucho esfuerzo y sacrificio, pero sobre todo con valentía.

Tres son las condiciones para que una persona pueda recibir este reconocimiento: que el rescate o la ayuda se concretara, que la acción implicara un riesgo personal para quien la realizara y que no se pidiera ningún tipo de compensación económica por hacerlo. Hasta la fecha han sido reconocidos, por Yad Vashem, poco más de 22,000 personas como “Justos”.

El número de sobrevivientes rescatados gracias a la ayuda de ciudadanos europeos bajo dominio nazi es desconocido, y no es fácil localizarlos. Tanto salvados como salvadores están dispersos por el mundo. Algunos de los judíos salvados murieron después y con su muerte se perdió toda posibilidad de recabar testimonios.

Por otra parte, hubo salvadores que murieron junto con los judíos que ocultaban. Otros prefirieron permanecer en el anonimato, incluso después de la guerra, y fue casi imposible obtener información. Desafortunadamente, muchos sobrevivientes no informaron acerca de sus salvadores ni los detalles de la ayuda recibida, no pudiendo ser reconocida la tarea del Justo.

Pocos, muy pocos fueron los que arriesgaron todo por brindar ayuda humanitaria en tiempos de necesidad, pero para quienes la recibieron, esos pocos significaron absolutamente todo en un mundo lleno de indiferencia.

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