Donovan Hernández / @donovan0007
(1 de agosto, 2014).- 9:15 a.m. Hay que ver la plancha del zócalo libre para enterarse de que todavía es nuestra. Al soliloquio de quien escribe se suma el entusiasmo de que dentro de algunas horas la diversidad caminará sobre este espacio neurálgico, ataviado aún del patrimonialismo oficial que hace de lo público una subespecie del corporativismo. La ciudad está húmeda de nuevo. Una intensa llovizna dota de sendos charcos las calles desvencijadas del zócalo capitalino. El gris contrasta con los reflejos amellados del tezontle, la piedra caliza y el cielo nublado. La polución no es generosa y los que van a marchar esta tarde la saludan. Apuro el paso para llegar a la cita concertada con Carlos Chávez, fotógrafo autodidacta y filósofo empedernido, quien me contacta con José Alberto Patiño, integrante de uno de los proyectos de teatro callejero más sugerentes de los que he tenido a bien oír. La mañana es inclemente. El México londinense, a fuer de calentamiento global, parece ser el marco de fondo para una de las marchas más festivas –si la palabra vale- que todavía ostenta esta ciudad devenida escudo-contra-protestas-sociales. La marcha por el orgullo gay es un evento cíclico que, por fortuna, siempre retorna revitalizado y, quizá, aumentado; ahora las siglas LGBTTI lo acompañan en esa cadena larga del reconocimiento corto que aún recibe esta amplísima y diversa comunidad en el país. Llego al metro. Desciendo por esa boca que promete el subterfugio bajo tierra y me alisto a ser un Orfeo tardomoderno. Ya en el andén, espero con ansia la llegada del convoy.
9:40 a.m. Subimos las escaleras de uno de esos edificios sólidos, robustos, pesados de los años cuarenta. Casi sin aliento abrimos la puerta. José le había arrojado las llaves a Carlos por el balcón. Entramos. La primera impresión fue contundente: estaba en casa de artistas. Un amplio salón de duela, con muros firmes y un corredor que lleva del balcón al patio central del edificio, hacía las veces de sala de estar, camerino, bodega de vestuario y sala de prensa. Empalmados unos sobre otros, se encontraban diversos aditamentos que para el desprevenido habrían resultado una simple acumulación de desperdicios. A los trozos de periódico y papel crepé, se unían carteles de propaganda política, cajas con cinta adhesiva, pelcro, collares artesanales, y una maleta inmensa de donde salían y salían objetos de deshecho que José Patiño convertía hábilmente en ropajes y caracterizaciones con las cuales confeccionaba su rutina. De esta forma me iba adentrando, sin saberlo, en el universo de Proyecto 21. Converso con José mientras otr@s integrantes llegan e inician su caracterización para participar en la marcha y la protesta frente al Senado esta tarde.
Primera llamada
“Proyecto 21 es un grupo que formé, agarra nombre dos años después.” Me dice José Patiño mientras continúa maquillándose. Artista como es se adentra en su personaje, prepara su rutina para la presentación ante el público que, en esta y otras ocasiones, es ni más ni menos que el Ciudadano; aciago actor de mil batallas que no ha terminado de cuajar en este país. “Empezó en CU (Ciudad Universitaria).” Afirma lacónicamente mientras se pone bilé. La idea surgió cuando José estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras. Su objetivo era promover las temporadas de teatro estudiantiles, aunque muy pronto se le prohíbe utilizar las afamadas Islas para hacerlo. Su indumentaria, su estética inclinada hacia el cabaret ambulante y su explícita apariencia trans comienzan a ser los rasgos estridentistas de sus apariciones públicas.
Proyecto 21 surge “apoyando causas sociales: leyes de erradicación de la violencia de género, ley de convivencia (que es un símil del matrimonio), ley para separar residuos. El proyecto está conformado por gente que viene y va, la mayoría es de la misma carrera, aunque hay gente que estudió diseño y danza. Yo, por ejemplo, estudié teatro, no diseño.”
En ese momento entra Paulina al departamento, integrante de Proyecto 21, quien se alista a preparar su vestuario, el cual produce en ese mismo instante.
Haciéndose eco de la acción, José comenta uno de los rasgos más notorios de su propuesta colectiva: “Usar elementos reciclados, ironizar conceptos de belleza y la cultura de masas. Usamos de pretexto el rollo de la moda con el objetivo de explorar el espacio público, el espacio común.”
Luego de un largo silencio -atribuible a la concentración que requiere prepararse para la jornada de esta tarde-, inquiero nuevamente la razón por la cual se les impidió hacer uso de un espacio universitario como las Islas. Mientras José Patiño fuma el tercer cigarro que le veo esta mañana, dice: “En CU hay identidades de los universitarios que chocan, se juntan.” De donde debo colegir, a reserva del mejor juicio del lector, que la comunidad universitaria no estaba muy deseosa de incursionar en la relación entre géneros diversos, y aún en la interrogación explícita de eso que llamamos género. Me pregunto si lo está más a día de hoy. Con la esperanza de que así sea, escucho de nuevo a José.
– La intención era jalar a los chavos para que tuvieran prácticas profesionales. Nos hemos metido a todos los movimientos sociales de la Ciudad/
José se interrumpe para ajustar un vestido de papel china azúl, que ciñe sin ambages a la cintura de Paulina; mientras, pasador en los labios, busca una peluca de rubia platino que bien podría ser de alguna versión del Halcón maltés. Sin espacio para el triller de suspenso, retoma y reitera:
– No hay miembros fijos. Hay gente cercana a los zapatistas, a las feministas. Somos transdisciplinarios. Hay sociólogos/
Y, sacando la lengua cual malicioso infante, tira fuerte del corpiño improvisado con publicidad electoral con el que le saca el aire a Paulina. Se dan de manazos y entre risas prosiguen con la indumentaria y la entrevista. ¿Qué busca Proyecto 21? Suelto a quemarropa.
– Empoderar a los jóvenes en el espacio público, dar puntos de vista políticos. Como la banda ve que es teatro y le baja/
José se interrumpe constantemente, va a su cuarto, regresa, repite de nuevo toda la operación. Busca un listón, algo de cinta, algún material que dé forma exacta a las imágenes que hay en su mente. El suyo es un saber emanado de la práctica. Acostumbrado como cualquiera al gran desánimo que cunde entre los citadinos que regresan a casa luego de la mítica jornada por el salario mínimo, al desgano convertido en modo de existencia, a la desinformación vuelta mantra en las televisiones, a la vieja cultura de la impunidad que campea en estas tierras; en fin, acostumbrado a todo ello, José sabe que el teatro callejero bien ejecutado es un filtro que hace que los mensajes se vehiculen al generar el espacio en el cual interactúan. Luego sucede que esa intensidad con la que se niega el mensaje del lenguaje político diáfano se convierte en aceptación cuando el humor lo envuelve. Efecto V espontáneo -arte en el que Brecht resulta de indudable utilidad- el distanciamiento que practica el público con los mensajes del consumismo y el lenguaje del odio y las mentiras convertidas en plataforma electoral se vuelve en autoilustración que merece el nombre de participación itinerante. Las calles como aulas, el teatro esclarecedor y el debralle de quien esto escribe se suspende porque el show debe continuar y así lo hace Paulina, la socióloga de la troupe, hablando de la experiencia en lo que José encuentra ese oscuro objeto de sus deseos.
Habla Paulina:
– Y luego, con esto del grupo, hubo estudiantes interesados. Con Proyecto 21 empezamos a hacer política. De por sí el arte tiene trasfondo político-social. Pero ocurre que quienes hacían política eran burgueses, eran banda que ya generaba riqueza.
José, quien está de vuelta, complementa:
– Empezamos a irnos al extranjero. Los integrantes que se han incorporado a Proyecto 21 coincidíamos en invitaciones. La UNAM apoyó (con poco), Fonca no apoyó. Ganamos 6 premios internacionales. Ya no solemos ir al centro, nos prohibieron estar en el andador Madero. Nos convertimos en un referente, un punto común de los movimientos sociales.
Que los espacios públicos de eso sólo tienen el nombre forma parte del acervo que confundimos con sentido común, principalmente de los sectores que viven al día gracias al comercio informal o a la informalidad convertida en trabajo por obra y arte del capitalismo vigente. Sin embargo, los espacios también se han cerrado a diversos artistas que experimentan la formación de nuevas relaciones sociales utilizando la ciudad como campo de acción escénica y política. Algunas de las principales calles del Centro Histórico del D. F. han dado un giro predominante hacia la inversión privada, convirtiéndose en centros señalados del consumo de mercancías aparatosas, costosas, prescindibles, aptas sólo para los poderosos adquisitivamente hablando. El andador Madero es un claro óbice (nótese el arcaísmo) de lo anterior. José lo sabe.
– (Madero) se volvió un paraje comercial, antes era una calle. Se lo presenta como espacio público pero en realidad es privado. Desde que Mancera es gobernador de la Ciudad los polis nos acosan mucho.
Esto es notorio en una ciudad que tiene el primer lugar en crímenes de homofobia dentro de la República Mexicana. La irrupción, no tan reciente, de la lucha por los derechos de los grupos transgénero, transexuales, etc. se ha traducido, en ocasiones, como una tolerancia represiva ante su aparición como habitantes en calidad de igualdad dentro de los espacios urbanos: se los “deja” estar en las calles, pero se les hace saber que se les permite estar porque “hay que tolerarlos”. En otras ocasiones (muchas por desgracia) la homofobia no se contenta con la amenaza visual, la vejación verbal, la intolerable risa que hiere la dignidad. Contra ello Proyecto 21 se levanta irreductible.
– Hacemos teatro de calle, cabaret, inspirados por el arte efímero. También hemos trabajado en instituciones, hemos impartido talleres de prevención de violencia en escuelas y también proyectos de equidad de género. Mira Pau/
Hacen una falda con papel periódico.
Segunda llamada
¿De dónde viene el nombre de Proyecto 21? ¿Qué significado tiene en específico? ¿Cuál es su origen? José Patiño lo resume ágilmente: “En 2006 estaba toda una agenda del siglo XXI: erradicación de la pobreza, recomendaciones de la ONU. Con esta propuesta empecé el siglo incursionando en los derechos humanos, medio ambiente, salud sexual y reproductiva. Güey, no me respondió Argelia…” Le dice a Paulina, quien continúa haciendo arreglos a su indumentaria. José, además de haber iniciado con esta propuesta escénica donde el género se coloca en el centro de la acción, es también creador de un personaje que ha tenido repercusión en los actuales debates acerca de la ominosa Comisión de la Familia del Senado de la República: Alberta Cánada. Con este personaje el universo de Proyecto 21 ha adquirido una fuerza y visibilidad singulares.
¿De dónde viene Alberta Cánada? A Carlos Chávez se le iluminan los ojos.
– “Tú tienes una historia muy buena sobre ese personaje, ¿por qué no se la cuentas?” Arenga entre sonrisas a José, mientras este le da una bocanada más a su cigarro y pega el papel crepé para su falda.
– Tengo una amiga que es de Canadá, que vive en Alberta; es como un homenaje a esa amistad. Trabajábamos en un hotel y había un show travesti y ahí aprendí a travestirme.
En 2009 la troupe realizó la primer marcha gay que ha tenido el estado de Chiapas, justamente en San Cristóbal. Así lo refiere José en su transición hacia Alberta Cánada:
– Hay un pedo con los movimientos sociales en general: no valoran a los gays. Como si a nosotros tampoco nos afectara la pérdida del petróleo.
Y la referencia a la Reforma Energética del actual sexenio se hace sola. Pregunto por el personaje de Alberta Cánada, ¿cuál es su función dentro de sus intervenciones públicas?
– Es un personaje que cuestiona el género binario, es una drag queen. La llevo a todos lados en donde me presento, es una cabaretera.
Inquiero sobre esa marcha gay en Chiapas, ¿cuál fue su recepción?
– Salió en todos los periódicos del Estado, fue histórico. En general se la recibió con sorpresa. Aunque era muy chiquita, sólo éramos tres del grupo y unas lesbianas de ahí y ya nomás.
Paulina pega diúrex en unos periódicos del rincón con los que hará una falda. José-Alberta balbucea “¿Qué? ¿qué me iba a poner yo?” Remueven los escombros con enjundia.
Ganar la calle
¿Cómo ha sido, en general, la recepción que ha tenido Proyecto 21? José responde:
– Difícil porque es un concepto con muchas interpretaciones y ése es el problema. A veces tienes resistencia ciudadana, porque a veces no están a gusto con ver a un travesti caminando en las calles. Pero dentro de todo ha sido suave. Como toda batalla, no te das cuenta de lo que vas logrando…
Se tira accidentalmente el café de máquina que José ha bebido toda la mañana, va por su quinto cigarro. ¿Qué tal ha sido el proceso de actuar en la calle, para públicos diversos que aspiran a convertir en actores y partícipes? ¿Qué tantos espacios encuentran para ustedes? ¿Cómo ha sido la experiencia?
– Difícil, porque son cosas que como actor te da espacios. Pero conservar la independencia creativa no es fácil. No acceder a ciertas cosas que la ley da, como becas por ejemplo; es complicado. Con todo, ha sido un proceso sabroso. Ya llevamos 10 años casi. Aunque trabajamos en instituciones, queremos salir porque sí, a pedir dinero.
José continúa caracterizándose mientras confiesa confiesa:
– La situación cultural está muy cabrona en la ciudad. Hay otras figuras más reconocidas, más visibles que acaparan la escena. A nosotros nos llegan a coquetear mucho los partidos políticos.
¿Cómo logran abrirse espacios frente a todo ese escenario que plantean? Más importante, ¿cómo logran que la ciudadanía cambie su opinión y se libere de prejuicios en contra de la homosexualidad, el travestismo y la diversidad de géneros?
– Información. Si nosotras nos educamos (risas). No sabemos todo, pero si necesitamos saber qué dice la ley para poder usar el espacio público, pues estudiamos. Hay que informar que es un derecho salir a la calle a protestar en un marco de respeto. Existe inequidad. Somos orillados a salir a la calle porque no van al teatro, somos orillados porque no van al teatro.
Enfatiza mediante reiteración José, ya en abierta transición hacia su personaje principal. De esta manera concibe la irrupción de algo como Proyecto 21 en las calles de la capital. A su vez, percibe en el teatro una posibilidad, una potencialidad politizadora.
– No solo hablamos sobre violencia sexual o violencia contra la mujer. La gente puede realizar acciones a partir de un estímulo ficticio donde, por ejemplo, termine yendo a una concentración o mandando una carta al Senado.
Tercera llamada
Respecto de esto último, la conversación se dirige naturalmente hacia la cuestión de la ya mencionada Comisión de la Familia que, en febrero de 2014, se formó en el Senado de la República con una agenda que, además de inexistente, era lesiva para con los derechos de las familias homoparentales y las libertades alcanzadas por la movilización de la diversidad de género en la ciudad. En este marco destacan declaraciones de un valor inexorable, como la de José Luis Preciado Rodríguez, presidente de la Junta de Coordinación Política, que –según registro de Verónica Méndez para el portal de W Radio- a la letra dice: “El PAN está a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, (…) partiendo de un principio fundamental que es la democracia como forma de vida y como forma de convivencia y cristiana por el principio de que somos cuerpo y alma.” (Sicazo) Frente a estas abstrusas tesis -que dejarían sin habla al mismísimo Santo Tomás-, hubo una reacción (esperada y esperable) de parte de la comunidad LGBTTI mexicana. Al respecto, Proyecto 21 declara:
– Fuimos prácticamente los primeros que le hicieron un pedo. Luego se juntaron las asociaciones para iniciar la protesta.
Me interesa saber su opinión acerca de esta polémica Comisión. ¿Cómo ven esas declaraciones y medidas que pretenden imponer una moral específica y religiosa dentro de un órgano laico que debería reunir a las voces de la Federación?
– Mal, que ese discurso conservador se mezcle a un organismo legislativo está mal. Que los legisladores se esperen a la sociedad civil para salir dos días después a deslindarse también está mal. Había senadores del PT.
José-Alberta Cánada prosigue:
– Hay resoluciones de la Suprema Corte, desde hace cuatro años, que son legales y constitucionales y que se oponen explícitamente a actos de este tipo. Y además, ese senador ya había hecho un intento en Jalisco. Le habían dicho que no. Ahora vuelve a repetir en el Senado con la figura de Serrano Limón.
¿Cuáles serían sus principales demandas, como integrantes de la comunidad LGBTTI de México, respecto de esta Comisión?
– Queremos que se disuelva la Comisión, de entrada. Su disculpa no nos interesa, pero violó la ley. Hay una ley federal contra la discriminación. Pedimos su desafuero. Ya la hija de Salinas Pliego renunció (a la Comisión), la Palafox ya se manifestó. Queremos que se disuelva. No tienen plan de trabajo claro. Discriminan. CONAPRED dijo que el senador era homofóbico, lanza discursos de odio desde una tribuna pública. Que se disuelva y que se desafore.
¿Qué acciones se han iniciado en ese sentido?
– Se entregó una solicitud de desafuero a la Cámara de Diputados, a la Federal, que son los que tienen que deliberar sobre este punto. Pero sabemos que no va a proceder, porque no lo van a querer desaforar.
José/Alberta señala, además, que toda esta polémica coincide con los sucesos recientes que involucraron a una periodista del diario Reforma que comparó a las familias homosexuales con animales.
– Está demandada actualmente. Ella podría ser la primera juzgada en la historia de esta ley. Se castiga con 3 años de cárcel la discriminación.
El pensamiento de Proyecto 21 es claro y certero: apuntan a las cuestiones punzantes en materia de equidad, administración de justicia y la mejora de la convivencia social por la vía del ejercicio de derechos civiles. ¿Qué sigue para Proyecto 21? ¿Cuáles son los planes a futuro?
– Participamos por el premio de la juventud. Vamos a un festival de teatro en julio; será en Río Verde, San Luis Potosí. Tenemos cuatro shows de cabaret que constantemente estamos sacando. Queremos sacar un blog. Pero estamos jodidas, bueno pobres.
– ¡Estamos jodidas!
Secunda Paulina entre risas. En el acto, José la capea.
– ¿Jodida yo? ¡Jodidas ellas, jodidas ellas!
Agita la mano hacia el frente, como cuando chismeamos a costa de alguien que tendría (pretendida o realmente) una suerte peor que la nuestra. Entre el gesto típicamente chilango y el relajo que distiende la charla, Carlos Chávez se acerca a mí sigilosamente para advertirme: “Ya está entrando en el personaje.” Entre tanto, José-más-bien-Alberta susurra para sí misma “yo creo que está discreta”, en alusión a una falda gigantesca que se coloca arriba de las medias leotardinas. Vuelve a su cuarto con paso inquieto, como el del actor que se sabe casi listo y Paulina retoma la conversación.
– La semana de la juventud el INJUVE nos invita a ser parte de las actividades. Aparte de eso cada quien tiene sus rollos. Los actores todo el tiempo está en cartelera. Yo, por ejemplo, soy socióloga.
Admiten sin recelo haber apoyado la campaña de Miguel Ángel Mancera para gobernador del D. F., aunque ahora se han vuelto críticas severas de sus políticas. Trabajaron con él, según expresa declaración, sobre el tema de la procuración de justicia para mujeres y transexuales hace un par de años. “Nos llamaron como sociedad civil. Nos llamaron para hacer un proyecto de prevención de la violencia, más allá de la discusión sobre si partidismo sí o partidismo no creímos que era importante participar.” Asegura José. Sin embargo, a sus ojos ha habido varias cosas cuestionables durante la actual gestión del regidor capitalino; como “la campaña que hicieron para amamantar, el caso Yakiri. El D. F. es el primer lugar federal en crímenes de homofobia, detrás de él sólo está el Estado de México. No sé si ha aumentado, pero no ha disminuido. A nivel político, era el único que podía decir no a los mensajes de odio en esta ciudad. El primero que tenía que salir a decir algo era él. No lo hizo, lo omitió. No está gobernando para nosotros, está gobernando para un partido y eso es muy grave.” Las palabras de José son contundentes. Reflejan el sentir de varios citadinos que exigen mayor preocupación hacia el bien común.
Pero un momento. José terminó su faena. Se prepara para salir finalmente a la calle junto con todo Proyecto 21 y hacer que Alberta Cánada tome su lugar en los caminos de la ciudad y la política y la vida. Le pido una última declaración para Revista Hashtag, esta vez como Alberta Cánada.
– Híjole –es su primer reacción-, déjame lo pienso tantito.
Fuma su sexto cigarro matutino. Da una bocanada enorme, contiene el aliento un segundo. Lo suelta. Corre el humo y corren también sus palabras.
Habla Alberta Cánada
– Vamos a continuar, a pesar de los embates; pues es nuestra responsabilidad combatir todas las desigualdades sociales, señalar las fallas en el sistema político, la corrupción. Apuntar al cumplimiento de la ley.
– Continuar como lucha. Muchos creen que no es una lucha, que tenemos un rollo de exhibicionismo en los medios. Los que más nos han rechazado son los activistas, los gays sobre todo; aunque hay una organización con la que trabajamos y que nos incorpora.
– Tampoco tenemos necesidad de ser reconocidos, ni por ellos ni por el gobierno ni por nadie. Pues también en eso consiste la independencia/ Había un velcro por donde estaba tu peluca, ¿no lo viste?/
Salida a escena…
Pues ya lo tienen, esas son las palabras de Alberta Cánada y de Proyecto 21. Luego de encontrar el velcro cerca de la peluca de Paulina y Nadia (tercera protagonista de la agrupación), abren la puerta, bajan las escaleras, salen a la calle, reciben las miradas que despierta su enorme coleta de arcoíris, los colores de la comunidad LGBTTI desfilan en ellas y ante los ojos de los espectadores improvisados. La mañana está por morir y el sol cae a plomo, para usar un lugar común ya muy trillado. Es muy tarde quizá para llegar al Senado, pero nunca es tarde para apoyar a la marcha por la diversidad que se agrupa en torno a la columna del Ángel de la Independencia del Paseo de la Reforma. Y la troupe va…

