José Arturo García / @SoyArturito
(28 de agosto, 2013).- Roger Cobra, como prefiere que le digan, ya sabe lo que vestirá este miércoles 28 de agosto, fecha en que se cumplen tres años desde que la aerolínea Mexicana de Aviación dejó de volar. Y se prueba las prendas: un saco azul, con una corbata verde colocada a prisas; debajo lleva una camisa -amarilla por el tiempo- y rayada con frases referentes a su lucha. Ése era su uniforme.

Después, Roger envuelve un papel en forma de megáfono y repite un par de frases que gritará en las instalaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). “Bueno, que vamos gritar -aclara el plural-. No importa que seamos cuatro o treinta personas, vamos a hacerlo con el corazón. Vamos a hacer ruido”, detalla este hombre de 54 años, perteneciente al grupo de los cuatro jubilados de Mexicana de Aviación que continúan en lucha tras la “quiebra” de la aerolínea, notificada en 2010.
Rogelio Martínez es Roger Cobra. Lleva puestos sus lentes y en la cintura una cangurera negra. Habla sereno y rápido y de forma alegre. Les da ánimos a sus compañeras Cecilia Bertrán, Lorena Ayala y Dulce Mejía. Ellos cuatro son los últimos trabajadores jubilados que habitan el espacio de Mexicana de Aviación, ubicado en la puerta 3 de la terminal 1 del Aeropuerto capitalino.
“¿Por qué estamos aquí [viviendo en el AICM]?”, suelta la pregunta él mismo después de fumar un cigarro en el exterior. “Te voy a responder: porque me dediqué a trabajar toda mi vida, por eso estoy aquí. Para que se hagan valer nuestros derechos como jubilados”, libera de camino al espacio que apropió como su casa. “Aunque es una zona federal, todo esto pertenece a Mexicana de Aviación. Mexicana de Aviación sigue viva. Por eso tomamos los mostradores y no venimos a vivir aquí”.
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Primero, dos mujeres y un señor se detienen frente al medio centenar de mantas y cartulinas extendidas a lo largo del espacio perteneciente a la aerolínea, donde antes se veían pasajeros formados por un boleto de avión. Una de las mantas dice: “Mujeres, sobrecargos jubilados, pilares de familia, despojados de nuestra pensión. Mexicana de Aviación está secuestrada por criminales de cuello blanco. ¡Justicia EPN [Enrique Peña Nieto]!”.
En otra se lee: “Los sobrecargos jubilados exigimos solución al fraude de Aviación. Rescatemos nuestros cielos de esta bola de rateros”. Una más: “Estamos dispuestos a dar la vida por Mexicana. Señor Peña Nieto, cumpla sus promesas de campaña”.

Y es que el 12 de abril del 2012, durante su campaña presidencial por el estado de Querétaro, Enrique Peña Nieto dijo que era necesario el rescate de la aerolínea “porque sería grave que por ineficiencias la aerolínea dejara de operar”, por lo que se comprometió en apoyar a la aerolínea para la reanudación de sus operaciones. “Se trata de una empresa de gran tradición dentro de la aviación comercial de nuestro país”, reiteró.
Cecilia Bertrán hace una pausa para explicar su actual situación: “Si la Secretaría de Gobernación ya aceptó que tenemos la razón [desde el 29 de marzo, día en que se reunieron con el titular de la dependencia, Miguel Ángel Osorio Chong] y aún así no nos cumplen, ¡ya no sabemos a qué organismo podemos acudir para que nuestros derechos sean respetados!”.
“Quieren calmarnos y darnos esperanzas. Lo que quieren es deshacerse del pasivo laboral y retomar Mexicana cuando ya no estén los ‘trabajadores molestos'”, reitera Cecilia. “Yo sólo espero que el gobierno no esté coludido y avalando el fraude. Queremos pensar que van a proteger nuestros derechos como jubilados, porque ya a nuestra edad ya no tenemos acceso a un trabajo”.
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-¿Cómo es un día normal? -le pregunto a Roger, quien hojea entre sus manos el libro La historia de la aviación en México, escrito por Salvador Novo.
-Tratamos que no seamos invisibles, más en un lugar como el Aeropuerto, donde pueden ver esto en vivo y a todo color. Siempre tenemos la convicción y la dignidad de seguir adelante, de estar con la frente en alto. Aquí siempre hay alguien que voltea a vernos o a leer las mantas: ya sean pasajeros o trabajadores. Lo que nos molesta es que la televisión no nos cubre.

En ese momento, Roger Cobra señala la impresión en granformato de la nota publicada este martes por el diario Reforma en la primera plana de su sección Negocios. Pero Cecilia acota: “El Reforma la hizo porque se cumplen tres años [desde que Mexicana de Aviación dejó de volar]”. Y recuerda: “Una vez un reportero de la agencia Reuters dijo ‘¡Ah!, a ellos ya los entrevisté varias veces’ y así es como nos dejan de tomar en cuenta. Estamos siendo invisibles para los medios. Pero aquí estamos siempre”.
-¿Y qué les dice la gente? ¿Cuál es la frase de apoyo que recuerdan?
-Una pasajera nos dijo una vez: ‘Ninguna gente bien nacida puede estar de acuerdo con lo que les hicieron a ustedes y a México’ -recuerda Cecilia, sentada en su silla, mientras coloca el periódico La Jornada a un costado.
-¿Llora? -le pregunto a esta mujer de fuerte carácter.
-Sí, algunas veces. Por dos cosas: por impotencia y por ese tipo de comentarios, cuando sentimos que son de corazón. Somos muy emotivos.
-¿Cómo han sido estos tres años de lucha?
-Para mí han sido muy difíciles. En 2010 vivía en Veracruz y en ese momento se me hundió mi casa por el huracán Karl. Ahora comparto un departamento con varios compañeros y trabajo de extra [en programas] para poder sobrevivir.
-¿Y qué hace para pasar el tiempo?
-Salimos a gritar y a platicar con la gente. También trato de leer. Acabo de terminar un libro que me trajo una compañera sobre una violación de un niño afgano que no me gustó [ríe por primera vez]. Leo lo que cae en mis manos, hasta un libro sobre la inquisición estoy leyendo ahorita. Luego voy a un internet para estar publicando cosas en Facebook sobre lo que vivimos
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Lorena Ayala llega al espacio de Mexicana de Aviación después de salir a comer. No quiere hablar, pero permite tomarle fotografías. Se sienta alrededor de la mesa para los cuatro trabajadores jubilados. Pone su bolsa sobre la mesa y saca una tela negra. La extiende y le da forma. Es un moño. Lo colocará este miércoles para recordar lo ocurrido aquel sábado 28 de agosto del 2010.

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“Luego nos preguntan cuándo nos vamos a mover de aquí -continúa Roger-. Yo les digo que seguiremos hasta el final. Allá afuera pusimos un muñeco sin cabeza, eso quiere decir: ¡o nos pagan o nos sacarán muertos de aquí porque nos degollaremos! Suena exagerado pero es la verdad. El meollo es que no nos tienen que robar por el tiempo que ya trabajamos”.
La conversación continúa bajo el silencio imperante en Mexicana de Aviación. Del otro lado de las carpas, pasajeros y turistas se detienen para leer las mantas. Adentro, Lorena continúa bordando el moño color negro y Cecilia y Rogelio compartiendo experiencias, como la frase que un día leyó este hombre quien, para vivir, ha tenido que repartir volantes de pizzas y realizado trabajos de tintorería desde el cierre de la aerolínea provocado por los manejos del ex dueño Gastón Azcárraga.
“Nunca fui tan afecto al Che Guevara pero esta frase es de él -finaliza Roger Cobra: ‘No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo hacia los trabajadores, entonces, somos compañeros, que es lo más importante'”.



