En la actualidad, que un funcionario público sea del tipo que sea, pretenda decidir con tan solo levantar el teléfono, a quién ordenar, gritar, intimidar y censurar debería considerarse ya una vulneración de los derechos fundamentales del individuo.
En medio de un ambiente hostil y complejo para los periodistas en este país, resulta difícil defender nuestra decisión de ser libres al ejercer el periodismo, sin ser calificado de “calumnioso” “mentiroso” o sin vernos convertidos en “nada profesionales”.
Sin embargo, es precisamente el afrontar con dignidad y sin claudicar dichas acusaciones lo que nos hace plenamente libres y en este sentido muchos querrán atarnos de manos, suturar nuestros labios y acallar nuestra pluma, no obstante la resistencia que mantengamos ante los embates será lo que contribuya a que preservemos la libertad de prensa.
Para esta casa editorial, dichos preceptos marcan nuestro andar periodístico y nuestra responsabilidad con el público lector. Nunca Revolución TRESPUNTOCERO estará arrodillado frente a ningún poder de ninguna índole, nuestro periodismo, el cual es profundamente humano, se hace de frente, visibilizando a las víctimas de los distintos actores del Estado, víctimas y familias a quienes intentamos regresar la poca dignidad que les puede quedar después de haber sido pisoteados, masacrados, exhibidos por el gobierno.
Es por ello que, en un ejercicio de profunda reflexión, instamos a nuestros lectores, a la opinión pública e incluso a nuestros detractores a realizar un juicio abierto, no sin antes puntualizar que nosotros no tenemos ni el poder ni el dinero ni las instituciones para levantar nuestra voz o extender la mano para señalar qué nos es incómodo y así intentar pisotearlo.
En 2016, como todos los días recibimos decenas de denuncias, de las cuales varias de éstas fueron anónimas, por la protección a su vida y a sus puestos de trabajo, ya que en algunos casos los denunciantes plantearon problemáticas dentro de sus centros laborales.
Dentro de todas estas denuncias, una de las constantes fue la acusación hacia el Director de Comunicación social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Carlos Avilés Allende. Los detalles siempre se enfocaron en problemas de maltrato hacia mujeres y acoso sexual.
Por lo que decidimos profundizar en el hecho y contactar con quienes habían planteado el caso, pero por temor se negaron a mantener una entrevista o profundizar en los testimonios. Así que firmes a mantener un impecable rigor periodístico, sin mayores datos de soporte preferimos abandonar la idea de publicación.
Lo cual está demostrado en nuestro archivo 2016, en donde no aparece ninguna nota sobre acoso sexual que tenga que ver con el mencionado Carlos Avilés. Sin embargo, para mediados de noviembre pasado volvimos a recibir otra denuncia y esta vez con nombre y apellido de la persona afectada, una mujer que acusó a el Director de Comunicación de la SCJN de acoso sexual. Coincidiendo con las denuncias del año pasado.
Tras un rastreo exhaustivo, entre otros datos encontramos que en otros portales de noticias, también se acusaba a Carlos Avilés de distintos actos perjudiciales, e incluso habían señalamientos concretos de personajes, que llegaron a aportar mayor número de datos y especificaciones, sobre el proceder, a decir por ellos, del director de comunicación.
Preciso es destacar que Revolución TRESPUNTOCERO, realiza un periodismo que evidencia los daños y abusos de las fuerzas del Estado (Ejército, Marina y policías), basado en testimonios, videos, documentos exclusivos, entre otro tipo de información. Sin embargo las denuncias diarias, siempre y cuando cumplieran con elementos de soporte, tenían que ser dadas a conocer. Bajo este propósito se construyó la sección de Los Corruptibles, un espacio de denuncia.
Donde con bases solidas, se evidencian casos de abuso, maltrato y violencia en contra de otras víctimas, así es como además de dar a conocer casos de tortura, de trata, de desapariciones y ejecuciones, el medio también documenta, visibiliza y acompaña estos testimonios directos, gracias a las víctimas que confían en nosotros a nivel nacional.
Hay que entender que Los Corruptibles está creado con el propósito de denunciar abusos y/o corrupciones de personajes públicos, mientras que nuestras notas de investigación, incluyen o se basan en testimonios o estudios con informes exclusivos que citan datos de organizaciones de Derechos Humanos, incluso internacionales, Los Corruptibles es un escaparate donde la sociedad es el elemento significativo de la noticia.
No publicamos todo lo que llega a nuestras manos, lo cual se observa en el número de notas que existen dentro de la sección, porque solamente sacamos a la luz pública información perfectamente sustentada; cabe reiterar que el caso de Carlos Avilés pudimos publicarlo desde el año pasado, pero ninguna de las víctimas quiso hablar, por lo que no era responsable para nosotros darlo a conocer.
Pero este año una víctima quiso denunciar y con mucha pena, porque cuando una persona es acosada sexualmente tiene no solamente el sufrimiento de haber padecido el acoso sino también que si se ventila en los medios la gente la convierta en victimaria y digan que ella también pudo haber ‘provocado’ al agresor.
En este medio, cada vez más hemos denunciado y visibilizado este tipo de testimonios directos. Nunca hemos mentido, cuando hemos tenido errores los hemos rectificado, pero nuestro trabajo de investigación siempre ha sido sumamente cuidadoso, lo anterior a propósito de la carta del señor Carlos donde dice que, ‘es una vergüenza lo que hacemos, teniendo a gente tan prestigiada dentro de nuestro consejo’ y que es inaudito que estemos publicando ‘este tipo de cosas’; pero no es la opinión de alguien que es acusado de acoso, la que nos importa.
Tampoco nos gusta que nos alaben las instituciones ni los que ejercen o mal ejercen el poder desde estas instituciones o ejercen el poder de manera abusiva cuando deben ejercerlo en pos de la sociedad.
En ese sentido nos interesa el reconocimiento de las víctimas quienes sí pueden decir si hacemos o no un buen trabajo. Afortunadamente la voz de esa parte de la sociedad tan vulnerable, nos ha brindado su apoyo y soporte ante cualquier embate, respaldando así una línea editorial mantenida desde 2015, donde hemos evidenciado hechos que en otros medios se conocen hasta 6 meses después, es así como nos han expresado un profundo agradecimiento y empatía.
En Corruptibles, somos el conducto para temáticas de distinta circunstancia. La sección de denuncias es similar a las que mantienen distintos medios y que llaman a este tipo de publicaciones ‘trascendidos’.
Formas de dar a conocer quejas o casos, por medio de columnas en medios hegemónicos, quienes han obtenido información a través de filtraciones donde las fuentes no se citan porque son totalmente protegidas y donde el espacio se presta para hablar y dar testimonio de casos.
Justamente por esta situación es que cuidamos la identidad de la persona, nosotros publicamos el caso porque teníamos el respaldo del testimonio, de lo contrario no lo hubiéremos hecho. La víctima nos habló de distintos temas que suceden dentro de una que no es cualquier institución, es la Suprema Corte de Justicia, es decir, sí hay una acusación contra esta institución, contra alguien que es la voz y la imagen de esa oficina y ha sido reiterativa. En dicho caso, el deber del medio era la publicación, puesto que había una denuncia y un testimonio para sustentarla. Nunca se negó ni se negará el derecho a réplica, es por esto que la carta del señor Carlos Avilés se reprodujo tal cual la envió.
Aunque dentro de su texto se escuda en que no somos un medio digno para que él pueda defenderse de las ‘injurias’ y ‘calumnias’ que nosotros propinamos o publicamos, no es el desprecio al medio lo que tiene principal cabida, sino el presunto abuso hacia una mujer que omite mencionar, centrándose solamente en su persona, sin dedicar una mínima línea a la víctima, que parece ser no importa ni ella ni el sufrimiento perpetrado.
Irónico que Carlos Avilés quien es responsable de la transparencia de la Corte no quiera darnos explicación ante este hecho y tampoco quiera defenderse de esos señalamientos, lo cual abona de manera negativa a su responsabilidad en este rubro.
Sin embargo, la manera en que contactó al medio, fue una de las acciones más graves. Después de conseguir el número del Director General de Revolución TRESPUNTOCERO, lo contactó y sin mediar presentación alguna y tampoco mínimamente un saludo, le aseguró que la nota publicada tendría que bajarse del portal de noticias.
En el entendido que los que hacemos en Corruptibles son denuncias, las cuales jamás son para atacar de manera personal a quien es señalado, se le intentó explicar, pero continuó exigiendo que se bajara la nota.
Después de esto, usó los nombres de dos personas muy respetables a quienes no se exhibirá y dijo que ya había hablado con éstas y que lo apoyaron para que el Director se viera en la necesidad de obedecer y sacar del portal, esa ‘vergüenza de nota’. Mencionó a estos dos integrantes del Consejo Consultivo de Revolución TRESPUNTOCERO, y a nombre de ellos dijo que ambos se avergonzaban de esa noticia y que iban a pedir y exigir que se les quitara del Consejo, es decir por una nota de denuncia de acoso sexual.
El Director tuvo a bien interrumpir para cuestionarle a Carlos Avilés si se daba cuenta de la magnitud de su acción y el tono en que planteaba la idea de exigir bajar una nota, al Director General de un medio de comunicación nacional.
Se le recordó que es el Director de comunicación de la SCJN, el rostro de dicha institución y su proceder no era el de un funcionario de la máxima casa de justicia del país. De quién es vocero entonces, cómo podía Carlos, hablar a nombre de dos personajes con sumo prestigio en la vida nacional.
Cabe señalar que nuestro Director General se dirigió a uno de estos personajes para corroborar las palabras de Carlos, quien de inmediato lo desmintió. Es así como se intentaba perpetrar censura como en los tiempos más vergonzosos, oprobiosos, descarados e impunes del PRI, donde con un telefonazo o una carta, levantando la mano se decía lo que no se podía publicar.
El Director de Comunicación social de la Suprema Corte, exigía eliminar el caso de acoso sexual, el sufrimiento de una víctima, para no afectar su figura de funcionario público.
El mecanismo en todo caso periodístico para llevar acabo las aclaraciones es simple, el que se dice afectado manda una carta (réplica), como en este caso finalmente lo hizo el señor Carlos, quien despotricó contra el medio y sin sustento porque no nos conoce, porque no sabe que las víctimas nos respaldan, por no tiene una idea de la labor que hemos realizado dentro del tema de Derechos Humanos.
En Revolución TRESPUNTOCERO jamás hemos querido convertirnos en las víctimas, repudiamos cuando un periodista es el centro de la noticia en su propio portal, pero esto no tiene que ver con nosotros, tampoco con el Director General Jonathan Pérez I. Tiene que ver con la libertad expresión, donde un director de comunicación le habla a un director de un medio nacional y exige censurar una nota a nombre de miembros del Consejo Consultivo, como si pudiera ejercer también sobre ellos poder para que permitan ser usados.
Es precisamente lo que reprobamos, cuando está de por medio una persona que ha sido presuntamente acosada sexualmente. Nosotros no nos vamos a disculpar con el señor Carlos, él tomará las vías que crea necesarias, las vías que crea oportunas para continuar si es así como quiere llevar acabo esta situación.
Ya que podemos observar que se mantiene alterado, por el nivel del texto de su réplica, es preciso recalcar que cuando alguien es inocente se defiende sobre eso, sin embargo en su comunicado se lee a alguien desesperado que prefiere omitir el tema por el cual se origina el documento.
En Revolución TRESPUNTOCERO nos mantenemos firmes a nuestros principios y afirmamos que nunca más un funcionario público de cualquier nivel tendrá el derecho de hablarle a un periodista para exigirle que se censure una publicación.
Mucho menos de usar nombres de prestigiados personajes públicos, como lo hizo Carlos Avilés sin importar las carreras intachables, con tal de obtener un fin: que no se conociera más una denuncia de acoso sexual en su contra.
Reiteramos, sírvase a la opinión pública, a nuestros lectores, a nuestros detractores a hacer un juicio abierto de esta lamentable situación porque al final, nosotros no tenemos ni el poder ni el dinero ni las instituciones, solamente nuestra pluma.


