- Existen por lo menos 76 bases militares norteamericanas ubicadas en América Latina y el Caribe
- Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Paraguay y Perú son algunas de las 27 naciones cuya soberanía territorial permanece sometida
- Controlar los recursos naturales y reprimir la protesta social, sus principales objetivos
Erick Ampersand / @AmpersandLitera
(26 de noviembre, 2014).- América Latina en la geopolítica del imperialismo es el libro más reciente del sociólogo argentino, Atilio Boron. En él examina el ocaso de los Estados Unidos como potencia mundial y propone las posibles consecuencias de esto para América Latina. El investigador prevé una mayor intromisión militar sobre la población civil, incluida la norteamericana, algo que resultó notorio durante las protestas de agosto en Ferguson, Missouri[1]: “(E)n su fase de descomposición, los imperios se tornan mucho más agresivos y sanguinarios que durante sus periodos de ascenso y consolidación.” (p.14)
Editado originalmente en Buenos Aires, Argentina por Ediciones Luxemburg, este libro recibió en 2012 el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, por parte del gobierno venezolano. En 2014 la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, se encargó de imprimirlo en nuestro país. Lamentablemente con un tiraje de sólo 500 ejemplares, algo inaceptable para una obra de tal relevancia.
Durante su conferencia en la Universidad de Montevideo, en marzo de 2010, el presiente Rafael Correa de Ecuador aseguró que “(E)sta no es sólo una época de cambios, [sino que] vivimos un verdadero cambio de época”. Dicha transformación estructural es analizada por el investigador argentino desde dos ejes: los problemas internos de EE. UU., y los aciertos en las economías emergentes, principalmente las asiáticas: “China posee el 43% de los insumos minerales estratégicos para la industria estadounidense. En el año 2030, China e India controlarán el 39% del PIB mundial.”
Boron secunda la teoría de Zbigniew Brzezinski quien propuso cinco factores que llevaron a la fragmentación de la U.R.S.S. y que conducen a los EE.UU. en la misma dirección: 1) Burocracia gubernamental incapaz de corregir su curso, 2) Gasto militar desproporcionado, 3) Lenta innovación tecnológica, 4) Brecha excesiva entre los muy ricos -poseedores- y los muy pobres -desposeídos-, además del 5) Desplazamiento paulatino en la toma de decisiones a nivel internacional.
Para el argentino no es ninguna casualidad que los Estados Unidos tengan, al mismo tiempo, el mayor presupuesto militar del mundo y la mayor deuda pública en toda su historia: “Cálculos muy precisos publicados por el periódico digital TomDispatch concluyen que, al día de hoy, Estados Unidos posee más de mil bases militares en más de 130 países del globo, y que su presupuesto anual en gastos militares ha superado por primera vez, con la aprobación del premio Nobel de la Paz, Barack Obama, la barrera del billón de dólares (un millón de millones de dólares).” (p.73) “En 1992, el presupuesto militar de la superpotencia equivalía al de los 12 países que le seguían en la carrera armamentista; […] en 2003 […] ya era equivalente al de los 21 países que le seguían en ese rubro […] Para el año 2010 ya fue superior a la totalidad del gasto militar de todos los países del planeta” (p. 113)
Esta vorágine militarista pone en peligro la vida de millones de personas en el mundo. Las reservas de agua y petróleo estarían en la mira, en especial las ubicados en la región latinoamericana: “Tomemos en cuenta que en América Latina se concentra el 45 por ciento de toda el agua dulce y que en esta zona sólo habita el 7% de la población” —mencionó el autor durante la presentación del libro en la Ciudad de México. Por si fuera poco, la economía norteamericana depende casi es su totalidad de otros minerales abundantes en el cono Sur: “estroncio (93%); litio (66%); fluorita (61%); plata (59%); renio (56%); estaño (54%) y platino (44%)”, según expone Mónica Bruckmann en su análisis. (p.147)
El investigador considera que la intervención armada sobre América Latina y el Caribe es una posibilidad latente en las próximas décadas. Diversos documentos elaborados por la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado anticipan un escenario internacional adverso para los Estados Unidos a partir de 2020. Boron destaca la importancia de la National Defense Strategy de 2008, cuya elaboración estuvo a cargo del Pentágono, y la cual divide a los actores mundiales en cinco grupos: Amigos, Aliados, Competidores, Adversarios y Enemigos, dependiendo del grado de sumisión ante las decisiones del ex-imperio. En un documento relacionado, la National Security Strategy, se recomienda a dirigentes conacionales: “(U)sar la fuerza militar donde sea efectiva; la diplomacia, cuando lo anterior no sea posible; y el apoyo local y multilateral, cuando sea útil”.
América Latina en la geopolítica del imperialismo subraya la relación directa de EE. UU. con los mandos militares y, eventualmente, con los presidentes y legisladores de ciertas naciones: “No es un dato menor el hecho de que la movilización de la Cuarta Flota se produjo sin que mediara una comunicación oficial de Washington a los jefes de Estado de América Latina y el Caribe. Quienes recibieron la noticia fueron los jefes de los Estados Mayores de las fuerzas armadas de nuestros países quienes luego, a su vez, informaron sobre el asunto a los presidentes y los Congresos de la región.” (p.119) —continúa Boron—“(S)erá preciso que los gobiernos democráticos y los movimientos populares de la región sean conscientes de cuáles son los objetivos estratégicos de Estados Unidos en la coyuntura actual: primero, destruir a la Revolución Bolivariana y acabar con su gobierno apelando a cualquier recurso, como se hizo en Ucrania y como se está intentando hacer en Venezuela en estos días; segundo, garantizar el control excluyente de la Amazonía.” (p. 26)
A mediados de 2008, el presidente Lula da Silva de Brasil anunció el descubrimiento de una enorme reserva petrolífera en el litoral paulista. Días después, la Cuarta Flota norteamericana reactivó sus actividades. Ningún analista internacional consideró esto como una simple coincidencia. Por décadas la Cuarta Flota permaneció en relativo sigilo, absteniéndose de realizar aparatosas maniobras. Ni siquiera se activó en 1962 cuando la llamada ‘Crisis de los Misiles’ estuvo por desatar una guerra nuclear, o en 1982, cuando la Guerra de las Malvinas enfrentó al Reino Unido contra la Argentina. Por muy diversas razones, Brasil representa un territorio crucial no sólo para los intereses del gran capital, sino para la supervivencia de múltiples especies en el globo, incluida la nuestra. El control restrictivo sobre la Amazonía equivale a una catástrofe biológica y social nunca antes vista.
México es, en términos prácticos, una protocolonia estadounidense a partir de la Alianza para la seguridad y la prosperidad para América del Norte, ASPAN : “El ASPAN es un pacto establecido en 2005 a instancias de Estados Unidos […] que consagra una extraordinaria expansión de las fronteras estadounidenses, que ya no se localizan en los límites territoriales de Estados Unidos con Canadá y con México respectivamente […] se localizan en el sur, a pocos cientos de kilómetros al norte de la Ciudad de México, con las fuerzas militares y policiales mexicanas puestas al servicio de la ‘seguridad nacional’ de los Estados Unidos […] En términos prácticos, con el ASPAN la jurisdicción de las fuerzas armadas estadounidenses, así como la de algunas de sus agencias federales -la CIA, la DEA y el FBI, entre otras-, penetra profundamente dentro de los territorios de México y, hacia el norte, Canadá, recortando significativamente la soberanía de los países linderos de los Estados Unidos.” (Pp. 219-220)
Después del acuífero de la Amazonía, el segundo más importante en el continente es el de Chiapas, México. En esta localidad además existen importantes yacimientos minerales y de petróleo, por obviar la riqueza en fauna y flora. Dos instalaciones militares norteamericanas, Jiquipilas y Chicomuselo, también se concentran allí. Existe una tercera, en el estado de Puebla —Las Encinas— que funcionaba como reserva ecológica hasta que la convirtieron en una estructura militar. Otras instalaciones diseñadas para funcionar como bastión y centro de operaciones en un conflicto armado son las embajadas. En la zona conocida como ‘Nuevo Polanco’, en la Ciudad de México, se construye la próxima embajada de EE. UU. con una superficie de seis hectáreas, lo que la convertirá en una de las más grandes nivel mundial. El primer lugar sigue siendo, para tener un referente, la erigida en Irak tras la invasión, con un terreno similar en tamaño al del Estado Vaticano.
Según reportes del periodista Devlin Barrett publicados por The Wall Street Journal, en la actualidad operan en México oficiales de diversas agencias norteamericanas disfrazados como elementos de la Armada y la Marina mexicanas[2]. Barrett agrega que sus fuentes admiten que ambos gobiernos conocen y aprueban en privado estas acciones, más allá de todo discurso. Pero no sólo agentes cruzan la frontera norteamericana de manera clandestina, también lo hacen miles de armas de fuego cada año. El senador Alejandro Encinas, presidente de la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional, aseguró que cada día ingresan a México 2 mil armas de manera ilegal. Estas dos vías de invasión armada clandestina son más notorias en la frontera Norte, especialmente en la ‘Cuenca de Burgos’, uno de los lugares con más gas shale en el mundo —México ocupa el cuarto lugar global—, azotada por desapariciones forzadas, asesinatos selectivos realizados por criminales en alianza con las fuerzas del Estado, en una lógica que refleja la política del miedo para acumular por despojo. Esta desgentrificación criminal para adueñarse de los recursos naturales podría ser el antecedente para el resto del país. Dice Boron en la página 225 de esta obra:
Según la investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, la idea subyacente a la instalación de bases militares -o la autorización para usar las existentes en la región- es la de crear ‘capas envolventes’ con capacidad de controlar el acceso y los modos de uso y de explotación de los territorios y, a la vez, neutralizar las iniciativas que pudieran impulsar los movimientos sociales y fuerzas políticas opuestas a las políticas de ‘desposesión’ promovidas por el capital.
La organización y participación activa de la sociedad son los únicos elementos que podría parar dichas amenazas. La prensa comprometida con la verdad y las causas sociales necesita prepararse para enfrentar a gobiernos que utilizarán prácticas militares para mermar su labor. Ralph Peters, teniente coronel retirado del ejército norteamericano y columnista del New York Post, publicó en 2009: “aunque ahora pueda parecer impensable, las guerras futuras podrían requerir censura de prensa y, en caso extremo, ataques militares a la prensa partisana” (p. 279)
Atilio Alberto Boron (Buenos Aires, Argentina: 1943) es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard y uno de los siete acreedores del Premio José Martí, otorgado en Cuba por la UNESCO. Profesor de Teoría Política y Social en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es también un destacado columnista, conferencista y autor de textos como Socialismo en el siglo XXI ¿Hay vida después del neoliberalismo? (2008), Consolidando la explotación. La academia y el Banco Mundial contra el pensamiento crítico (2008), Aristóteles en Macondo. Notas sobre el fetichsimo democrático en América Latina (2009), entre otros.
Antes de abandonar la sala de conferencias, me acerco al autor y conversamos un poco. Le pregunto, entre otras cosas, cómo se siente saber que su alma mater acepta a personajes como Felipe Calderón Hinojosa. Pone su mano sobre mi hombro y dice:
—Me gusta pensar que en realidad, yo soy un producto fallido de Harvard.
* Este artículo fue escrito por Erick Ampersand para el sitio Revolución 3.0 Antes de reproducirlo por cualquier otro formato o medio, por favor, contacte con su autor vía correo electrónico en: erick.ampersand@gmail.com o bien, a través de Twitter: @AmpersandLitera


