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El cartón: Un género informativo, crítico y humorístico que denuncia a los poderosos

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Alejandro Melgoza Rocha / @Giornalista3_0

La corrupción, la injusticia y el abuso de los poderes motivaron el surgimiento del periodismo gráfico, mejor conocido como el cartón, cuyo objetivo fue criticar ferozmente a las clases políticas; en entrevista con Hashtag, diversos cartonistas apuntan que esto no ha cambiado, pues éste continúa poniendo en relieve los actos ventajistas del gobierno, el clero, el ejército, los caciques, y ahora hasta los medios de comunicación 

(18 de julio, 2014).- En el patio central del recinto están sentados frente a una mesa raída los caricaturistas Luis Xavier Sáenz de Miera ­—sobrino de Antonio Sáenz de Miera, fundador del Club de Periodistas A.C­—  y José Luis Romero, quienes mantienen su vista en el papel en tanto sus manos hacen danzar el grafito o el estilógrafo que sostienen. El primero de ellos dibuja a un padre e hijo en situación de calle y el segundo al ex gobernador de Tabasco, Andrés Granier Melo, vestido de carcelero dentro de una celda.

Y así como tiempo atrás los mexicanos José María Villasana en El Ahuizote, Daniel Cabrera “Figaro” en El Hijo del Ahuizote o José Guadalupe Posada retrataban la podredumbre durante las administraciones de Porfirio Díaz y Antonio López de Santa Ana, de ese mismo modo y desde aquella trinchera otrora Real Colegio de Cristo (1612), Romero y Sáenz preparan cartones políticos cuya impresión saldrá al día siguiente en el Diario Imagen.

De acuerdo con Sáenz y Romero, el nacimiento del cartón opositor se debió a que en la estructura política de México imperaba la “monarquía, el centralismo y el federalismo”, además del carecimiento de la libertad de expresión con la salvedad de Benito Juárez, quien dio un hálito de descanso a los caricaturistas en ese lapso.

Como lo señala Carlos Monsiváis en la reseña de la exposición del museo: “Surge entre la prensa la caricatura, utilizada para criticar ferozmente los excesos de políticos, caciques y dictadores”.

—¿La caricatura de oposición fue y es relevante en la dinámica informativa? ­—se le pregunta a Romero mientras realiza las gafas de Granier.

—Por supuesto que la caricatura jugó un papel muy importante dentro de lo que es la política, incluso la mayoría de los políticos cuando reciben sus noticias del día, casi siempre lo que ven primero es la caricatura, porque la caricatura es un medidor de la presión, de la situación en la que estamos hoy en día. Entonces, la caricatura juega una parte fundamental dentro de la política.

Y agrega Sáenz: “En todo lo que tú veas hay política. La caricatura de nosotros es enteramente política porque es caricatura editorial que está basada en las noticias que ocurren no solamente en México sino en todo el mundo, es un género periodístico, está dentro de los géneros del periodismo”.

Conforme a las investigaciones del gremio cartonista, su historia se ha dividido en cuatro etapas: La caricatura en el México independiente (1826-1876); La sátira en el Porfiriato (1876-1911); La caricatura de la Revolución, el caudillismo y el maximato (1911-1934); y La crítica humorística por sexenios (1934- actual).

“Cuando me preguntan el origen de la caricatura o el cartón, aquí hay una caricatura que se le considera la más antigua, que es una de Claudio Linnati y se llama Tiranía, que se publicó en 1826 (…) Sin embargo, creo que la caricatura tiene una historia desde el inicio de la humanidad”, comenta Saénz, quien hace un año fue galardonado con el primer lugar en la categoría de Caricatura Financiera por el Colegio de Economistas.

En ese sentido, el investigador Agustín Sánchez González, afirmó en el ensayo La caricatura: una historia en serio que el género de periodismo gráfico arrancó en 1826 en el periódico El Iris con un cartón titulado Tiranía cuyo autor es el italiano Claudio Linnati y es considerada “la primera caricatura en el país”.

Respecto al surgimiento de publicaciones como Tiranía en 1826, José Luis Romero, cuyo oficio lo ha desenvuelto durante 26 años ­ —la mayoría de ellos en el Excélsior antes de pertenecerle a Olegario Vázquez Raña en 2006— comenta que “la caricatura nace como una necesidad de crítica, de análisis, de los acontecimientos que se ven a diario en cualquier parte del mundo. Históricamente podemos pensar que una de las primeras herramientas que existieron de comunicación fue la del dibujo”. Y añade: “Se quería expresar cierta crítica, enojo… fue una necesidad que surgió por la misma obviedad de los acontecimientos injustos en México”.

No sólo ello, este género periodístico, de acuerdo con los cartonistas entrevistados por Hashtag, pasó a generar un “contrapeso” en la democracia, puesto que informaba con un toque “gráfico” y “humorístico”; tal como lo escribió Rafael Barajas “El Fisgón” en el libro La historia de un país en caricatura: “Desde sus inicios, la caricatura se convierte en uno de los ejes del debate político en México”.

Algunas de las publicaciones destacadas en el siglo XIX fueron La Calavera (1847), El Tío Nonilla (1849-51), El Gallo Pitagórico (1845) y La Pata de Cabra (1856).

Posteriormente vinieron los dotes moneros de Constantino Escalante, Santiago Hernández, Alejandro Casarín, Jesús T. Alamilla y José María Villasana en los años 60 y 70 con los periódicos La Orquesta, El Cascabel, Juan Diego, San Baltasar, El Padre Cobos y El Palo de Ciego.

Así como El Catrínda y el Quixote (1879), La Potra Festiva (1879), El Hijo del Ahuizote (1885), El Ahuizote Jacobino (1904), El Colmillo Público (1903), Gis Blas Cómico (1895) y el Diablito Rojo (1906).

Para Christian Salcedo, lector aficionado y coleccionista de cartones desde hace más de dos décadas, las publicaciones como “El Ahuizote o el Hijo del Ahuizote” fueron una respuesta en contra de “la ausencia de partidos políticos y la acumulación de riquezas por un mínimo grupo” y “la concentración de los poderes en el Ejecutivo”, pues según dice, el pueblo ya no podía “seguir ignorando más la miseria y la sed de justicia”.

Pero la respuesta del gobierno fue inmediata y tajante: incautaciones de las imprentas, encarcelamiento de los autores de la publicación, escasa libertad de imprenta donde el clero, el ejército y el presidente eran intocables. Incluso, en Tiempo de Saber (2003) de Carlos Monsiváis y Julio Scherer se documentó el asesinato de investigadores o periodistas, específicamente en Veracruz con el gobernador Mier y Terán. De allí la famosa frase de Díaz “Censúralos en caliente”, la cual, a la postre se tornó en “Mátalos en caliente”.

“Había muy poca tolerancia ante la crítica (…) Los caricaturistas de ese tiempo pues ahora sí que eran críticos en serio, y de hecho no había tanto periódico así como lo conocemos como ahorita. La gente hacía sus grabaditos, los imprimían y lo sacaban en panfletos o gacetillas que de repente salían y de repente los quitaban. Hubo muchos compañeros de ese tiempo que fueron incluso perseguidos.

 “Hay una anécdota de uno de ellos que le tiraba fuertísimo a Maximiliano, entonces llegó la guardia imperial por él y lo llevaron a las crujías de San Juan de Ulúa. Sí había mucha persecución a la crítica y al caricaturista político”, narra el caricaturista Alfonso Orvañanos.

La investigadora María Esther Acevedo apunta en su libro La Caricatura política en México en el siglo XIX, que la única excepción fue con Benito Juárez “por respetar la libertad de expresión”, lo cual dio impulso al nacimiento del periódico La Orquesta (1861-1877) y “los caricaturistas Constantino Escalante, Santiago Hernández, Alejandro Cesarín, Jesús T. Alamilla y José María Villasana pudieron firmar”.

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